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viernes, 27 de marzo de 2015

DOMINGO DE RAMOS 2015


Evangelio     Mc 14, 1—15, 47

Pasión de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos.
Buscaban la manera de arrestar a Jesús con astucia, para darle muerte
C. Faltaban dos días para la fiesta de la Pascua y de los panes Ácimos. Los sumos sacerdotes y los escribas buscaban la manera de arrestar a Jesús con astucia, para darle muerte. Porque decían:
S. “No lo hagamos durante la fiesta, para que no se produzca un tumulto en el pueblo”.
Ungió mi cuerpo anticipadamente para la sepultura.
C. Mientras Jesús estaba en Betania, comiendo en casa de Simón el leproso, llegó una mujer con un frasco lleno de un valioso perfume de nardo puro, y rompiendo el frasco, derramó el perfume sobre la cabeza de Jesús. Entonces algunos de los que estaban allí se indignaron y comentaban entre sí:
S. “¿Para qué este derroche de perfume? Se hubiera podido vender por más de trescientos denarios para repartir el dinero entre los pobres”.
C. Y la criticaban. Pero Jesús dijo:
+. “Déjenla, ¿por qué la molestan? Ha hecho una buena obra conmigo. A los pobres los tienen siempre con ustedes y pueden hacerles el bien cuando quieran, pero a mí no me tendrán siempre. Ella hizo lo que podía; ungió mi cuerpo anticipadamente para la sepultura. Les aseguro que allí donde se proclame la Buena Noticia, en todo el mundo, se contará también en su memoria lo que ella hizo”.
Prometieron a Judas Iscariote darle dinero
C. Judas Iscariote, uno de los Doce, fue a ver a los sumos sacerdotes para entregarles a Jesús. Al oírlo, ellos se alegraron y prometieron darle dinero. Y Judas buscaba una ocasión propicia para entregarlo.
¿Dónde está mi sala, en la que voy a comer el cordero pascual con mis discípulos?
C. El primer día de la fiesta de los panes Ácimos, cuando se inmolaba la víctima pascual, los discípulos dijeron a Jesús:
S. “¿Dónde quieres que vayamos a prepararte la comida pascual?”.
c. Él envió a dos de sus discípulos, diciéndoles:
+. “Vayan a la ciudad; allí se encontrarán con un hombre que lleva un cántaro de agua. Síganlo, y díganle al dueño de la casa donde entre: El Maestro dice: “¿Dónde está mi sala, en la que voy a comer el cordero pascual con mis discípulos?”. Él les mostrará en el piso alto una pieza grande, arreglada con almohadones y ya dispuesta; prepárennos allí lo necesario”.
C. Los discípulos partieron y, al llegar a la ciudad, encontraron todo como Jesús les había dicho y prepararon la Pascua.
Uno de ustedes me entregará, uno que come conmigo
C. Al atardecer, Jesús llegó con los Doce. Y mientras estaban comiendo, dijo:
+. “Les aseguro que uno de ustedes me entregará, uno que come conmigo”.
C. Ellos se entristecieron y comenzaron a preguntarle, uno tras otro:
S. “¿Seré yo?”.
C. Él les respondió:
+. “Es uno de los Doce, uno que se sirve de la misma fuente que yo. El Hijo del hombre se va, como está escrito de él, pero ¡ay de aquél por quien el Hijo del hombre será entregado: más le valdría no haber nacido!”.
Esto es mi Cuerpo. Ésta es mi Sangre, la Sangre de la alianza.
C. Mientras comían, Jesús tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo:
+. “Tomen, esto es mi Cuerpo”.
C. Después tomó una copa, dio gracias y se la entregó, y todos bebieron de ella. Y les dijo:
+. “Esta es mi Sangre, la Sangre de la Alianza, que se derrama por muchos. Les aseguro que no beberé más del fruto de la vid hasta el día en que beba el vino nuevo en el Reino de Dios”.
Antes que cante el gallo por segunda vez, me habrás negado tres veces
C. Después del canto de los Salmos, salieron hacia el monte de los Olivos. Y Jesús les dijo:
+.“Todos ustedes se van a escandalizar, porque dice la Escritura: ‘Heriré al pastor y se dispersarán las ovejas’. Pero después que yo resucite, iré antes que ustedes a Galilea”.
C. Pedro le dijo:
+. “Aunque todos se escandalicen, yo no me escandalizaré”.
C. Jesús le respondió:
+. “Te aseguro que hoy, esta misma noche, antes que cante el gallo por segunda vez, me habrás negado tres veces”.
C. Pero él insistía:
