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sábado, 28 de marzo de 2009

Tomo II de Moral de Discernimiento: Bioética

                                                                                                                                                                                             PRESENTACIÓN

UNA NUEVA CIENCIA


1.1. Un nuevo contexto

1.2. La reflexión ética

1.3. El nacimiento de la bioética

1.4. La postura de la Iglesia Católica.

1.5. La ética de la vida

1.6. La vida humana hoy

2. LA PALABRA DE LA IGLESIA

2.1. El evangelio de la vida

2.2. Declaración sobre bioética

PRIMERA PARTE

EL COMIENZO DE LA VIDA HUMANA

1.EL ABORTO .

1.1. ¿Sociedad abortista? .

1.2. Definición del aborto

1.3. Clasificaciones del aborto

1.4. Métodos del aborto .

1.5. El comienzo de la vida humana

1.6. El problema de la "animación"

1.7. El magisterio de la Iglesia .

1.8. Valoración ética .

1.8.1. La polémica actual

1.8.2. Posturas de teólogos católicos .

1.8.3. El juicio ético cristiano

1.8.4. Situaciones Iímites

1.8.5. Dimensión social del problema del aborto

1.8.6. Una política sobre población

1.8.7. La píldora del día después

Conclusión .

LA INSEMINACIÓN ARTIFICIAL

2.1. El concepto

2.2. La práctica .

2.3. La historia

2.4. Tipos de inseminación artificial .

2.5. Las causas

2.6. Las técnicas .

2.7. Los problemas legales .

2.8. La postura oficial de la iglesia

2.9. Valoración moral

2.10. Conclusión .



SEGUNDA PARTE

LA CALIDAD DE LA VIDA HUMANA

SALUD Y ENFERMEDAD

1.1. El médico y el enfermo .

1.1.1. El cristianismo frente a la medicina .

1.1.2. La dimensión ética de la vocación médica

1.1.3. La relación médico-enfermo .

1.1.4. Los derechos del enfermo .

El riesgo y la actividad humana

1.2.1. Los accidentes laborales

1.2.2. El tránsito .

1.2.3 Los deportes

1.3. El alcoholismo

1.3.1. El aspecto médico

1.3.2. La definición del alcoholismo .

1.3.3. Las consecuencias del alcoholismo

1.3.4. El alcoholismo y la realidad popular

1.3.5. La terapia

1.3.6. Un desafío ético .

1.4. La drogadicción .

1.4.1. Las drogas .

1.4.2. Los efectos de la droga ..

1.4.3. Las causas de la drogadicción .

1.4.4 La terapia .

1.4.5, La drogadicción en Chile .

1.4.6. Valoración moral .

2. LA EXPERIMENTACIÓN HUMANA ..

2.1. EI Concepto de manipulación .

2.1.1. El sentido etimológico ..

2.1.2 La definición conceptual .

2.1.3. El problema .

2.1.4. Una pauta ética .

2.2 La experimentación humana ..

2.2.1. Ciencia y experimentación

2.2.2. Algunos hechos .

2.2.3. Aproximación conceptual .

2.2.4. Los códigos sobre la experimentación humana

2.2.5. Los discursos del papa Pío XII .

2.2.6. Orientación ética

2.3 La intervención genética

2.3.1.Aspecto biológico .

2.3.2. La terapia genética

2.3.3. La ingeniería genética .

2.3.4. La reproducción clónica .

2.3.5. El genoma humane

2.3.6. Una reflexión ética

2.4. La eugenesia

2.4.1. Un recorrido histórico

2.4.2. La discusión contemporánea

2.4.3. Noción y clasificación .

2.4.4. La palabra de Pío XII

2.4.5. Una apreciación moral

3. LOS TRASPLANTES

3.1. Un recorrido histórico

3.2. Concepto y tipología

3.3. Problemas técnico-médicos

3.4. La muerte clínica

3.5. Colegio médico de Chile .

3.6. Los discursos de Pío XII.

3.7. La postura actual del magisterio

3.8. Valoración moral

3.8.1. Trasplante autoplástico

3.8.2. Trasplante aloplástico

3.8.3. Trasplante homoplástico entre vivos.

3.8.4. Trasplante homoplástico de muerto a

3.8.5. Principios éticos .

4. LA ECOLOGíA

4.1. Una nueva ciencia .

4.2. La dimensión del problema .

4.3. Ecología y teología

4.4. Los documentos de la Iglesia

4.5. La carta ecológica de las Naciones Unidas

4.6. El talante ético

4.7. Hacia una espiritualidad franciscana



TERCERA PARTE

LA ETICA FRENTE A LA MUERTE

1. ¿LA MUERTE DULCE?

1.1. La muerte

1.1.1. Un interrogante antiguo

1.1.2. Una reflexión moderna .

1.1.3. Una consideración bíblica .

1.1.4. La mentalidad contemporánea .

1.1.5. El proceso de morir

1.2. La eutanasia

1.2.1. El debate actual

1.2.2. Los conceptos básicos

1.2.3. El magisterio de la Iglesia .

1.2.4. La valoración ética

1.2.5. Una acotación ética .

1.2.5.1. Delimitación del concepto

1.2.5.2. Necesidad de una terminología correcta

1.2.5.3. ¿Despenalización de la eutanasia?

1.2.5.4. La postura médica

1.2.6. El derecho a morir con dignidad .





2. ¿LA MUERTE LEGALIZADA?

2.1. La pena de muerte

2.1.1. La situación actual

2.1.2. Evolución histórica del pensamiento eclesial

2.1.3. Postura actual de la Iglesia

2.1.4. Apoyo en la sagrada escritura

2.1.5. Polémica en torno a la pena de muerte

2.1.6. Un rechazo ético a la pena de muerte.

2.2 La tortura

2.2.1. La triste realidad

2.2.2. La definición de tortura

2.2.3. El mundo de la tortura

2.2.4. La condena internacional .

2.2.5. La tortura y el médico .

2.2.6. El pensamiento de la Iglesia

2.2.7. La postura actual de la Iglesia

2.2.8. El repudio ético .

3. ¿LA MUERTE PATRIOTICA?



3.1. La guerra moderna .

3.1.1. La maldición de la guerra .

3.1.2. El pensamiento eclesial a lo largo de los siglos

3.1.3. La teoría de la guerra justa

3.1.4. La postura del concilio

3.1.5. Un balance moral

3.1.6. La objeción de conciencia

3.2. La carrera de armamentos

3.2.1. Una carrera suicida

3.2.2. Algunas causas

3.2.3. La palabra de la Iglesia

3.2.4. La urgencia del desarme

3.3. Una opción ética

3.3.1. Una condena radical

3.3.2. Hacia una ética pacífica y solidaria

4. ¿LA MUERTE COMO PROTESTA?

4.1. El principio de la legítima defensa.

4.1.1. La definición del concepto

4.1.2. La postura tradicional .

4.1.3. Justificación y condiciones

4.1.4. Una postura distinta

4.2. El suicidio

4.2.1. Las estadísticas

4.2.2. Algunos intentos de explicación.

4.2.3. La condena tradicional

4.2.4. Un cambio de enfoque

4.3. La huelga de hambre

4.3.1. Recordando algunos hechos.

4.3.2. Su significado

4.3.3. Las distintas perspectivas éticas

4.3.4. El discernimiento ético

CONCLUSIÓN

viernes, 13 de marzo de 2009

MENSAJE POR LA PAZ

MENSAJE DE BENEDICTO XVI. JORNADA MUNDIAL DE LA PAZ 1 ENERO 2009
MENSAJE DE SU SANTIDAD BENEDICTO XVI PARA LA CELEBRACIÓN DE LA JORNADA MUNDIAL DE LA PAZ
COMBATIR LA POBREZA, CONSTRUIR LA PAZ


1. También en este año nuevo que comienza, deseo hacer llegar a todos mis mejores deseos de paz, e invitar con este Mensaje a reflexionar sobre el tema: Combatir la pobreza, construir la paz. Mi venerado predecesor Juan Pablo II, en el Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz de 1993, subrayó ya las repercusiones negativas que la situación de pobreza de poblaciones enteras acaba teniendo sobre la paz. En efecto, la pobreza se encuentra frecuentemente entre los factores que favorecen o agravan los conflictos, incluidas la contiendas armadas. Estas últimas alimentan a su vez trágicas situaciones de penuria. «Se constata y se hace cada vez más grave en el mundo –escribió Juan Pablo II– otra seria amenaza para la paz: muchas personas, es más, poblaciones enteras viven hoy en condiciones de extrema pobreza. La desigualdad entre ricos y pobres se ha hecho más evidente, incluso en las naciones más desarrolladas económicamente. Se trata de un problema que se plantea a la conciencia de la humanidad, puesto que las condiciones en que se encuentra un gran número de personas son tales que ofenden su dignidad innata y comprometen, por consiguiente, el auténtico y armónico progreso de la comunidad mundial».

