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lunes, 28 de agosto de 2000

UN CAMINO DIFÍCIL

EVANGELIO DEL DOMINGO 28 DE AGOSTO DEL 2011
Mateo 16, 21-27
Jesús comenzó a anunciar a sus discípulos que debía ir a Jerusalén, y sufrir mucho de parte de los ancianos, de los sumos sacerdotes y de los escribas; que debía ser condenado a muerte y resucitar al tercer día. Pedro lo llevó aparte y comenzó a reprenderlo, diciendo: "Dios no lo permita, Señor, eso no sucederá". Pero él, dándose vuelta, dijo a Pedro: "¡Retírate, ve detrás de mí, Satanás! Tú eres para mí un obstáculo, porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres". Entonces Jesús dijo a sus discípulos: "El que quiera seguirme, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; y el que pierda su vida a causa de mí, la encontrará. ¿De qué le servirá al hombre ganar el mundo entero si pierde su vida? ¿Y qué podrá dar el hombre a cambio de su vida? Porque el Hijo del hombre vendrá en la gloria de su Padre, rodeado de sus ángeles, y entonces pagará a cada uno de acuerdo con sus obras".
 
UN CAMINO DIFÍCIL
Este trozo del Evangelio según San Mateo nos relata un incidente sucedido en el momento que Jesús anunció por primera vez a los discípulos que el viaje hacia Jerusalén debía culminar con la pasión, la muerte y la resurrección. Hasta ese momento eran muchos los que seguían a Jesús, y cada día aumentaba el número de los discípulos. No era para menos: el Señor anunciaba que el Reino de los Cielos estaba por manifestarse, hacia milagros, trataba con amor a todos, incluso a los más pecadores y se rodeaba de todos los pobres y menospreciados. Algunos lo seguían por razones políticas: entendían que el Reino que anunciaba Jesús era un nuevo gobierno que desplazaría a los romanos, que en ese momento eran invasores de Judea y mantenían oprimido al pueblo. Los que se consideraban discípulos de Jesús por este motivo estaban dispuestos a formar un ejército o a apoyar un golpe violento para poder expulsar a los odiados romanos. Entre éstos que seguían a Jesús esperando el cambio de gobierno, no faltaban los que alimentaban la esperanza de conseguir un puesto de honor y de importancia en el reino que se iba a manifestar cuando Jesús triunfara.

Los que lo seguían por los milagros venían atraídos por lo maravilloso, deseosos de ver cada día algo nuevo. Aunque no faltaban los que habían sido favorecidos por alguna curación realizada por Jesús, y venían movidos por una sincera gratitud. No se puede decir que todos los que acompañaban a Jesús estaban motivados por razones equivocadas.
Había muchos que comprendían o por lo menos entreveían la verdad y entonces eran discípulos auténticos. Estos eran los que "tenían alma de pobres", y ansiaban con todas sus fuerzas la llegada del día en que Dios fuera el único Rey. Eran los que deseaban cumplir con la voluntad de Dios, al mismo tiempo que rogaban para que siempre y en todas partes los hombres obraran de acuerdo con los planes de Dios. Entre los doce elegidos por Jesús para que sean sus apóstoles, también había algunos que no habían entendido bien. El Señor tuvo que dedicar largo tiempo para instruirlos y hacerles comprender cuál era el sentido de su misión, y aún así hubo uno que no comprendió bien y lo traicionó.