2. En este cuadro, combatir la pobreza implica considerar atentamente el fenómeno complejo de la globalización. Esta consideración es importante ya desde el punto de vista metodológico, pues invita a tener en cuenta el fruto de las investigaciones realizadas por los economistas y sociólogos sobre tantos aspectos de la pobreza. Pero la referencia a la globalización debería abarcar también la dimensión espiritual y moral, instando a mirar a los pobres desde la perspectiva de que todos comparten un único proyecto divino, el de la vocación de construir una sola familia en la que todos –personas, pueblos y naciones– se comporten siguiendo los principios de fraternidad y responsabilidad.
En dicha perspectiva se ha de tener una visión amplia y articulada de la pobreza. Si ésta fuese únicamente material, las ciencias sociales, que nos ayudan a medir los fenómenos basándose sobre todo en datos de tipo cuantitativo, serían suficientes para iluminar sus principales características. Sin embargo, sabemos que hay pobrezas inmateriales, que no son consecuencia directa y automática de carencias materiales. Por ejemplo, en las sociedades ricas y desarrolladas existen fenómenos de marginación, pobreza relacional, moral y espiritual: se trata de personas desorientadas interiormente, aquejadas por formas diversas de malestar a pesar de su bienestar económico. Pienso, por una parte, en el llamado «subdesarrollo moral» y, por otra, en las consecuencias negativas del «superdesarrollo». Tampoco olvido que, en las sociedades definidas como «pobres», el crecimiento económico se ve frecuentemente entorpecido por impedimentos culturales, que no permiten utilizar adecuadamente los recursos. De todos modos, es verdad que cualquier forma de pobreza no asumida libremente tiene su raíz en la falta de respeto por la dignidad trascendente de la persona humana. Cuando no se considera al hombre en su vocación integral, y no se respetan las exigencias de una verdadera «ecología humana», se desencadenan también dinámicas perversas de pobreza, como se pone claramente de manifiesto en algunos aspectos en los cuales me detendré brevemente.
Pobreza e implicaciones morales
3. La pobreza se pone a menudo en relación con el crecimiento demográfico. Consiguientemente, se están llevando a cabo campañas para reducir la natalidad en el ámbito internacional, incluso con métodos que no respetan la dignidad de la mujer ni el derecho de los cónyuges a elegir responsablemente el número de hijos y, lo que es más grave aún, frecuentemente ni siquiera respetan el derecho a la vida. El exterminio de millones de niños no nacidos en nombre de la lucha contra la pobreza es, en realidad, la eliminación de los seres humanos más pobres. A esto se opone el hecho de que, en 1981, aproximadamente el 40% de la población mundial estaba por debajo del umbral de la pobreza absoluta, mientras que hoy este porcentaje se ha reducido sustancialmente a la mitad y numerosas poblaciones, caracterizadas, por lo demás, por un notable incremento demográfico, han salido de la pobreza. El dato apenas mencionado muestra claramente que habría recursos para resolver el problema de la indigencia, incluso con un crecimiento de la población. Tampoco hay que olvidar que, desde el final de la Segunda Guerra Mundial hasta hoy, la población de la tierra ha crecido en cuatro mil millones y, en buena parte, este fenómeno se produce en países que han aparecido recientemente en el escenario internacional como nuevas potencias económicas, y han obtenido un rápido desarrollo precisamente gracias al elevado número de sus habitantes. Además, entre las naciones más avanzadas, las que tienen un mayor índice de natalidad disfrutan de mejor potencial para el desarrollo. En otros términos, la población se está confirmando como una riqueza y no como un factor de pobreza.
4. Otro aspecto que preocupa son las enfermedades pandémicas, como por ejemplo, la malaria, la tuberculosis y el sida que, en la medida en que afectan a los sectores productivos de la población, tienen una gran influencia en el deterioro de las condiciones generales del país. Los intentos de frenar las consecuencias de estas enfermedades en la población no siempre logran resultados significativos. Además, los países aquejados de dichas pandemias, a la hora de contrarrestarlas, sufren los chantajes de quienes condicionan las ayudas económicas a la puesta en práctica de políticas contrarias a la vida. Es difícil combatir sobre todo el sida, causa dramática de pobreza, si no se afrontan los problemas morales con los que está relacionada la difusión del virus. Es preciso, ante todo, emprender campañas que eduquen especialmente a los jóvenes a una sexualidad plenamente concorde con la dignidad de la persona; hay iniciativas en este sentido que ya han dado resultados significativos, haciendo disminuir la propagación del virus. Además, se requiere también que se pongan a disposición de las naciones pobres las medicinas y tratamientos necesarios; esto exige fomentar decididamente la investigación médica y las innovaciones terapéuticas, y aplicar con flexibilidad, cuando sea necesario, las reglas internacionales sobre la propiedad intelectual, con el fin de garantizar a todos la necesaria atención sanitaria de base.
5. Un tercer aspecto en que se ha de poner atención en los programas de lucha contra la pobreza, y que muestra su intrínseca dimensión moral, es la pobreza de los niños. Cuando la pobreza afecta a una familia, los niños son las víctimas más vulnerables: casi la mitad de quienes viven en la pobreza absoluta son niños. Considerar la pobreza poniéndose de parte de los niños impulsa a estimar como prioritarios los objetivos que los conciernen más directamente como, por ejemplo, el cuidado de las madres, la tarea educativa, el acceso a las vacunas, a las curas médicas y al agua potable, la salvaguardia del medio ambiente y, sobre todo, el compromiso en la defensa de la familia y de la estabilidad de las relaciones en su interior. Cuando la familia se debilita, los daños recaen inevitablemente sobre los niños. Donde no se tutela la dignidad de la mujer y de la madre, los más afectados son principalmente los hijos.
6. Un cuarto aspecto que merece particular atención desde el punto de vista moral es la relación entre el desarme y el desarrollo. Es preocupante la magnitud global del gasto militar en la actualidad. Como ya he tenido ocasión de subrayar, «los ingentes recursos materiales y humanos empleados en gastos militares y en armamentos se sustraen a los proyectos de desarrollo de los pueblos, especialmente de los más pobres y necesitados de ayuda. Y esto va contra lo que afirma la misma Carta de las Naciones Unidas, que compromete a la comunidad internacional, y a los Estados en particular, a “promover el establecimiento y el mantenimiento de la paz y de la seguridad internacional con el mínimo dispendio de los recursos humanos y económicos mundiales en armamentos” (art. 26)».
Este estado de cosas, en vez de facilitar, entorpece seriamente la consecución de los grandes objetivos de desarrollo de la comunidad internacional. Además, un incremento excesivo del gasto militar corre el riesgo de acelerar la carrera de armamentos, que provoca bolsas de subdesarrollo y de desesperación, transformándose así, paradójicamente, en factor de inestabilidad, tensión y conflictos. Como afirmó sabiamente mi venerado Predecesor Pablo VI, «el desarrollo es el nuevo nombre de la paz». Por tanto, los Estados están llamados a una seria reflexión sobre los motivos más profundos de los conflictos, a menudo avivados por la injusticia, y a afrontarlos con una valiente autocrítica. Si se alcanzara una mejora de las relaciones, sería posible reducir los gastos en armamentos. Los recursos ahorrados se podrían destinar a proyectos de desarrollo de las personas y de los pueblos más pobres y necesitados: los esfuerzos prodigados en este sentido son un compromiso por la paz dentro de la familia humana.
7. Un quinto aspecto de la lucha contra la pobreza material se refiere a la actual crisis alimentaria, que pone en peligro la satisfacción de las necesidades básicas. Esta crisis se caracteriza no tanto por la insuficiencia de alimentos, sino por las dificultades para obtenerlos y por fenómenos especulativos y, por tanto, por la falta de un entramado de instituciones políticas y económicas capaces de afrontar las necesidades y emergencias. La malnutrición puede provocar también graves daños psicofísicos a la población, privando a las personas de la energía necesaria para salir, sin una ayuda especial, de su estado de pobreza. Esto contribuye a ampliar la magnitud de las desigualdades, provocando reacciones que pueden llegar a ser violentas. Todos los datos sobre el crecimiento de la pobreza relativa en los últimos decenios indican un aumento de la diferencia entre ricos y pobres. Sin duda, las causas principales de este fenómeno son, por una parte, el cambio tecnológico, cuyos beneficios se concentran en el nivel más alto de la distribución de la renta y, por otra, la evolución de los precios de los productos industriales, que aumentan mucho más rápidamente que los precios de los productos agrícolas y de las materias primas que poseen los países más pobres. Resulta así que la mayor parte de la población de los países más pobres sufre una doble marginación, beneficios más bajos y precios más altos.
Lucha contra la pobreza y solidaridad global
8. Una de las vías maestras para construir la paz es una globalización que tienda a los intereses de la gran familia humana. Sin embargo, para guiar la globalización se necesita una fuerte solidaridad global, tanto entre países ricos y países pobres, como dentro de cada país, aunque sea rico. Es preciso un «código ético común», cuyas normas no sean sólo fruto de acuerdos, sino que estén arraigadas en la ley natural inscrita por el Creador en la conciencia de todo ser humano (cf. Rm 2,14-15). Cada uno de nosotros ¿no siente acaso en lo recóndito de su conciencia la llamada a dar su propia contribución al bien común y a la paz social? La globalización abate ciertas barreras, pero esto no significa que no se puedan construir otras nuevas; acerca los pueblos, pero la proximidad en el espacio y en el tiempo no crea de suyo las condiciones para una comunión verdadera y una auténtica paz. La marginación de los pobres del planeta sólo puede encontrar instrumentos válidos de emancipación en la globalización si todo hombre se siente personalmente herido por las injusticias que hay en el mundo y por las violaciones de los derechos humanos vinculadas a ellas. La Iglesia, que es «signo e instrumento de la íntima unión con Dios y de la unidad de todo el género humano», continuará ofreciendo su aportación para que se superen las injusticias e incomprensiones, y se llegue a construir un mundo más pacífico y solidario.
9. En el campo del comercio internacional y de las transacciones financieras, se están produciendo procesos que permiten integrar positivamente las economías, contribuyendo a la mejora de las condiciones generales; pero existen también procesos en sentido opuesto, que dividen y marginan a los pueblos, creando peligrosas premisas para conflictos y guerras. En los decenios sucesivos a la Segunda Guerra Mundial, el comercio internacional de bienes y servicios ha crecido con extraordinaria rapidez, con un dinamismo sin precedentes en la historia. Gran parte del comercio mundial se ha centrado en los países de antigua industrialización, a los que se han añadido de modo significativo muchos países emergentes, que han adquirido una cierta relevancia. Sin embargo, hay otros países de renta baja que siguen estando gravemente marginados respecto a los flujos comerciales. Su crecimiento se ha resentido por la rápida disminución de los precios de las materias primas registrada en las últimas décadas, que constituyen la casi totalidad de sus exportaciones. En estos países, la mayoría africanos, la dependencia de las exportaciones de las materias primas sigue siendo un fuerte factor de riesgo. Quisiera renovar un llamamiento para que todos los países tengan las mismas posibilidades de acceso al mercado mundial, evitando exclusiones y marginaciones
10. Se puede hacer una reflexión parecida sobre las finanzas, que atañe a uno de los aspectos principales del fenómeno de la globalización, gracias al desarrollo de la electrónica y a las políticas de liberalización de los flujos de dinero entre los diversos países. La función objetivamente más importante de las finanzas, el sostener a largo plazo la posibilidad de inversiones y, por tanto, el desarrollo, se manifiesta hoy muy frágil: se resiente de los efectos negativos de un sistema de intercambios financieros –en el plano nacional y global– basado en una lógica a muy corto plazo, que busca el incremento del valor de las actividades financieras y se concentra en la gestión técnica de las diversas formas de riesgo. La reciente crisis demuestra también que la actividad financiera está guiada a veces por criterios meramente autorrefenciales, sin consideración del bien común a largo plazo. La reducción de los objetivos de los operadores financieros globales a un brevísimo plazo de tiempo reduce la capacidad de las finanzas para desempeñar su función de puente entre el presente y el futuro, con vistas a sostener la creación de nuevas oportunidades de producción y de trabajo a largo plazo. Una finanza restringida al corto o cortísimo plazo llega a ser peligrosa para todos, también para quien logra beneficiarse de ella durante las fases de euforia financiera.
11. De todo esto se desprende que la lucha contra la pobreza requiere una cooperación tanto en el plano económico como en el jurídico que permita a la comunidad internacional, y en particular a los países pobres, descubrir y poner en práctica soluciones coordinadas para afrontar dichos problemas, estableciendo un marco jurídico eficaz para la economía. Exige también incentivos para crear instituciones eficientes y participativas, así como ayudas para luchar contra la criminalidad y promover una cultura de la legalidad. Por otro lado, es innegable que las políticas marcadamente asistencialistas están en el origen de muchos fracasos en la ayuda a los países pobres. Parece que, actualmente, el verdadero proyecto a medio y largo plazo sea el invertir en la formación de las personas y en desarrollar de manera integrada una cultura de la iniciativa. Si bien las actividades económicas necesitan un contexto favorable para su desarrollo, esto no significa que se deba distraer la atención de los problemas del beneficio. Aunque se haya subrayado oportunamente que el aumento de la renta per capita no puede ser el fin absoluto de la acción político-económica, no se ha de olvidar, sin embargo, que ésta representa un instrumento importante para alcanzar el objetivo de la lucha contra el hambre y la pobreza absoluta. Desde este punto de vista, no hay que hacerse ilusiones pensando que una política de pura redistribución de la riqueza existente resuelva el problema de manera definitiva. En efecto, el valor de la riqueza en una economía moderna depende de manera determinante de la capacidad de crear rédito presente y futuro. Por eso, la creación de valor resulta un vínculo ineludible, que se debe tener en cuenta si se quiere luchar de modo eficaz y duradero contra la pobreza material.
12. Finalmente, situar a los pobres en el primer puesto comporta que se les dé un espacio adecuado para una correcta lógica económica por parte de los agentes del mercado internacional, una correcta lógica política por parte de los responsables institucionales y una correcta lógica participativa capaz de valorizar la sociedad civil local e internacional. Los organismos internacionales mismos reconocen hoy la valía y la ventaja de las iniciativas económicas de la sociedad civil o de las administraciones locales para promover la emancipación y la inclusión en la sociedad de las capas de población que a menudo se encuentran por debajo del umbral de la pobreza extrema y a las que, al mismo tiempo, difícilmente pueden llegar las ayudas oficiales. La historia del desarrollo económico del siglo XX enseña cómo buenas políticas de desarrollo se han confiado a la responsabilidad de los hombres y a la creación de sinergias positivas entre mercados, sociedad civil y Estados. En particular, la sociedad civil asume un papel crucial en el proceso de desarrollo, ya que el desarrollo es esencialmente un fenómeno cultural y la cultura nace y se desarrolla en el ámbito de la sociedad civil.
13. Como ya afirmó mi venerado Predecesor Juan Pablo II, la globalización «se presenta con una marcada nota de ambivalencia» y, por tanto, ha de ser regida con prudente sabiduría. De esta sabiduría, forma parte el tener en cuenta en primer lugar las exigencias de los pobres de la tierra, superando el escándalo de la desproporción existente entre los problemas de la pobreza y las medidas que los hombres adoptan para afrontarlos. La desproporción es de orden cultural y político, así como espiritual y moral. En efecto, se limita a menudo a las causas superficiales e instrumentales de la pobreza, sin referirse a las que están en el corazón humano, como la avidez y la estrechez de miras. Los problemas del desarrollo, de las ayudas y de la cooperación internacional se afrontan a veces como meras cuestiones técnicas, que se agotan en establecer estructuras, poner a punto acuerdos sobre precios y cuotas, en asignar subvenciones anónimas, sin que las personas se involucren verdaderamente. En cambio, la lucha contra la pobreza necesita hombres y mujeres que vivan en profundidad la fraternidad y sean capaces de acompañar a las personas, familias y comunidades en el camino de un auténtico desarrollo humano.
Conclusión
14. En la Encíclica Centesimus annus, Juan Pablo II advirtió sobre la necesidad de «abandonar una mentalidad que considera a los pobres –personas y pueblos– como un fardo o como molestos e importunos, ávidos de consumir lo que los otros han producido». «Los pobres –escribe– exigen el derecho de participar y gozar de los bienes materiales y de hacer fructificar su capacidad de trabajo, creando así un mundo más justo y más próspero para todos». En el mundo global actual, aparece con mayor claridad que solamente se construye la paz si se asegura la posibilidad de un crecimiento razonable. En efecto, las tergiversaciones de los sistemas injustos antes o después pasan factura a todos. Por tanto, únicamente la necedad puede inducir a construir una casa dorada, pero rodeada del desierto o la degradación. Por sí sola, la globalización es incapaz de construir la paz, más aún, genera en muchos casos divisiones y conflictos. La globalización pone de manifiesto más bien una necesidad: la de estar orientada hacia un objetivo de profunda solidaridad, que tienda al bien de todos y cada uno. En este sentido, hay que verla como una ocasión propicia para realizar algo importante en la lucha contra la pobreza y para poner a disposición de la justicia y la paz recursos hasta ahora impensables.
15. La Doctrina Social de la Iglesia se ha interesado siempre por los pobres. En tiempos de la Encíclica Rerum novarum, éstos eran sobre todo los obreros de la nueva sociedad industrial; en el magisterio social de Pío XI, Pío XII, Juan XXIII, Pablo VI y Juan Pablo II se han detectado nuevas pobrezas a medida que el horizonte de la cuestión social se ampliaba, hasta adquirir dimensiones mundiales. Esta ampliación de la cuestión social hacia la globalidad hay que considerarla no sólo en el sentido de una extensión cuantitativa, sino también como una profundización cualitativa en el hombre y en las necesidades de la familia humana. Por eso la Iglesia, a la vez que sigue con atención los actuales fenómenos de la globalización y su incidencia en las pobrezas humanas, señala nuevos aspectos de la cuestión social, no sólo en extensión, sino también en profundidad, en cuanto conciernen a la identidad del hombre y su relación con Dios. Son principios de la doctrina social que tienden a clarificar las relaciones entre pobreza y globalización, y a orientar la acción hacia la construcción de la paz. Entre estos principios conviene recordar aquí, de modo particular, el «amor preferencial por los pobres», a la luz del primado de la caridad, atestiguado por toda la tradición cristiana, comenzando por la de la Iglesia primitiva (cf. Hch 4,32-36; 1 Co 16,1; 2 Co 8-9; Ga 2,10).
«Que se ciña cada cual a la parte que le corresponde», escribía León XIII en 1891, añadiendo: «Por lo que respecta a la Iglesia, nunca ni bajo ningún aspecto regateará su esfuerzo». Esta convicción acompaña también hoy el quehacer de la Iglesia para con los pobres, en los cuales contempla a Cristo, sintiendo cómo resuena en su corazón el mandato del Príncipe de la paz a los Apóstoles: «Vos date illis manducare – dadles vosotros de comer» (Lc 9,13). Así pues, fiel a esta exhortación de su Señor, la comunidad cristiana no dejará de asegurar a toda la familia humana su apoyo a las iniciativas de una solidaridad creativa, no sólo para distribuir lo superfluo, sino cambiando «sobre todo los estilos de vida, los modelos de producción y de consumo, las estructuras consolidadas de poder que rigen hoy la sociedad». Por consiguiente, dirijo al comienzo de un año nuevo una calurosa invitación a cada discípulo de Cristo, así como a toda persona de buena voluntad, para que ensanche su corazón hacia las necesidades de los pobres, haciendo cuanto le sea concretamente posible para salir a su encuentro. En efecto, sigue siendo incontestablemente verdadero el axioma según el cual «combatir la pobreza es construir la paz».
Vaticano, 8 de diciembre de 2008
BENEDICTUS PP. XVI
Autor: Benedicto XVI- Fecha: 2008-12-31