 UN ANUNCIO INESPERADO
Tenemos que ubicar la escena que nos narra el Evangelio dentro del período de tiempo que Jesús ocupó en la instrucción de los doce apóstoles, retirado de las multitudes. Después de un primer momento en el que el Señor ha recorrido la Galilea predicando, actuando y haciendo milagros para que todos sepan quién era El y para que había venido, llevó aparte a los doce y les comunicó su plan, es decir cuáles serian los próximos pasos que iba a dar: era necesario ir a Jerusalén, porque allí le esperaba el sufrimiento y la muerte. Algunos, entre los discípulos, habrán pensado que no habían oído bien. Las palabras de Jesús les parecerían opuestas a todas sus esperanzas. ¿No se había dicho que venía un reino? ¿Y cómo iba a llegar ese reino si Jesús, en lugar de hacerse coronar rey, hablaba de ser condenado a muerte? Para ellos este anuncio era realmente incomprensible.
EL ENTUSIASMO DE SAN PEDRO
 El Evangelio nos dice que Pedro reaccionó ante las palabras de Jesús. La reacción del apóstol estuvo de acuerdo con su carácter entusiasta. Amaba tanto a Jesús que no pudo oír hablar de sufrimientos y de muerte del Maestro. El entusiasmo le hizo perder la noción de lo que estaba haciendo, en tal grade que hasta se olvidó de quién era y se sintió por encima del mismo Jesús. Inmediatamente comenzó a reprender a Jesús por lo que había dicho. Con tal de ahorrarle los dolores al Señor, se colocó como si el fuera el maestro y Jesús el discípulo.
Pedro, sin saberlo, se estaba poniendo en el lugar del tentador. Sus palabras, dictadas tal vez por un auténtico amor y por su gran entusiasmo, representaban una tentación para Jesús, porque eran una forma de querer apartarlo del cumplimiento del plan que le había ordenado el Padre. Dios había querido que, para la redención de los hombres, Jesús instaurara el Reino y no se volviera atrás por las dificultades que le presentaran los hombres. Él debía cumplir la voluntad del padre aunque en su camino se encontrara con la cruz. Pedro quería que el Señor no cumpliera con la voluntad de su Padre. y por esa razón Jesús trató tan duramente a Pedro, llamándolo Satanás. Jesús rechazó la tentación que le proponía Pedro con las mismas palabras que dijo a Satanás en la escena de las tentaciones.

Con esto, el Evangelio relaciona los dos momentos: el Tentador, que en el desierto le ofreció a Jesús los reinos de la tierra con toda su gloria, representaba a aquellos que, como Pedro, quisieron apartar a Jesús del camino por el que debía salvar a la humanidad. Con la orden de que se coloque detrás de Jesús, el Señor indica a Pedro que tome el lugar de discípulo y no se ponga como maestro. El discípulo es el que "viene detrás", el que "sigue" al maestro. Jesús le dice que Pedro es un 'obstáculo'. La palabra griega usada por el evangelista (escándalon) se puede traducir como "piedra de tropiezo". Pedro es como una piedra que se pone en el camino de Jesús para que tropiece y caiga, es un obstáculo en el camino del Señor. Pedro es Satanás y piedra de tropiezo porque no alcanza a comprender los planes de Dios, y solamente entiende las cosas de los hombres.
Según los planes de Pedro, Jesús tenía que llegar a reinar sin sufrir, pero según los planes de Dios era todo lo contrario: debía llegar a la gloria de la Pascua sin abandonar la solidaridad con los hombres, aunque para esto tuviera que pasar por la humillación, el dolor y la muerte del día viernes santo. Pedro, que había sido felicitado por confesar rectamente a Cristo cuando no siguió lo que le dictaba "la carne y la sangre", en este momento es reprendido porque no se deja guiar por Dios sino que sigue los dictados de "la carne y la sangre"

LLEVAR LA CRUZ
Jesús, después de haber colocado en su lugar a Pedro, se vuelve hacia todos sus discípulos y les dice abiertamente cuáles son las disposiciones que deben tener los que quieran ser discípulos. Si vienen detrás del Señor porque ansían el Reino de los cielos, deben comprender que este Reino no se constituye como los reinos de este mundo. No van bien encaminados los que pretenden llegar a la gloria de la Pascua por un camino diferente del que sigue Jesús.
Para acompañar al Señor se debe ir así como va Él: es necesario negarse a sí mismos, es decir, no tenerse en cuenta. Además, es necesario cargar con la cruz como si se tratara de condenados a muerte que marchan hacia la ejecución. Estas palabras, aisladas del resto del Evangelio son incomprensibles, e incluso pueden ser muy mal entendidas. Sólo se comprenden cuando se sabe que es necesario morir para poder resucitar. Dicho en otras palabras, es necesario que muera en nosotros el 'hombre viejo', pecador, solidario con Adán, para que podamos resucitar con Cristo a la vida nueva de los hijos de Dios.
Cuando el Señor nos dice que hay que seguirlo con la cruz, no nos está invitando a convertirnos en masoquistas que buscan el dolor por el dolor mismo. La cruz era un instrumento de tortura, un signo de deshonra y de fracaso; pero en el plan de Dios se convirtió en un instrumento de triunfo, signo de gloria y de salvación. Fue el instrumento por el cual Cristo nos redimió y pasó de la muerte a la gloria de la resurrección. Bajo la figura de la cruz, el cristiano expresa el seguimiento de Cristo en un proceso de muerte a todo lo que lo ata con el Adán pecador para poder resucitar con el nuevo Adán que es el Cristo glorioso.
  