Carta a los obispos

CARTA DE SU SANTIDAD BENEDICTO XVI

A LOS OBISPOS DE LA IGLESIA CATÓLICA

sobre la remisión de la excomunión

de los cuatro Obispos consagrados por el Arzobispo Lefebvre

Queridos Hermanos en el ministerio episcopal

La remisión de la excomunión a los cuatro Obispos consagrados en el año 1988 por el Arzobispo Lefebvre sin mandato de la Santa Sede, ha suscitado por múltiples razones dentro y fuera de la Iglesia católica una discusión de una vehemencia como no se había visto desde hace mucho tiempo. Muchos Obispos se han sentido perplejos ante un acontecimiento sucedido inesperadamente y difícil de encuadrar positivamente en las cuestiones y tareas de la Iglesia de hoy. A pesar de que muchos Obispos y fieles estaban dispuestos en principio a considerar favorablemente la disposición del Papa a la reconciliación, a ello se contraponía sin embargo la cuestión sobre la conveniencia de dicho gesto ante las verdaderas urgencias de una vida de fe en nuestro tiempo. Algunos grupos, en cambio, acusaban abiertamente al Papa de querer volver atrás, hasta antes del Concilio. Se desencadenó así una avalancha de protestas, cuya amargura mostraba heridas que se remontaban más allá de este momento. Por eso, me siento impulsado a dirigiros a vosotros, queridos Hermanos, una palabra clarificadora, que debe ayudar a comprender las intenciones que me han guiado en esta iniciativa, a mí y a los organismos competentes de la Santa Sede. Espero contribuir de este modo a la paz en la Iglesia.