LOS PLANES DE DIOS

Los planes de Dios son muy diferentes de los de los hombres. Dios escribe derecho con líneas torcidas, por eso se salva la vida si se renuncia a ella. Solamente obtendrán la vida nueva y alcanzarán la eternidad los que estén dispuestos a morir con Cristo. En cambio aquellos que se nieguen a seguir al Señor a la cruz porque prefieren conservar su actual vida pecadora, nunca alcanzarán la eternidad y habrán perdido miserablemente su vida porque sólo les queda esperar la muerte eterna.
Entonces, ¿de qué les habrá servido conservar esta vida? Para poder resucitar a la vida eterna es necesario morir con Cristo en la cruz. Los que pretendan salvar su vida huyendo de la cruz, no podrán recibir el Reino de Dios. El plan de Dios es hacer llegar su Reino a la tierra. El quiere obsequiar a los seres humanos dándonos la participación en su vida y en su felicidad eterna. Pero para llegar a esto es necesario que los hombres seamos plenamente transformados. Hasta ahora llevamos la impronta del Adán pecador, destinado a la muerte.
Debemos despojarnos de esta imagen para adquirir la del nuevo Adán que es Cristo resucitado, para participar así con El de la gloria del Padre. Esta transformación se da en la cruz. El Reino de Dios es un cielo nuevo y una tierra nueva. En esta sociedad nueva que Dios quiere implantar sobre la tierra sólo tienen cabida los 'hombres nuevos', y solamente pueden ser 'hombres nuevos' los que han muerto con Cristo para resucitar a la vida de los hijos de Dios.

miércoles, 23 de agosto de 2000

EL TEMPLO SOBRE LA ROCA

EVANGELIO DEL DOMINGO 21 DE AGOSTO DEL 2011
Mt 16, 13-20
Al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: "¿Qué dice la gente sobre el Hijo del hombre? ¿Quién dicen que es?". Ellos le respondieron: "Unos dicen que es Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías o alguno de los profetas". "Y ustedes", les preguntó, "¿quién dicen que soy?". Tomando la palabra, Simón Pedro respondió: "Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo". Y Jesús le dijo: "Feliz de ti, Simón, hijo de Jonás, porque esto no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en el cielo. Y yo te digo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder de la muerte no prevalecerá contra ella. Yo te daré las llaves del reino de los cielos. Todo lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo". Entonces ordenó severamente a sus discípulos que no dijeran a nadie que él era el Mesías.

EL TEMPLO SOBRE LA ROCA
Jesús no vino para unos pocos. Él no ha querido que los que se relacionen con Dios o reciban la salvación lo hagan en forma totalmente individual. Por eso ha ordenado que todos vivamos en familia, que nos unamos formando un pueblo, una comunidad, un cuerpo. Por estas razones Jesús ha fundado una comunidad para que sea el Nuevo Pueblo de Dios, la familia de los hijos de Dios, la asamblea de los redimidos por su sangre. A esta comunidad la ha llamado con distintos nombres: ha dicho que era su rebano, donde Él es el Pastor; es su viña donde Dios hace las veces de dueño y agricultor; es su Cuerpo, donde El es la cabeza: es su amada esposa, de la que Él es el esposo enamorado. La ha llamado Iglesia, que significa “asamblea, grupo de los que son llamados, convocados". Dirigiéndole la palabra a Pedro dice que es un edificio del que Él es el arquitecto y constructor. Cada uno de estos nombres manifiesta alguna característica especial de esta comunidad que ha fundado Cristo. Se podrían agregar más nombres, pero bastan estos para que nos demos cuenta de cuál es la intención de Jesús al fundar la Iglesia la unidad que el desea; el amor que le manifiesta; la dedicación que le presta.

LA IGLESIA COMO EDIFICIO

Estamos acostumbrados a llamar “Iglesia" al edificio en el que nos reunimos para rezar, para participar de la Misa, para recibir los sacramentos.

Hablando con precisión, "Iglesia' se llama la comunidad que se reúne en esos edificios, y a éstos los llamamos también "iglesia" porque son como una figura, como un símbolo de lo que es la comunidad. San Pablo nos dice que todos nosotros, los cristianos, formamos como un Templo Santo de Dios, donde el mismo Dios habita. Las iglesias (los templos) representan lo que nosotros somos. En las iglesias hay columnas, techo, paredes, tal vez una torre.., pero todo esto tiene que estar bien construido. Si los ladrillos no están bien unidos, si las columnas o las paredes no están bien afirmadas, todo se vendrá abajo y habrá una gran catástrofe. Jesús, como sabio arquitecto, se ha preocupado de construir bien esta Iglesia que somos nosotros. Ha comenzado por poner un buen fundamento. Ha fundado su Iglesia sobre la roca.

PEDRO, LA ROCA

Cuando Jesús comenzó a elegir a sus discípulos, llamó a Simón y le cambió el nombre: "Tú ahora te llamarás Pedro". Para expresar el nombre que nosotros decimos 'Pedro', Jesús utilizó la palabra aramea 'Qefa' (o Cefas), que significa 'roca, la piedra que está bajo la superficie de la tierra'. Esta palabra no era usada comúnmente como nombre de persona. Después de varios meses de seguir a Jesús, Pedro se habrá dado cuenta de lo que el Señor quiso decir al cambiarle el nombre. Él estaba llamado a ser el fundamento de un gran edificio que debía durar para siempre. Pedro era un hombre muy débil. Tenía arrebatos de generosidad y de valentía, pero duraban poco. Ante la mas pequeña dificultad perdía el dominio de sí mismo y borraba en pocos momentos lo que antes había afirmado. Basta recordar la escena de las negaciones: durante la última cena juró que daría su vida por Jesús, y unas horas después no se atrevió a decir que conocía a Jesús cuando una mujer empleada del Sumo Sacerdote se lo preguntó. Y así negó a Jesús tres veces. El que es el buen pastor le dijo a Pedro que apaciente las ovejas y los corderos. Para desempeñar estas funciones, Pedro tiene un solo ejemplo que es el mismo Cristo. El Señor es el que sostiene a Pedro para que con su debilidad pueda llevar toda esta carga. El edificio de la Iglesia debe mantenerse unido porque hay una sola roca que lo sostiene. Pedro tiene que darle firmeza y estabilidad para que las partes no se desmoronen y la construcción siga creciendo hasta convertirse en el temple santo de Dios. El débil Pedro tiene que comunicarle a todos la firmeza de fe la unión de la candad. Las llaves le han sido confiadas para que con su autoridad indique a los cristianos qué es lo conveniente y qué es lo perjudicial, qué es lo obligatorio y qué es lo prohibido. La autoridad de Pedro tiene su respaldo en el cielo. 
Pero estas funciones jurídicas y magisteriales se deben ejercer en un contexto pastoral, porque en el rebano de Cristo, Pedro es el pastor que debe ir delante de las ovejas indicándoles el camino para que encuentren alimento abundante. Con su enseñanza y su ejemplo las debe conducir hacia la vida eterna. Y también tiene que estar dispuesto a dar su propia vida para defenderlas cuando sean amenazadas por los enemigos.

PEDRO, HASTA EL DIA DE HOY

 El edificio de la Iglesia se sigue construyendo hasta el fin de los tiempos, y la piedra sobre la que se apoya debe estar siempre en su sitio. Esa roca una vez fue Pedro el Apóstol. Las personas van cambiando, pero el oficio de Pedro continúa sin cambios. Asistido por el Espíritu Santo, el Papa nos enseña a confesar correctamente nuestra fe en Cristo. Con su palabra y con sus gestos nos hace vivir la unidad de la Iglesia. Va delante de nosotros señalándonos el camino por el cual penetramos más profundamente el Evangelio y encontramos el alimento de la vida eterna. Como Pastor va al encuentro de sus ovejas para reunirlas en el único rebaño de Cristo. Sin temores de ninguna especie interviene donde se encuentran problemas, dolores, conflictos y enfrentamientos con el fin de llevar el consuelo, la paz y la reconciliación. Cristo amó â su Iglesia y dio la vida por ella. 
Pedro amó a Cristo y acepto ser pastor del rebaño. Los que amamos a Cristo y a la Iglesia debemos trabajar incansablemente para que el Rebano de Cristo se mantenga siempre unido y crezca constantemente, para que la Viña dé abundantes frutos, para que la Esposa de Cristo sea cada vez más hermosa. Para lograrlo, debemos esforzarnos por mantener nuestra unidad en tomo al pastor que se nos ha concedido: si nos mantenemos firmemente asentados sobre esta roca, el edificio de la Iglesia no sufrirá resquebrajaduras ni divisiones. Estrechamente unidos entre nosotros y fundados sobre la roca que es Pedro creceremos hasta llegar a ser el Templo Santo de Dios.