Una contrariedad para mí imprevisible fue el hecho de que el caso Williamson se sobrepusiera a la remisión de la excomunión. El gesto discreto de misericordia hacia los cuatro Obispos, ordenados válidamente pero no legítimamente, apareció de manera inesperada como algo totalmente diverso: como la negación de la reconciliación entre cristianos y judíos y, por tanto, como la revocación de lo que en esta materia el Concilio había aclarado para el camino de la Iglesia. Una invitación a la reconciliación con un grupo eclesial implicado en un proceso de separación, se transformó así en su contrario: un aparente volver atrás respecto a todos los pasos de reconciliación entre los cristianos y judíos que se han dado a partir del Concilio, pasos compartidos y promovidos desde el inicio como un objetivo de mi trabajo personal teológico. Que esta superposición de dos procesos contrapuestos haya sucedido y, durante un tiempo haya enturbiado la paz entre cristianos y judíos, así como también la paz dentro de la Iglesia, es algo que sólo puedo lamentar profundamente. Me han dicho que seguir con atención las noticias accesibles por Internet habría dado la posibilidad de conocer tempestivamente el problema. De ello saco la lección de que, en el futuro, en la Santa Sede deberemos prestar más atención a esta fuente de noticias. Me ha entristecido el hecho de que también los católicos, que en el fondo hubieran podido saber mejor cómo están las cosas, hayan pensado deberme herir con una hostilidad dispuesta al ataque. Justamente por esto doy gracias a los amigos judíos que han ayudado a deshacer rápidamente el malentendido y a restablecer la atmósfera de amistad y confianza que, como en el tiempo del Papa Juan Pablo II, también ha habido durante todo el período de mi Pontificado y, gracias a Dios, sigue habiendo.

Otro desacierto, del cual me lamento sinceramente, consiste en el hecho de que el alcance y los límites de la iniciativa del 21 de enero de 2009 no se hayan ilustrado de modo suficientemente claro en el momento de su publicación. La excomunión afecta a las personas, no a las instituciones. Una ordenación episcopal sin el mandato pontificio significa el peligro de un cisma, porque cuestiona la unidad del colegio episcopal con el Papa. Por esto, la Iglesia debe reaccionar con la sanción más dura, la excomunión, con el fin de llamar a las personas sancionadas de este modo al arrepentimiento y a la vuelta a la unidad. Por desgracia, veinte años después de la ordenación, este objetivo no se ha alcanzado todavía. La remisión de la excomunión tiende al mismo fin al que sirve la sanción: invitar una vez más a los cuatro Obispos al retorno. Este gesto era posible después de que los interesados reconocieran en línea de principio al Papa y su potestad de Pastor, a pesar de las reservas sobre la obediencia a su autoridad doctrinal y a la del Concilio. Con esto vuelvo a la distinción entre persona e institución. La remisión de la excomunión ha sido un procedimiento en el ámbito de la disciplina eclesiástica: las personas venían liberadas del peso de conciencia provocado por la sanción eclesiástica más grave. Hay que distinguir este ámbito disciplinar del ámbito doctrinal. El hecho de que la Fraternidad San Pío X no posea una posición canónica en la Iglesia, no se basa al fin y al cabo en razones disciplinares sino doctrinales. Hasta que la Fraternidad non tenga una posición canónica en la Iglesia, tampoco sus ministros ejercen ministerios legítimos en la Iglesia. Por tanto, es preciso distinguir entre el plano disciplinar, que concierne a las personas en cuanto tales, y el plano doctrinal, en el que entran en juego el ministerio y la institución. Para precisarlo una vez más: hasta que las cuestiones relativas a la doctrina no se aclaren, la Fraternidad no tiene ningún estado canónico en la Iglesia, y sus ministros, no obstante hayan sido liberados de la sanción eclesiástica, no ejercen legítimamente ministerio alguno en la Iglesia.

A la luz de esta situación, tengo la intención de asociar próximamente la Pontificia Comisión "Ecclesia Dei", institución competente desde 1988 para esas comunidades y personas que, proviniendo de la Fraternidad San Pío X o de agrupaciones similares, quieren regresar a la plena comunión con el Papa, con la Congregación para la Doctrina de la Fe. Con esto se aclara que los problemas que deben ser tratados ahora son de naturaleza esencialmente doctrinal, y se refieren sobre todo a la aceptación del Concilio Vaticano II y del magisterio postconciliar de los Papas. Los organismos colegiales con los cuales la Congregación estudia las cuestiones que se presentan (especialmente la habitual reunión de los Cardenales el miércoles y la Plenaria anual o bienal) garantizan la implicación de los Prefectos de varias Congregaciones romanas y de los representantes del Episcopado mundial en las decisiones que se hayan de tomar. No se puede congelar la autoridad magisterial de la Iglesia al año 1962, lo cual debe quedar bien claro a la Fraternidad. Pero a algunos de los que se muestran como grandes defensores del Concilio se les debe recordar también que el Vaticano II lleva consigo toda la historia doctrinal de la Iglesia. Quien quiere ser obediente al Concilio, debe aceptar la fe profesada en el curso de los siglos y no puede cortar las raíces de las que el árbol vive.

Espero, queridos Hermanos, que con esto quede claro el significado positivo, como también sus límites, de la iniciativa del 21 de enero de 2009. Sin embargo, queda ahora la cuestión: ¿Era necesaria tal iniciativa? ¿Constituía realmente una prioridad? ¿No hay cosas mucho más importantes? Ciertamente hay cosas más importantes y urgentes. Creo haber señalado las prioridades de mi Pontificado en los discursos que pronuncié en sus comienzos. Lo que dije entonces sigue siendo de manera inalterable mi línea directiva. La primera prioridad para el Sucesor de Pedro fue fijada por el Señor en el Cenáculo de manera inequívoca: "Tú… confirma a tus hermanos" (Lc 22,32). El mismo Pedro formuló de modo nuevo esta prioridad en su primera Carta: "Estad siempre prontos para dar razón de vuestra esperanza a todo el que os la pidiere" (1 Pe 3,15). En nuestro tiempo, en el que en amplias zonas de la tierra la fe está en peligro de apagarse como una llama que no encuentra ya su alimento, la prioridad que está por encima de todas es hacer presente a Dios en este mundo y abrir a los hombres el acceso a Dios. No a un dios cualquiera, sino al Dios que habló en el Sinaí; al Dios cuyo rostro reconocemos en el amor llevado hasta el extremo (cf. Jn 13,1), en Jesucristo crucificado y resucitado. El auténtico problema en este momento actual de la historia es que Dios desaparece del horizonte de los hombres y, con el apagarse de la luz que proviene de Dios, la humanidad se ve afectada por la falta de orientación, cuyos efectos destructivos se ponen cada vez más de manifiesto.

Conducir a los hombres hacia Dios, hacia el Dios que habla en la Biblia: Ésta es la prioridad suprema y fundamental de la Iglesia y del Sucesor de Pedro en este tiempo. De esto se deriva, como consecuencia lógica, que debemos tener muy presente la unidad de los creyentes. En efecto, su discordia, su contraposición interna, pone en duda la credibilidad de su hablar de Dios. Por eso, el esfuerzo con miras al testimonio común de fe de los cristianos –al ecumenismo- está incluido en la prioridad suprema. A esto se añade la necesidad de que todos los que creen en Dios busquen juntos la paz, intenten acercarse unos a otros, para caminar juntos, incluso en la diversidad de su imagen de Dios, hacia la fuente de la Luz. En esto consiste el diálogo interreligioso. Quien anuncia a Dios como Amor "hasta el extremo" debe dar testimonio del amor. Dedicarse con amor a los que sufren, rechazar el odio y la enemistad, es la dimensión social de la fe cristiana, de la que hablé en la Encíclica Deus caritas est.

Por tanto, si el compromiso laborioso por la fe, por la esperanza y el amor en el mundo es en estos momentos (y, de modos diversos, siempre) la auténtica prioridad para la Iglesia, entonces también forman parte de ella las reconciliaciones pequeñas y medianas. Que el humilde gesto de una mano tendida haya dado lugar a un revuelo tan grande, convirtiéndose precisamente así en lo contrario de una reconciliación, es un hecho del que debemos tomar nota. Pero ahora me pregunto: ¿Era y es realmente una equivocación, también en este caso, salir al encuentro del hermano que "tiene quejas contra ti" (cf. Mt 5,23s) y buscar la reconciliación? ¿Acaso la sociedad civil no debe intentar también prevenir las radicalizaciones y reintegrar a sus eventuales partidarios –en la medida de lo posible- en las grandes fuerzas que plasman la vida social, para evitar su segregación con todas sus consecuencias? ¿Puede ser totalmente desacertado el comprometerse en la disolución de las rigideces y restricciones, para dar espacio a lo que haya de positivo y recuperable para el conjunto? Yo mismo he visto en los años posteriores a 1988 cómo, mediante el regreso de comunidades separadas anteriormente de Roma, ha cambiado su clima interior; cómo el regreso a la gran y amplia Iglesia común ha hecho superar posiciones unilaterales y ablandado rigideces, de modo que luego han surgido fuerzas positivas para el conjunto. ¿Puede dejarnos totalmente indiferentes una comunidad en la cual hay 491 sacerdotes, 215 seminaristas, 6 seminarios, 88 escuelas, 2 institutos universitarios, 117 hermanos, 164 hermanas y millares de fieles? ¿Debemos realmente dejarlos tranquilamente ir a la deriva lejos de la Iglesia? Pienso por ejemplo en los 491 sacerdotes. No podemos conocer la trama de sus motivaciones. Sin embargo, creo que no se hubieran decidido por el sacerdocio si, junto a varios elementos distorsionados y enfermos, no existiera el amor por Cristo y la voluntad de anunciarlo y, con Él, al Dios vivo. ¿Podemos simplemente excluirlos, como representantes de un grupo marginal radical, de la búsqueda de la reconciliación y de la unidad? ¿Qué será de ellos luego?