domingo, 13 de agosto de 2000

PARA DIOS NO HAY EXTRANJEROS





Mt 15, 21-28

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo.
Jesús partió de Genesaret y se retiró al país de Tiro y de Sidón. Entonces una mujer cananea, que procedía de esa región, comenzó a gritar: "¡Señor, Hijo de David, ten piedad de mí! Mi hija está terriblemente atormentada por un demonio?. Pero él no le respondió nada. Sus discípulos se acercaron y le pidieron: "Señor, atiéndela, porque nos persigue con sus gritos?. Jesús respondió: "Yo he sido enviado solamente a las ovejas perdidas del pueblo de Israel?. Pero la mujer fue a postrarse ante él y le dijo: "¡Señor, socórreme!?. Jesús le dijo: "No está bien tomar el pan de los hijos, para tirárselo a los cachorros?. Ella respondió: "¡Y, sin embargo, Señor, los cachorros comen las migas que caen de la mesa de sus dueños!?. Entonces Jesús le dijo: "Mujer, ¡qué grande es tu fe! ¡Que se cumpla tu deseo!?. Y en ese momento su hija quedó sana.

UN ENCUENTRO CON UNA EXTRANJERA

El relato del evangelio comienza indicando el lugar donde se encontraba Jesús cuando sucedió este hecho, y para eso nos dice que 'se retiró', es decir “se alejó” del lugar donde Él estaba habitualmente. Jesús ha ido hacia la región de Tiro y Sidón, que queda fuera del territorio de Galilea y actualmente pertenece al Líbano. El texto griego no permite ver claramente si Jesús llegó al país extranjero, o si solamente se dirigía hacia allá. Durante toda su vida pública, el Señor viaja y actúa dentro del territorio perteneciente a los judíos. No es normal que tenga actividad fuera de estos límites. Por eso se puede suponer que la escena tiene lugar en los límites entre Israel y Fenicia. Posiblemente se ha sentido amenazado por las autoridades de Galilea, y ha tomado el camino más prudente de retirarse de las regiones más pobladas para permanecer oculto. El evangelista también nos aclara que la mujer que viene a rogarle es de origen extranjero. San Mateo dice que es 'una mujer cananea'. Este es un nombre arcaico, porque en la época del Nuevo Testamento ya no había más cananeos. Los cananeos habían sido los antiguos habitantes paganos del territorio en la poca en que los israelitas llegaron a la tierra prometida. El autor del evangelio recurre a este nombre antiguo para que el lector comprenda sin lugar a dudas que es una mujer pagana. 

LOS EXTRANJEROS Y LOS JUDÍOS

 Es indudable que cuando leemos este trozo del evangelio nos sentimos todos sorprendidos al ver la actitud que asume Jesús ante esta pobre mujer pagana que viene a solicitarle un favor. En un primer momento Jesús no se digna contestarle, y cuando lo hace es para decirle palabras que a nuestros oídos suenan como un insulto.

Para comenzar a comprender, es necesario que nos preguntemos por la forma en que los judíos de aquel tiempo miraban a los extranjeros. Ante todo hay que recordar que en la forma en que Dios ha ido desarrollando el plan de salvación, el pueblo de Israel ha ocupado un primer lugar. Dios eligió a este pueblo para realizar en él la salvación, y a partir de él extenderla a todas las naciones. Por ese motivo, Israel fue el primer pueblo que experimentó las pruebas del amor de Dios. Se sabia perdonado y purificado una y mil veces por este Dios que no dejaba de protegerlo y conducirlo. Pero como pasa con los chicos, que cuando se sienten mimados por sus padres, pretenden tener la exclusividad y se sienten superiores a sus propios hermanos, así fue sucediendo en algunos momentos con ciertos grupos dentro del pueblo de Israel. A esto contribuyó en gran manera el hecho de que los pueblos extranjeros maltrataron a los judíos aprovechándose de su superioridad numérica y militar. El rencor por las ofensas unido a la conciencia de la propia elección provocaron muchas veces una actitud de desprecio y la convicción de que ellos eran los únicos elegidos y los únicos merecedores del amor de Dios.

Todos los judíos no pensaban así. Los profetas habían anunciado que también los extranjeros vendrían a formar el pueblo de Dios, como lo hemos escuchado en la primera lectura que se ha proclamado en la Misa de este día. Pero esos textos no figuraban entre los que se leían con predilección en tiempos de Jesús. Siempre ha sucedido que nuestros egoísmos nos llevan a hacer una selección en los textos bíblicos, para que leamos unos y olvidemos otros. Los judíos de la época de Jesús evitaban el trato con los extranjeros, a los que consideraban como impuros. No se debía tratar con ellos ni podían ser admitidos a comer en la misma mesa en la que comían los judíos. Todos recordamos la escena del evangelio de san Juan, en la que los que llevan a Jesús para que sea juzgado por Pilato no entran en la casa de este para no contaminarse, porque de haberlo hecho no podrían participar de la cena pascual.

JESÚS Y UNA EXTRANJERA
Jesús se ha dirigido hacia una región poblada por paganos, y una mujer ha salido de ese territorio para ir al encuentro del Señor. Es una mujer, que sabe quien es Jesús y viene a pedirle una gracia. Se acerca gritando porque está en una situación desesperante. Quiere que Jesús intervenga liberando a su hija que sufre algún mal misterioso, que ella atribuye al demonio. El autor del evangelio omite decir si la mujer venía acompañada por su hija, o si ella se encontraba enferma en otro lugar. Jesús no responde a los pedidos de la mujer pagana. Los discípulos intervienen pero en una actitud muy mezquina. Si piden al Señor que la atienda no es porque se apiaden, sino simplemente para que ella se vaya. La palabra griega que se utiliza en este caso implica la idea de 'despedir', y así se traduce en algunas Biblias. La razón que ellos exponen para hacer este pedido a Jesús es que ella molesta con sus gritos. Ante el pedido de los discípulos, Jesús explica la razón de su silencio: Él ha sido enviado solamente a las ovejas perdidas del pueblo de Israel. Los paganos no tienen parte en esta parte del plan de salvación de Dios.
A esta altura del relato el lector se sentirá fuertemente impactado por este contraste inexplicable: por un lado una madre que grita pidiendo piedad porque su hija está gravemente enferma, y por otro lado el silencio de Jesús y la mezquindad de los discípulos. Más aun cuando el mismo Jesús confirma que Dios no lo ha enviado a predicar a los paganos.
LOS HIJOS Y LOS CACHORROS
Cuando la mujer se dirige finalmente a Jesús en una actitud de súplica, postrándose a sus pies, oye que el Señor le dirige la palabra. Por medio de una breve parábola le expone la razón por la que su ruego no es escuchado: no está bien que el pan de los hijos sea arrojado a los cachorros. Para nosotros esta frase puede resultar muy ofensiva, pero para los antiguos orientales no lo era tanto. En primer lugar, porque es un proverbio, un refrán, una parábola. Lo único que indica es que dentro de una casa hay cierta categoría de valores que se debe respetar. Además, no se usa la ofensiva palabra "perro" sino "cachorro", que es más cariñosa y que recuerda más al animal pequeño que está en compañía de los niños, pero que a la hora de la comida debe ocupar su lugar debajo de la mesa y no sentado en ella. En el fondo de la cuestión, la respuesta de Jesús es que hay que esperar a que se sacien los hijos, después será la hora de comer para los cachorros. En el plan de Dios primero hay que ofrecer la salvación a los judíos. Llegará el momento en que esa misma salvación será ofrecida a los paganos. Jesús fue enviado para predicar a las ovejas perdidas de Israel; después de la resurrección del Señor los apóstoles serán enviados a predicar a todas las naciones. Pero la fe de una mujer adelantó esa hora.
LA FUERZA DE LA FE
La mujer pagana, como las mujeres sabias de las páginas de la Biblia, no se da por vencida y replica con otro refrán: mientras comen los hijos, también los cachorros están comiendo porque comen de lo que cae de la mesa. Los cachorros pueden comer sin guitar el pan a los hijos. La humildad de la mujer y su gran confianza, que le permite no darse por vencida, provoca una reacción favorable por parte e Jesús. El Señor alaba en primer lugar la fe de la mujer pagana. Y en segundo lugar le concede lo que ha pedido. El autor del evangelio consigna a continuación que la hija quedó curada desde ese mismo memento del mal que la aquejaba. El evangelista san Mateo, que desarrolla el tema del Reino de los cielos que se hace presente con la actuación de Jesús, coloca esta narración en el bloque que dedica a la formación de los discípulos.

En la época en que predicaba Jesús muchos creían que el Reino de los cielos había sido prometido solamente a Israel. Algunos cristianos de los primeros tiempos participaban de esta misma manera de pensar. El autor del evangelio ha relatado este milagro de Jesús para poner en contraste esa postura con la que se manifiesta a partir de la predicación de Jesús. El relato de la mujer de Tiro y Sidón descubre a los lectores esta gran novedad: la barrera que separaba a los judíos de los paganos, y que impedía a estos últimos participar de los bienes de la salvación, ha quedado destruida por Jesucristo. La fe es la fuerza que introduce a los paganos en el pueblo de Dios, los hace herederos del Reino y les permite gozar de los mismos signos de amor que Dios prodiga incesantemente a su pueblo. 