Ciertamente, desde hace mucho tiempo y después una y otra vez, en esta ocasión concreta hemos escuchado de representantes de esa comunidad muchas cosas fuera de tono: soberbia y presunción, obcecaciones sobre unilateralismos, etc. Por amor a la verdad, debo añadir que he recibido también una serie de impresionantes testimonios de gratitud, en los cuales se percibía una apertura de los corazones. ¿Acaso no debe la gran Iglesia permitirse ser también generosa, siendo consciente de la envergadura que posee; en la certeza de la promesa que le ha sido confiada? ¿No debemos como buenos educadores ser capaces también de dejar de fijarnos en diversas cosas no buenas y apresurarnos a salir fuera de las estrecheces? ¿Y acaso no debemos admitir que también en el ámbito eclesial se ha dado alguna salida de tono? A veces se tiene la impresión de que nuestra sociedad tenga necesidad de un grupo al menos con el cual no tener tolerancia alguna; contra el cual pueda tranquilamente arremeter con odio. Y si alguno intenta acercársele –en este caso el Papa- también él pierde el derecho a la tolerancia y puede también ser tratado con odio, sin temor ni reservas.

Queridos Hermanos, por circunstancias fortuitas, en los días en que me vino a la mente escribir esta carta, tuve que interpretar y comentar en el Seminario Romano el texto de Ga 5,13-15. Percibí con sorpresa la inmediatez con que estas frases nos hablan del momento actual: «No una libertad para que se aproveche el egoísmo; al contrario, sed esclavos unos de otros por amor. Porque toda la ley se concentra en esta frase: "Amarás al prójimo como a ti mismo". Pero, atención: que si os mordéis y devoráis unos a otros, terminaréis por destruiros mutuamente». Siempre fui propenso a considerar esta frase como una de las exageraciones retóricas que a menudo se encuentran en San Pablo. Bajo ciertos aspectos puede ser también así. Pero desgraciadamente este "morder y devorar" existe también hoy en la Iglesia como expresión de una libertad mal interpretada. ¿Sorprende acaso que tampoco nosotros seamos mejores que los Gálatas? Que ¿quizás estemos amenazados por las mismas tentaciones? ¿Que debamos aprender nuevamente el justo uso de la libertad? ¿Y que una y otra vez debamos aprender la prioridad suprema: el amor? En el día en que hablé de esto en el Seminario Mayor, en Roma se celebraba la fiesta de la Virgen de la Confianza. En efecto, María nos enseña la confianza. Ella nos conduce al Hijo, del cual todos nosotros podemos fiarnos. Él nos guiará, incluso en tiempos turbulentos. De este modo, quisiera dar las gracias de corazón a todos los numerosos Obispos que en este tiempo me han dado pruebas conmovedoras de confianza y de afecto y, sobre todo, me han asegurado sus oraciones. Este agradecimiento sirve también para todos los fieles que en este tiempo me han dado prueba de su fidelidad intacta al Sucesor de San Pedro. El Señor nos proteja a todos nosotros y nos conduzca por la vía de la paz. Es un deseo que me brota espontáneo del corazón al comienzo de esta Cuaresma, que es un tiempo litúrgico particularmente favorable a la purificación interior y que nos invita a todos a mirar con esperanza renovada al horizonte luminoso de la Pascua.

Con una especial Bendición Apostólica me confirmo

Vuestro en el Señor

Benedictus PP. XVI

[Traducción distribuida por la Santa Sede

jueves, 12 de marzo de 2009

¿que son las Constelaciones Familiares?

Constelaciones Familiares es un tipo de Terapia Sistemica Familiar desarrollado por Bert Hellinger.
Gran partede los problemas psicológicos vienen de nuestra historia y relación familiar. El hijo, por amor ciego, adopta reacciones y soporta cargas que le dificultarán la vida de adulto. Las Constelaciones saca a la luz la dinámica que causa el sufrimiento y, si se dan las circunstancias , la corrige en el mismo momento.
Esta Terapia se diferencia de otras por su extrema rapidez. Cada vez más psicólogos, psiquiatras y psicoanalistas se interesan por las Constelaciones Familiares como herramienta terapeutica.
El Método de trabajo se fundamenta en trabajar con en grupo (aunque también existen las sesiones individuales).
El alcance del trabajo no se limita a la persona que ha hecho su Constelación, sino también a su sistema familiar, ya que cuando un elemento del sistema se mueve, todos se recolocan a su vez, encontrando un mejor equilibrio. Asimismo, el trabajo de una persona en su Constelación también afecta al resto de participantes del Taller, ya que muchísimas problemáticas son comunes, en menor o mayor grado, a las del resto de participantes.
Bert Hellinger
Nacido en 1925, estudió filosofía
, teología, y pedagogía. Posteriormente, se hizo psicoanalista y profundizó también en la Dinámica de Grupos, Terapia Primaria, Análisis Transaccional, y diversos métodos hipnoterapéuticos. Tras 16 años trabajando en Sudáfrica como misionero católico, desarrolló su propia Terapia Sistemica Familiar: las Constelaciones Familiares.

martes, 24 de febrero de 2009


MENSAJE DE BENEDICTO XVI.
JORNADA MUNDIAL DE LA PAZ 1 ENERO 2009
MENSAJE DE SU SANTIDAD BENEDICTO XVI

PARA LA CELEBRACIÓN DE LA JORNADA
MUNDIAL DE LA PAZ

COMBATIR LA POBREZA, CONSTRUIR LA PAZ



1. También en este año nuevo que comienza, deseo hacer llegar a todos mis mejores deseos de paz, e invitar con este Mensaje a reflexionar sobre el tema: Combatir la pobreza, construir la paz. Mi venerado predecesor Juan Pablo II, en el Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz de 1993, subrayó ya las repercusiones negativas que la situación de pobreza de poblaciones enteras acaba teniendo sobre la paz. En efecto, la pobreza se encuentra frecuentemente entre los factores que favorecen o agravan los conflictos, incluidas la contiendas armadas. VER TODO

lunes, 9 de febrero de 2009

CARITAS IN VERITATIS

La verdad y la caridad en el desarrollo de los pueblos.

La encíclica se abre con una introducción profundamente teológica sobre la dinámica de la verdad y la caridad y su relación con la cuestión social . Establece un principio clave que se desliza por todo el cuerpo de la encíclica: “Se ha de buscar, encontrar y expresar la verdad en la economía de la caridad, pero, a su vez, se ha de entender, valorar y practicar la caridad a la luz de la verdad” ..

Bien dice el Papa que “sin verdad, la caridad cae en el sentimentalismo” pero también afirma que “sólo con la caridad, iluminada por la luz de la razón y de la fe, es posible conseguir objetivos de desarrollo con un carácter más humano y humanizador… Sólo la fuerza del amor vence al mal con el bien (Rom.12,11) y abre la conciencia del ser humano a relaciones recíprocas de libertad y de responsabilidad” . Sólo empapando la verdad de bondad y presentándola con el resplandor de su belleza se puede ir logrando un consenso casi universal.

En el capítulo primero Benedicto XVI reactualiza el mensaje de la encíclica “El desarrollo de los pueblos”. Pone en relieve sus dos grandes verdades: “La primera es que toda la Iglesia en todo su ser y obrar, cuando anuncia, celebra y actúa en la caridad, tiende a promover el desarrollo integral del hombre” . La segunda: “es que el auténtico desarrollo del hombre concierne de manera unitaria a la totalidad de la persona en todas sus dimensiones” La relaciona luego con la doctrina social del Concilio Vaticano II y afirma: “No hay dos tipos de doctrina social, una preconciliar y otra postconciliar, diferentes entre sí, sino una única enseñanza, coherente y al mismo tiempo siempre nueva” .

El Papa afirma que la Iglesia habla del desarrollo, porque éste, como lo declaró magistralmente Pablo VI, es una vocación de todo hombre y de toda la humanidad. Por eso la Iglesia habla del mismo y declara que por ser vocación ha de ser integral .


El capítulo segundo se centra en echar una mirada profunda y penetrante sobre el proceso del desarrollo en el mundo actual . El Papa precisa con claridad el sentido y la finalidad de las ganancias económicas: “La ganancia es útil si, como medio, se orienta a un fin que le de un sentido, tanto en el modo de adquirirla como de utilizarla. El objetivo exclusivo del beneficio, cuando es obtenido mal y sin el bien común como fin último, corre el riesgo de destruir riqueza y crear pobreza” .
Lo que la crisis económica y financiera, que hoy sacude el mundo, lo comprueba fehacientemente.

A continuación Benedicto XVI se explaya en mostrar cómo un desarrollo económico unilateral ha provocado estas desviaciones y problemas dramáticos. Y deja un mensaje de esperanza: que esta “crisis se convierta en ocasión de discernir y proyectar de un modo nuevo” dando lugar “a una nueva síntesis humanista” . Esto se puede ir logrando si la humanidad, y sobre todo sus conductores de todo tipo aceptan como fundamento esencial de todo desarrollo integral y duradero que “el primer capital que se ha de salvaguardar y valorar es el hombre –todo y todos-, la persona en su integridad” Y para lograrlo no basta el saber. Este “puede reducirse a cálculo y experimentación, pero si quiere ser sabiduría capaz de orientar al hombre a la luz de los primeros principios y de su fin último, ha de ser “sazonado” con la “sal” de la caridad. Sin el saber, el hacer es ciego, y el saber es estéril sin el amor… No existe la inteligencia y después el amor: existe el amor rico en inteligencia y la inteligencia llena de amor” .

En conclusión “la caridad y la verdad nos plantean un compromiso inédito y creativo, ciertamente muy vasto y complejo. Se trata de ensanchar la razón y hacerla capaz de conocer y orientar estas nuevas e imponentes dinámicas, animándolas en la perspectiva de esa “civilización
del amor”, de la cual Dios ha puesto la semilla en cada pueblo y cada cultura” .

domingo, 6 de noviembre de 2005

LA VID VERDADERA


EVANGELIO DEL DOMINGO 6 DE MAYO DEL 2012
Jn 15, 1-8
Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan.
Durante la última Cena, Jesús dijo a sus discípulos: Yo soy la verdadera vid y mi Padre es el viñador. Él corta todos mis sarmientos que no dan fruto; al que da fruto, lo poda para que dé más todavía. Ustedes ya están limpios por la palabra que yo les anuncié. Permanezcan en mí, como yo permanezco en ustedes. Así como el sarmiento no puede dar fruto si no permanece en la vid, tampoco ustedes, si no permanecen en mí. Yo soy la vid, ustedes los sarmientos. El que permanece en mí, y yo en él, da mucho fruto, porque separados de mí, nada pueden hacer. Pero el que no permanece en mí, es como el sarmiento que se tira y se seca; después se recoge, se arroja al fuego y arde. Si ustedes permanecen en mí y mis palabras permanecen en ustedes, pidan lo que quieran y lo obtendrán. La gloria de mi Padre consiste en que ustedes den fruto abundante, y así sean mis discípulos.
Palabra del Señor.
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EL SERMÓN DE LA CENA
El evangelio de san Juan tiene diferencias muy marcadas con respecto a los otros evangelios. Una de ellas es que el autor no se contenta con reproducir más o menos literalmente las palabras pronunciadas por Jesús y conservadas por la tradición de la comunidad primitiva, sino que a partir de esas palabras y de esas tradiciones ofrece a los lectores largos desarrollos que permiten contemplar las profundidades que se ocultaban en esos dichos.
 El autor del evangelio, guiado e iluminado por el Espíritu Santo, alcanza con su mirada hasta donde ninguno de los otros evangelistas había llegado. Por esa razón, desde muy antiguo, se ha elegido el águila como el signo con el que se representa el evangelio de san Juan, por la altura y la majestuosidad de su vuelo. En este evangelio se narra una cena de Jesús celebrada antes de la fiesta de la Pascua, en la que el Señor se extiende en un largo discurso. Para componer este discurso, el autor del Evangelio ha desarrollado y profundizado expresiones de Jesús que daban a entender de manera velada cual es la relación que hay entre El y el Padre, y entre El y los discípulos.

La comunidad llegó a comprender el sentido de esas expresiones sino después de la venida del Espíritu Santo. Con esta mayor comprensión, el autor del evangelio ha compuesto este discurso. Este hermoso texto que se proclama en la misa de este domingo pertenece a ese largo discurso que sigue a la Última Cena en el evangelio de san Juan. Se trata de una comparación o alegoría, semejante a otras igualmente encabezadas por la expresión "Yo soy" que se encuentran en el mismo evangelio. Y en las que Jesús se presenta como el pan, la luz, la puerta, el pastor, la resurrección y la vida, el camino, verdad y la vida. La vid. Estas metáforas expresan cual es la relación que existe entre Cristo y los hombres redimidos por Él.
En la lectura del domingo pasado, Jesús se presentaba como un Pastor Y decía que era el bueno, es decir el auténtico: “Yo soy el buen Pastor". En este caso la comparación es con una vid, que es llamada “verdadera". 
En la Misa de este domingo sólo se lee la primera parte de éste texto en el que se describen los distintos rasgos de la vid. En los fragmentos que siguen, la comparación se prolonga por medio de dos desarrollos en los que aplica las conclusiones: en un primer desarrollo - que se leerá el próximo domingo - la comparación con la vid se extiende sobre el aspecto del amor. El segundo desarrollo, que este año se omite, ofrece la contemplación desde el punto de vista del odio. Unido con Cristo por la fe, el creyente forma una sola realidad con El, y por eso recibe en si el amor del Padre (primer desarrollo)y el odio del mundo (segundo desarrollo).
LA VID VERDADERA 

Jesús se presenta como una vid. Esta imagen, además de ser muy familiar en el ambiente palestinense, tiene un lugar de privilegio en los textos del Antiguo Testamento. Dadas las condiciones del terreno y del clima en Israel, la viña es una plantación que exige mucho cuidado. 
Por esa razón, hablar de una vid o de una viña equivale a mencionar una propiedad por la que el dueño se desvive y cuida de una manera muy especial. De ahí se sigue que la vid y la viña aparecen con frecuencia en la Biblia para representar a Israel, el pueblo de Dios. A veces se muestra el amor de Dios por su pueblo comparándolo con una vid que el Señor trasplantó desde Egipto, plantó cuidadosamente y rodeo de toda clase de cuidados para que se extienda y cubra un extenso territorio.
 Pero otras veces la viña o la vid debía ser reprendida porque no daba los frutos esperados y no respondía al cuidado que se le había prodigado. La viña del Antiguo Testamento es el pueblo de Israel, como lo dice explícitamente el profeta Isaías. Se pertenece a esta viña por el nacimiento, los miembros del pueblo están unidos por vínculos de sangre. y se tiene clara conciencia de que los extranjeros están excluidos de ella. Ahora Jesús habla de la vid, pero añadiendo que Él es la vid "verdadera". Con esta aclaración, la vid del Antiguo Testamento queda como una figura profética de esta realidad nueva que es Cristo. 
De la misma manera el evangelista ha identificado antes a Jesús con la luz verdadera, y en palabras de Jesús, Él mismo es el pan verdadero. El domingo pasado oímos que Jesús es el Buen Pastor, con lo que se quería decir que era el Pastor autentico y no el falso o aparente. En la vid verdadera la pertenencia a la planta no se da por razones de sangre sino por la adhesión de la fe. Todos los creyentes en Cristo -judíos o no judíos - son los sarmientos de esta vid y participan de su vida. La Única condición es permanecer en la vid. Con esta palabra 'permanecer', que el evangelio de san Juan usa con mucha frecuencia, no se indica solamente el mantenerse presente. 
En san Juan este termino incluye, además de la presencia, la unión reciproca, el mutuo conocimiento y amor, a semejanza de la unión entre el Padre y el Hijo, ya que Jesús también dice que el Padre permanece en Él y El permanece en el amor del Padre.

LOS FRUTOS
Así como el amor del Padre está en Cristo y lo lleva a entregar su vida para que todos tengan vida, de la misma manera el discípulo que permanece en Cristo recibe, junto con la vida divina, la fuerza del amor que proviene de Dios. Este amor lo impulsa a poner su vida al servicio de los otros e incluso a entregarla, como Jesús, para que todos puedan tener vida. La pertenencia a La vid produce alegría y gloria en los discípulos. Pero esto no es lo único. Como sucede con las ramas de la vid, lo importante es que den frutos. La vida y el amor que reciben los discípulos deben exteriorizarse en obras salvadoras para beneficio de todos los demás. El discípulo, unido a Cristo ("permaneciendo en El"), también debe dar frutos. 

En otra parte del evangelio se ha hablado de los frutos que produce Jesucristo: en la comparación con el grano de trigo se dice que el grano muere y produce mucho fruto. El fruto que Jesucristo produce es la vida eterna para todos los hombres que creen en El. 
La alegoría de la vid nos muestra que la obra apostólica es en realidad una tarea que realiza Jesucristo por medio de los hombres unidos a el. Nadie puede atribuirse nada, así como las ramas no pueden decir que son ellas las que producen los racimos. Todo el discurso sobre la vid tiende hacia la producción de los frutos. En el libro del profeta Isaías se le reprocha a la viña Israel porque dio frutos agrios. Jesús habla de sus ramas que no dan fruto y de aquellas otras que los dan. Con palabras tomadas del profeta Ezequiel amenaza a las primeras con cortarlas y echarlas al fuego. Pero a las que dan fruto les anuncia una poda para que puedan abundar más. 

La fuerza purificadora de la palabra de Cristo obrara en los discípulos para que produzcan mayores frutos. Para poder llevar a cabo su entrega y obtener frutos, el discípulo debe someterse constantemente a la poda, es decir a la purificación que la palabra del evangelio realiza en él. Se trata de la santificación que permanentemente se debe ir adquiriendo de modo que la unión con el Señor sea cada vez más intensa, y la disponibilidad para servir a los hermanos se realice con mayor libertad y sin trabas de ninguna clase.
SEPARADOS DE Mí...
Es muy fácil comprender que las ramas no podrían hacer nada sin la planta que hunde sus raíces en la tierra para extraer la humedad y que transmite la savia vital. De la misma manera nosotros, separados de Cristo, no podemos hacer nada en la obra de salvación de los hombres. Es muy grande la tentación de querer hacer "nuestra" obra, como también la de atribuir a nuestra capacidad los resultados positives que puedan encontrarse al final de una tarea. San Pablo, hablando de la evangelización de la comunidad de Corinto dice: "Yo planté y Apolo regó, pero el que ha hecho crecer es Dios. Ni el que planta ni el que riega valen algo, sino Dios, que hace crecer". El evangelio nos dice que el Padre esta en Cristo y realiza las obras. De la misma manera Cristo está realizando diariamente su obra de salvación por medio de los cristianos que actúan en el mundo. Esto nos hace tomar conciencia de la necesidad de nuestra santificación, mediante la búsqueda de una mayor unión con el Señor, para que de esa manera El pueda actuar mejor en nosotros y por medio de nosotros. 



LA GLORIA DE DIOS
La gloria es la manifestación exterior de la presencia de Dios. Cristo, muriendo y resucitando para la salvación de los hombres, en un gesto de total obediencia al Padre, realiza una obra que glorifica a Dios. En ella Dios manifiesta su gloria porque hace aparecer en toda su luminosidad el amor que tiene a todas sus criaturas. Y en ella recibe gloria porque con ese gesto de obediencia Jesús proclama a todos que Dios es amor. Parecería que después de esto, a los hombres ya no les queda posibilidad de glorificar a Dios. Pero el evangelio termina diciendo que podemos asociarnos a ese acto de glorificación siendo discípulos de Jesús. Es evidente que no se trata entonces de una alabanza diferente, distinta de la que realiza Jesús, sino que es la misma. 
Unidos a Él como en una única realidad, así como la vid y sus sarmientos, podemos dar fruto que son glorificación de Dios. Se ha dicho más arriba que los frutos que producimos son de Jesucristo, así como los racimos que producen las ramas son racimos de la vid y no de ellas solas o separadas de la vid. Unidos a Cristo resucitado, Él realiza por medio de nosotros su obra de salvar al mundo, la suprema glorificación del Padre. y de esa manera se puede decir que nuestra condición de discípulos y las obras que realizamos son una verdadera alabanza de Dios. Tal vez nos preguntemos con frecuencia sobre la mejor manera de alabar a Dios. ¿Que alabanza podemos tributarle, que sea digna de El?
 El evangelio nos responde diciendo que renunciemos a la búsqueda de una alabanza nuestra, independiente de la que ofrece Jesús en su misterio pascual. Después que Jesús se ofrendó a si mismo en la cruz, entró a la presencia del Padre con su propia sangre, y resucitó de entre los muertos, ya no queda otra alabanza que pueda ser superior y ni siquiera semejante.
 Pero todos los hombres somos invitados a tomar parte en esa alabanza, uniéndonos a Jesucristo resucitado para producir una única obra de salvación para el mundo. Esta acción única que realiza Jesús para alabanza del Padre es, como se ha dicho, hacer que todos los hombres "tengan Vida, y la tengan abundantemente". 