Mediante la parábola del pan de los hijos y los cachorros, ha quedado claro que Israel sigue siendo el pueblo de Dios al que se le ha otorgado todo lo que antiguamente ha sido prometido. Pero los paganos no han quedado postergados. Mediante la fe en Jesucristo todos pueden integrarse en el pueblo de Dios para tener acceso a esos bienes.


NUESTRAS BARRERAS 
 
Es frecuente que los que viven religiosamente sientan la tentación de mirar con cierto menosprecio a los que no son piadosos. Mucho más si se trata de notorios pecadores. Muchos piensan que delante de Dios también hay castas. Pero Jesús nos enseña que delante de Dios existe una sola clase de hombres: los pecadores perdonados. Para eso vino Jesucristo: para alcanzarnos el perdón que ninguno de nosotros puede conseguir por sus propias fuerzas. Por eso nadie tiene derecho a mirar con desdén a su prójimo, ya que todos somos amados, porque Dios ama en nosotros aquello que Él pone en nosotros. Delante de Cristo tienen que caer todas las barreras que nosotros hemos levantado: las de castas religiosas, las de nacionalismos, partidismos, clases sociales. Para el Señor nada de eso tiene valor; solamente mira la fe, y en donde la encuentra derrama su gracia haciéndonos sentir los efectos de su inmenso amor. En las manes del Señor seamos instrumentos de reconciliación: ayudemos a destruir los muros que vino a derribar Jesús.

lunes, 7 de agosto de 2000

CAMINAR SOBRE EL AGUA

EVANGELIO DEL DOMINGO 7 DE AGOSTO DEL 2011
Mt 14, 22-33

Después de la multiplicación de los panes, Jesús obligó a los discípulos que subieran a la barca y pasaran antes que él a la otra orilla, mientras él despedía a la multitud. Después, subió a la montaña para orar a solas. Y al atardecer, todavía estaba allí, solo. La barca ya estaba muy lejos de la costa, sacudida por las olas, porque tenían viento en contra. A la madrugada, Jesús fue hacia ellos, caminando sobre el mar. Los discípulos, al verlo caminar sobre el mar, se asustaron. "Es un fantasma", dijeron, y llenos de temor se pusieron a gritar. Pero Jesús les dijo: "Tranquilícense, soy yo; no teman". Entonces Pedro le respondió: "Señor, si eres tú, mándame ir a tu encuentro sobre el agua". "Ven", le dijo Jesús. Y Pedro, bajando de la barca, comenzó a caminar sobre el agua en dirección a él. Pero, al ver la violencia del viento, tuvo miedo, y como empezaba a hundirse, gritó: "Señor, sálvame". En seguida, Jesús le tendió la mano y lo sostuvo, mientras le decía: "Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?". En cuanto subieron a la barca, el viento se calmó. Los que estaban en ella se postraron ante él, diciendo: "Verdaderamente, tú eres el Hijo de Dios".


Caminar sobre el agua
Esta escena del evangelio contiene dos partes. En la primera de ellas está el relato de la nave agitada por las olas y la caminata de Jesús sobre el mar; en la segunda se relata la caminata de Pedro sobre las aguas. La primera parte se encuentra también en otros evangelios, pero la segunda, la referente a Pedro, es exclusiva de san Mateo.
El evangelista ha colocado en esta sección de su obra varios textos referentes a Pedro, que rodean las palabras con las que Jesús declara a Pedro piedra fundamental de la Iglesia y le confiere el primado. Esta narración de Pedro caminando sobre el agua es uno de ellos. El relato de la caminata sobre el agua está unido a la escena de la multiplicación de los panes. Jesús ha alimentado a los cinco mil hombres, y después que se han recogido los doce canastos con las sobras, ordena a los Doce que emprendan viaje hacía la otra orilla mientras él despide a la multitud.
LA BARCA EN EL MAR
Los comentaristas hacen notar que san Mateo, al narrar esta escena de la barca en el mar, lo ha hecho utilizando expresiones que se prestan a una interpretación simbólica de los hechos. Desde los primeros tiempos la barca ha sido vista como una figura de la Iglesia. Así se la encuentra ya en pinturas muy antiguas, realizadas por los primeros cristianos. San Mateo dice que Jesús asciende a la montana para quedarse en compañía de su Padre en larga oración, mientras la barca, con los discípulos en ella, emprende viaje. Es ya de noche, el viento está en contra y las olas golpean la barca. En la lengua en que está escrito el evangelio se dice de una manera más gráfica: "las olas la maltrataban"
 Después de haber pasado toda la noche en esa penosa situación los discípulos se encuentran con Jesús. Pero el reconocimiento no se produce de inmediato. Estando todavía oscuro, porque todavía no eran las seis de la mañana, y por la falta de fe, creen que están viendo un fantasma. Ven a Jesús que camina sobre el mar y asustados se ponen a gritar. Con pocas palabras Jesús los vuelve a la calma. Son palabras que encontramos en otros lugares de la Biblia para tranquilizar a los que son favorecidos con una aparición de Dios. Esta presentación hace pensar inmediatamente en la situación de la Iglesia después de la ascensión del Señor.
La historia de la Iglesia está hecha de escenas semejantes: hay una aparente ausencia del Señor, hay dificultades para avanzar, hay fuerzas que se oponen, hay tinieblas que rodean, hay elementos que maltratan al pueblo de Dios. Y por sobre todo esto, está nuestra falta de fe que nos impide reconocer al Señor cuando se acerca a nosotros. Pero sin embargo él viene, nos devuelve la calma y tranquiliza el viento y las olas. 

LA PROEZA DE PEDRO
Cuando Pedro reconoce al Señor, pide que le ordene caminar sobre el agua. Lo dice con cierto tono de incredulidad: "Si eres Tú...". Y por la orden de Jesús, Pedro camina sobre el mar mientras mantiene la fe en el Señor. Lo que es imposible para los hombres, se convierte en posible cuando lo ordena la palabra del Señor. Esta es una de las escenas que san Mateo coloca como preparación al memento en el que Jesús conferirá el primado de la Iglesia a Pedro. El evangelista nos va descubriendo el cambio que se va a producir en el apóstol. El débil pescador de Galilea se convertirá en Pedro, la piedra, la roca sobre la que se asentará el edificio de la Iglesia que edificará Jesús. Pero la fortaleza de la roca no la tendrá por su naturaleza, ya que es evidente que Pedro es débil y que caerá más de una vez. Esa fuerza la obtendrá de la misma palabra de Jesús, y quedará garantizada por la fe en Él.
Esta página del evangelio nos ilustra en primer lugar sobre el papel del que es ahora el sucesor de Pedro, el que preside a toda la Iglesia en nombre de Jesús. El Papa es un hombre como cualquiera de nosotros, tan débil como otro hombre. Pero hay una palabra de Jesús que lo ha llamado para que asuma este ministerio. Esa palabra lo ha revestido de una autoridad que está por encima de él. Esta autoridad viene del mismo Jesús, y es una participación en el poder que tiene Cristo resucitado. Pero también esta página del evangelio se refiere a todos nosotros.
A cada uno de los cristianos el Señor lo ha llamado para que ocupe un lugar en el cuerpo de la Iglesia. Uno ha sido llamado para ser Papa, como Pedro, pero otros son llamados para ser sacerdotes, o misioneros, o maestros, o profesionales, u obreros, o padres de familia, o tantas otras cosas.
Cada uno debe cumplir bien su misión para que todo el cuerpo viva y crezca. Y también cada uno de nosotros sabe cuántas dificultades se presentan cada día para que podamos vivir como cristianos y para que lleguemos a realizar la vocación que tenemos. Ante tantas dificultades y tan grandes como las que cada uno puede encontrar a cada memento en su camino, sentimos deseos de decir "Esto es más fuerte que yo", "No tengo capacidad", "Yo no sigo más". Y a veces vemos que no es solamente la tentación de decirlo.
También vemos el fracaso de quienes en realidad abandonan el lugar al que una vez se sintieron llamados, porque no se sienten con fuerzas para seguir luchando. Para todos nosotros ha sido escrita esta página del evangelio. Pedro, por sus propias fuerzas, no podía caminar sobre el agua. Tampoco podía mantenerse sobre ella cuando comenzaba a tener miedo porque veía que el viento era muy fuerte y sacudía el mar. Pero por la palabra del Señor y con la fe puesta en El, podía caminar sobre el agua.
Muy a propósito, el evangelista dice que Jesús debía 'mandarle' a Pedro que caminara sobre el agua. Muchas veces sucede que las tareas sobrehumanas que debemos afrontar no han sido elecciones nuestras. A veces, y muchas veces, nos han sido dadas por el Señor sin que nosotros las hayamos buscado. Entonces es el momento de decirle a Jesús: "Me has mandado hacer algo como caminar sobre el agua. Como Pedro, comenzaré a caminar, pero confío en que me sostendrás y me permitirás llegar a donde tú estás