Nuestra adhesión a Cristo y nuestra actividad apostólica y misionera es lo que glorifica a Dios de una manera digna. También en nuestra oración al Padre debemos estar unidos a su Hijo Jesucristo, hasta el punto de que nuestra oración sea una oración que no es individualmente nuestra, sino la oración del Hijo en nosotros al Padre. Por eso mismo el evangelio nos promete que siempre seremos escuchados cuando rezamos. Como nos enseña san Agustín. Jesús reza al Padre en nosotros, por medio de nosotros, y en favor de todos nosotros.

 Que el misterio pascual realice en nosotros esta obra de unirnos cada vez más a Cristo para que podamos tributar la única alabanza digna del Padre.

viernes, 22 de diciembre de 2000

EVANGELIO DEL DOMINGO 19 DE DICIEMBRE : EXPLICACIÓN

Lectura del santo evangelio según san Mateo (1,18-24):

El nacimiento de Jesucristo fue de esta manera: María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo. José, su esposo, que era justo y no quería denunciarla, decidió repudiarla en secreto.
Pero, apenas había tomado esta resolución, se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo: «José, hijo de David, no tengas reparo en llevarte a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados.»
Todo esto sucedió para que se cumpliese lo que habla dicho el Señor por el Profeta: «Mirad: la Virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrá por nombre Emmanuel, que significa "Dios-con-nosotros".»
Cuando José se despertó, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor y se llevó a casa a su mujer.

Ya estamos a punto

¿De qué estamos a punto? Una buena pregunta. La Navidad está tan cerca que podemos pensar que el Adviento ha sido apenas una preparación para que esta celebración nos salga bien, para cantar mejor los villancicos, para que el incienso arome el templo y todos escuchemos atentos el antiguo relato del niño que nace en Belén. 
      O quizá hay que pensar que el Adviento es mucho más que un tiempo litúrgico que dura cuatro semanas escasas y de lo que se trata es de tocar una de las dimensiones esenciales de nuestra fe. Porque para lo que nos deberíamos de preparar, y lo que debería estar realmente a punto, es para dejar que nazca en nosotros, en nuestra mente y en nuestro corazón, el “Dios-con-nosotros” de que nos hablan la primera lectura y el evangelio de este domingo. 
      La lectura de Isaías puede ser muy iluminadora en el momento actual. Hay quienes piensan que ya no hay lugar para la esperanza, que la fe cristiana está a punto de entrar en fase de decadencia definitiva, que la sociedad ha perdido sus raíces. Son personas que tienen una visión de nuestro mundo realmente oscura. Y es posible que sea verdad. Pero es una situación hasta un poco mejor de la que estaba viviendo el rey Acaz. Su ciudad estaba sitiada por el ejército enemigo. No tenía ya muchas posibilidades de defensa. Y en aquella época los ejércitos vencedores no se andaban con chiquitas. Lo normal era arrasar la ciudad y pasar a cuchillo a los que no convertían en esclavos. Así que Acaz y su pueblo tenían un futuro mucho más negro que el nuestro. 
La señal va a ser un niño
      Ahí, en esa situación, el profeta habla en nombre de Dios. Va a tener una señal y va a ser una señal de futuro. ¿Qué mejor prueba se puede ofrecer de que hay esperanza para la vida  que el nacimiento de un niño? El signo es que va a ser una virgen –y la virgen por sí sola no puede dar lugar a la vida– la que va a dar a luz un niño. Ese niño es el signo vivo de la esperanza, de la capacidad de Dios para crear la vida allí donde nosotros sólo vemos muerte. 
      Ese signo se cumple en María. Ella es la virgen que va a dar a luz la esperanza de la humanidad. En ese niño pequeño recién nacido se hará visible el amor inmenso con el que Dios nos ama a cada uno de nosotros. Es una paradoja porque ese niño precisamente necesitará –como todos los niños– de todos los cuidados y atenciones del mundo para poder crecer y convertirse en una persona mayor. Hasta es poco prudente por parte de Dios alumbrar así la esperanza. ¡Es tan frágil! Es como si el amor, la salvación, necesitase ser amado para poder salir adelante y crecer y dar fruto. Así es Dios. Se hace frágil para estar con nosotros.
El que viene es Emmanuel 
      Así que eso es la esperanza: un niño que va a nacer y que algo, desde muy dentro de nosotros, nos dice que es “Dios-con-nosotros”. Gracias a él podemos seguir mirando al futuro con esperanza y ver en cada hombre y mujer la presencia del amor de Dios, la dignidad inmensa que nos da el ser fruto de su amor. Esa esperanza se constituye en el mejor motor para empujar nuestros deseos de construir un mundo más hermano y más justo, un mundo donde nadie se sienta excluido por ninguna razón. 
      Esa esperanza la tenemos que cuidar como se cuida y atiende a un niño recién nacido. Es frágil y liviana. Está en nuestras manos. No podemos dejar que se caiga. Hay que alimentarla para que crezca y llegue a todos los hombres y mujeres de nuestro mundo. Para que los rostros contraídos por el dolor y el sufrimiento de cualquier tipo conozcan la sonrisa que provoca el amanecer. 
      El Adviento es mucho más que preparar la celebración de la misa de gallo. El Adviento toca lo más central de nuestra fe y hace que arraigue en nosotros la esperanza y que, como José, hagamos todo lo que nos mande el ángel para prepararle una casa digna –un mundo más justo– al Emmanuel.

martes, 19 de diciembre de 2000

EJERCICIOS ESPIRITUALES DE ADVIENTO Y NAVIDAD- FICHA DE ORACIÓN NÚMERO III

FICHA DE ORACIÓN
EL CUMPLIMIENTO DE UNA PROMESA


 “...Cuando surgirá el sol, verán al Rey de reyes: como el esposo en la cámara nupcial  Él viene del Padre…  Oh!! Emmanuel, nuestro Rey y legislador, esperanza y salvación de los pueblos:  Ven a salvarnos, Oh! Nuestro Dios...”
       

El Papa Benedicto nos dice:
“……Vivamos atentamente estos momentos que preceden a la Navidad, junto con María, la Virgen del silencio y de la escucha. Ella, que fue totalmente envuelta por la Luz del Espíritu Santo, nos ayude a comprender y vivir en plenitud el misterio del Nacimiento de Cristo y a mantener vivo el asombro interior, en la ferviente espera del Nacimiento del Salvador……”

 En la Encarnación del Hijo de Dios reconocemos los inicios de la Iglesia, todo proviene de allí. Y ella debe rehacerse en Cristo, Verbo de Dios encarnado, el Emmanuel, el Dios con nosotros, por medio del cual se cumplió la voluntad salvadora de Dios Padre.
La esperanza se articula en la virtud de la paciencia y la humildad, que acepta el misterio de Dios y se fía de Él aún en tiempos de oscuridad. 
Debemos ser apóstoles llenos de esperanza, que confían con alegría en las promesas de Dios, invitados a realizar su Reino. Reino de Dios que quiere decir no sólo que Dios existe y vive, sino que también está presente y obra en el mundo
Jesús, nuestro Redentor, vino a crear un puente entre el cielo y la tierra, Él nos lleva a descubrir que se hizo hombre para hacernos partícipes de la dignidad de hijos de Dios, llamados a su Reino de Santidad y de Amor…. 

………………………………………………………… 

Guiados por las palabras de nuestro Papa Benedicto, reflexionemos juntos, preparándonos para la Navidad:

       *El tiempo se ha cumplido: después de haber revivido a través del Adviento la espera del Mesías, cantado por los profetas, caminemos con María y José, hacia la gruta de Belén; que nuestro corazón este preparado para recibir el anuncio de los ángeles y para adorar con los pastores al Niño recién nacido: nuestro Salvador.
       *En las cercanías de la santa Navidad, el grandioso cántico del Magníficat, todo tejido con los hilos de oro de la Antigua Alianza y con los mismos sentimientos de María, nos ayuda a vivir con alegría la gozosa espera de Jesús en el camino de nuestro seguimiento a Cristo, reconociendo a cada hermano con la mirada misericordiosa del Padre a esta humanidad perdida y oprimida, para que se abra a recoger el don de la paz y de la alegría que el Salvador viene a traer a la tierra.
        *Navidad es la fiesta de la paz. El Niño que Isaías anuncia es llamado por él: “Príncipe de la Paz”. De su Reino se dice: “la paz no tendrá fin”. A los pastores se anuncia en el Evangelio  “la Gloria de Dios en lo alto del cielo” y “la Paz en la tierra”,  junto con María, cultivemos la certeza de que el hombre que se deja iluminar por el esplendor de la verdad emprende casi naturalmente del camino de la Paz.
        *Mientras encendemos las luces del pesebre o del árbol de Navidad en nuestras casas, hagamos que se abra nuestra alma a la verdadera Luz Espiritual, llevada a todos los hombres de buena voluntad…. 
El verdadero misterio de Navidad es el esplendor interior que proviene de este Niño. Dejemos que este esplendor interior nos sea comunicado, que encienda en nuestro corazón la llama de la Bondad de Dios.
¡Que llevemos todos con nuestro amor la Luz en el mundo! ¡No permitamos que esta llama luminosa, encendida por la fe, se apague por las corrientes frías de nuestro tiempo!
Cuidémosla fielmente, y hagamos don de ella a los demás!
…………………………………………………….
Los invitamos a rezar con los siguientes textos:
   * Miq 5, 1-3
   *1 Sam 2, 1-2 , 8-10
   *Lc 2, 1-18
…………………………………………………….

 Oración conclusiva


Padre bueno y misericordioso,

que nos has sostenido

en el camino del Adviento,

danos saber vivir en plenitud

la gracia de la Santa Navidad

donde se cumple tu Palabra.

Haciéndonos conforme a Tu Hijo,

humilde y obediente,

haz que nosotros también usemos nuestra vida

en un fiel y generoso servicio

que te dé gloria a Ti y ayude a nuestros hermanos.

Por Cristo nuestro Señor.

Amén.


*Ref. bibliográfica:  “Novena de Navidad con Benedicto XVI”

martes, 12 de diciembre de 2000

III DOMINGO DE ADVIENTO 2010

Evangelio según San Mateo 11,2-11.

Juan el Bautista oyó hablar en la cárcel de las obras de Cristo, y mandó a dos de sus discípulos para preguntarle:
"¿Eres tú el que ha de venir o debemos esperar a otro?".
Jesús les respondió: "Vayan a contar a Juan lo que ustedes oyen y ven:
los ciegos ven y los paralíticos caminan; los leprosos son purificados y los sordos oyen; los muertos resucitan y la Buena Noticia es anunciada a los pobres.
¡Y feliz aquel para quien yo no sea motivo de tropiezo!".
Mientras los enviados de Juan se retiraban, Jesús empezó a hablar de él a la multitud, diciendo: "¿Qué fueron a ver al desierto? ¿Una caña agitada por el viento? ¿Qué fueron a ver? ¿Un hombre vestido con refinamiento? Los que se visten de esa manera viven en los palacios de los reyes.
¿Qué fueron a ver entonces? ¿Un profeta? Les aseguro que sí, y más que un profeta.
El es aquel de quien está escrito: Yo envío a mi mensajero delante de ti, para prepararte el camino.
Les aseguro que no ha nacido ningún hombre más grande que Juan el Bautista; y sin embargo, el más pequeño en el Reino de los Cielos es más grande que él.

 EXPLICAMOS Y ENTENDEMOS:

San Juan Bautista es un personaje al cual los evangelios le dan mucha importancia. Él fue el último de los profetas, el que tuvo el privilegio de presentar al Salvador esperado, lo bautizó en el Jordán y preparó a algunos de los que serian después sus discípulos. Para cumplir con tan honroso ministerio se retiró al desierto y se dedicó a la ascética rigurosa, y al final de su vida puso un digno broche entregando su sangre como mártir. Fue tan grande la influencia de san Juan Bautista en los primeros días del cristianismo, que algunos llegaron a confundirse y formaron una secta que afirmaba que el Mesías era san Juan y no Jesús.

LA PREGUNTA DE JUAN BAUTISTA
 Esta página del evangelio nos hace ver que la fe no fue fácil para Juan Bautista. El también tuvo necesidad de interrogar a Jesús y de dejarse instruir por el Señor. La pregunta  que hizo a Jesús por medio de sus discípulos no fue una simple curiosidad, ni tampoco una ignorancia fingida con el fin de que se instruyeran los enviados, como han dicho algunos. Él fue llevado a la cárcel por atreverse a censurar la moral del Tetrarca Herodes Antipas. Mientras estaba allí, oyó hablar del comportamiento de Jesús y se ha sentido confuso. Ese comportamiento no era el que Juan esperaba cuando presentaba a Jesús como el que debía venir. Si leemos con atención la predicación del Bautista en los días que precedieron al bautismo del Señor, así como se encuentra en uno de los primeros capítulos del evangelio de san Mateo -que hemos leído el domingo pasado veremos que èl esperaba la llegada de un Juez que viniera a castigar a los pecadores y a dar a cada uno su merecido. La predicación de san Juan Bautista abunda en expresiones referentes al castigo y deja en la penumbra todo lo que se puede referir a la misericordia. Esto nos hace ver que hasta los más grandes santos son personas de su tiempo, y que también ellos deben dejarse conducir e instruir por el Señor. En la época en que apareció Jesús la espiritualidad judía acentuaba los rasgos vengativos del Mesías, sin dejar mayor espacio para la salvación de los pecadores o para la misericordia hacia todos. Y Juan Bautista oye decir que Jesús no condena a nadie. Por eso se pregunta: ¿Será éste el que debe venir? ¿O tal vez habría que esperar a otro?
 LAS OBRAS DE JESÚS
Cuando el evangelio dice que Juan Bautista oyó hablar de las obras de Jesús, se está refiriendo a lo que se relata en las páginas precedentes del libro de los Evangelios. Los últimos capítulos del evangelio de san Mateo, antes de la pregunta del Bautista, se ocupan de los milagros de Jesús, de la comida del Señor con los pecadores y del envío de los doce Apóstoles para que vayan a buscar las ovejas perdidas. En realidad la imagen que presenta Jesús es muy distinta de la que podía esperar el Bautista. Al curar a los enfermos, Jesús se ha acercado a los que eran considerados religiosamente impuros, ha curado al sirviente de un centurión romano, aprovechando la oportunidad para poner de relieve la buena disposición y la fe de aquel pagano. Ha llamado a un cobrador de impuestos para que forme parte del grupo de los doce apóstoles, cuando el gremio de los que cobraban impuestos era aborrecido por todo el pueblo religioso y además estaba prácticamente excomulgado. Finalmente, al sentarse a comer como amigo con los que estaban marginados de la comunidad religiosa por causa de su mal comportamiento y de su condición pecadora, había suscitado el escándalo de todos los piadosos y el conflicto interior de Juan. Pero el Bautista no criticó a Jesús ni dejó de creer en él. Por el contrario, con toda humildad mandó a sus discípulos para que le preguntaran. El que era maestro de otros, no se avergonzó de que sus discípulos vieran que él también necesitaba instrucción.
LA RESPUESTA DE JESÚS
Jesús no respondió con un sí o con un no. Simplemente les dijo a los enviados que fueran a decir a Juan lo que ellos oían y veían. Juan, que era buen conocedor de las profecías mesiánicas, sabía interpretar correctamente esos hechos. Las palabras de Jesús en el Evangelio explicitan los obras de las que son testigos los discípulos de Juan Bautista: Los ciegos ven, los paralíticos caminan... A primera vista son referencias a los milagros que el autor del Evangelio ha relatado en las páginas precedentes. Pero hay que ir más al fondo de la cuestión. Para los conocedores de la Sagrada Escritura, estas afirmaciones corresponden al texto del profeta Isaías que se proclama como Primera Lectura en este domingo. Este profeta habla de ciegos que comienzan a ver, de sordos que oyen, de paralíticos que saltan, de mudos que gritan... y todo esto en un contexto en el que se está anunciando el tiempo de la salvación. No se trata entonces de milagros que favorecen a uno o a otro sino a la situación de todo un pueblo que se encuentra ciego, sordo, mudo, muerto... y que necesita una intervención de Dios para sacarlo de esa condición miserable. En el mismo libro de Isaías se encuentra el texto en el que un Profeta relata su vocación diciendo que Dios lo ha ungido y le ha dado el Espíritu Santo para que vaya a anunciar la Buena Noticia a los pobres. Jesús concluye la lista de milagros añadiendo esta referencia al final de su mensaje a Juan Bautista. Al remitirlo a todos estos textos, Jesús le está diciendo al Bautista que en el Antiguo Testamento, además de los anuncios del tremendo día del juicio en el que Dios retribuirá a cada uno su merecido, están los anuncios de un tiempo de salvación en el que el mismo Dios curará las heridas de todos los hombres y recogerá cariñosamente a los que estaban perdidos y necesitados de perdón.
Como una discreta advertencia, la respuesta de Jesús termina con una bienaventuranza: "feliz aquél para quien Yo no sea motivo de tropiezo!". Ante el preceder de Jesús es fácil escandalizarse. Los hombres, aunque parezca contradictorio, no aceptan con facilidad que el Salvador sea amigo de los pecadores. ¡Feliz el que no se escandaliza, porque ese tiene una gran fe!.
De un manera indirecta, a través de su confusión y su pregunta, san Juan Bautista nos ha instruido a todos los que en este tiempo de Adviento nos preparamos para celebrar la venida del Señor. En esta Navidad nos encontraremos con el Salvador que viene a buscar la oveja perdida y a sanar todas nuestras enfermedades y dolencias. Si reconocemos que somos débiles y pecadores, el encuentro con El no debe producirnos temor, porque no viene a nosotros como Juez inflexible. La respuesta dada a Juan debe llenarnos más bien de confianza y de deseos de que venga.
Jesús habla a su Pueblo

LAS OBRAS DE LA IGLESIA
Muchos censuran a la Iglesia sin tener la misma humildad de san Juan Bautista. Le exigen que condene a todos los pecadores, que expulse de su seno a quienes no viven de acuerdo con las leyes rigurosas de la moral, que no se mezcle con la gente que vive al margen de la comunidad religiosa. Es cierto que a veces es necesario tomar medidas con algún miembro de la familia cristiana, y los apóstoles nos han dado el ejemplo. Pero esto no se debe hacer antes de agotar todos los medios. El mismo Jesús no expulsó a Judas del grupo de los apóstoles ni tomó medidas contra Pedro después de su negación..
La misión de la Iglesia es continuar las obras de Jesús. No debe adelantar el juicio final, sino que debe buscar a todos los que son ciegos, paralíticos, sordos, leprosos y muertos para devolverles la vida y la salud. Es necesario que la Iglesia busque a los pobres y se siente a comer alegremente con ellos para anunciarles la buena noticia del amor y del perdón de Dios. Estas obras de la Iglesia, que son las obras de Cristo, podrán escandalizar a algunos. En el texto que viene inmediatamente después del que estamos comentando, Jesús se lamenta porque muchos dicen que él es un glotón y borracho, amigo de cobradores de impuestos y de pecadores. El preceder de Jesús con la gente fue ocasión para que le crearan mala fama. Solamente los que tienen fe son capaces de descubrir en Jesús y en la Iglesia que se ocupa de los pobres los rasgos del Buen Pastor anunciado en los profetas, que busca a la oveja perdida y la abraza cariñosamente.