+. “Aunque tenga que morir contigo, jamás te negaré”.
C. Y todos decían lo mismo.
Comenzó a sentir temor y a angustiarse
C. Llegaron a una propiedad llamada Getsemaní, y Jesús dijo a sus discípulos:
+. “Quédense aquí, mientras yo voy a orar”.
C. Después llevó con él a Pedro, Santiago y Juan, y comenzó a sentir temor y a angustiarse. Entonces les dijo:
+. “Mi alma siente una tristeza de muerte. Quédense aquí velando”.
C. Y adelantándose un poco, se postró en tierra y rogaba que, de ser posible, no tuviera que pasar por esa hora. Y decía:
+. “Abbá –Padre– todo te es posible: aleja de mí este cáliz, pero que no se haga mi voluntad, sino la tuya”.
C. Después volvió y encontró a sus discípulos dormidos. Y Jesús dijo a Pedro:
+. “Simón, ¿duermes? ¿No has podido quedarte despierto ni siquiera una hora? Permanezcan despiertos y oren para no caer en la tentación, porque el espíritu está dispuesto, pero la carne es débil”.
C. Luego se alejó nuevamente y oró, repitiendo las mismas palabras. Al regresar, los encontró otra vez dormidos, porque sus ojos se cerraban de sueño, y no sabían qué responderle. Volvió por tercera vez y les dijo:
+. “Ahora pueden dormir y descansar. Esto se acabó. Ha llegado la hora en que el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los pecadores. ¡Levántense! ¡Vamos! Ya se acerca el que me va a entregar”.
Deténganlo y llévenlo bien custodiado
C. Jesús estaba hablando todavía, cuando se presentó Judas, uno de los Doce, acompañado de un grupo con espadas y palos, enviado por los sumos sacerdotes, los escribas y los ancianos. El traidor les había dado esta señal:
S. “Es aquel a quien voy a besar. Deténganlo y llévenlo bien custodiado”.
C. Apenas llegó, se le acercó y le dijo:
S. “Maestro”.
C. Y lo besó. Los otros se abalanzaron sobre él y lo arrestaron. Uno de los que estaban allí sacó la espada e hirió al servidor del Sumo Sacerdote, cortándole la oreja. Jesús les dijo:
+. “Como si fuera un bandido, han salido a arrestarme con espadas y palos. Todos los días estaba entre ustedes enseñando en el Templo y no me arrestaron. Pero esto sucede para que se cumplan las Escrituras”.
C. Entonces todos lo abandonaron y huyeron. Lo seguía un joven, envuelto solamente con una sábana, y lo sujetaron; pero él, dejando la sábana, se escapó desnudo.
¿Eres el Mesías, el Hijo del Dios bendito?
C. Llevaron a Jesús ante el Sumo Sacerdote, y allí se reunieron todos los sumos sacerdotes, los ancianos y los escribas. Pedro lo había seguido de lejos hasta el interior del palacio del Sumo Sacerdote y estaba sentado con los servidores, calentándose junto al fuego. Los sumos sacerdotes y todo el Sanedrín buscaban un testimonio contra Jesús, para poder condenarlo a muerte, pero no lo encontraban. Porque se presentaron muchos con falsas acusaciones contra él, pero sus testimonios no concordaban. Algunos declaraban falsamente contra Jesús:
S. “Nosotros lo hemos oído decir: ‘Yo destruiré este Templo hecho por la mano del hombre, y en tres días volveré a construir otro que no será hecho por la mano del hombre’”.
C. Pero tampoco en esto concordaban sus declaraciones. El Sumo Sacerdote, poniéndose de pie ante la asamblea, interrogó a Jesús:
S. “¿No respondes nada a lo que éstos atestiguan contra ti?”.
C. Él permanecía en silencio y no respondía nada. El Sumo Sacerdote lo interrogó nuevamente:
S. “¿Eres el Mesías, el Hijo del Dios bendito?”.
C. Jesús respondió:
+. “Sí, yo lo soy: y ustedes verán ‘al Hijo del hombre sentarse a la derecha del Todopoderoso y venir entre las nubes del cielo’”.
C. Entonces el Sumo Sacerdote rasgó sus vestiduras y exclamó:
S. “¿Qué necesidad tenemos ya de testigos? Ustedes acaban de oír la blasfemia. ¿Qué les parece?”.
C. Y todos sentenciaron que merecía la muerte. Después algunos comenzaron a escupirlo y, tapándole el rostro, lo golpeaban, mientras le decían:
S. “¡Profetiza!”.
C. Y también los servidores le daban bofetadas.
Se puso a maldecir y a jurar que no conocía a ese hombre del que estaban hablando
C. Mientras Pedro estaba abajo, en el patio, llegó una de las sirvientas del Sumo Sacerdote y, al ver a Pedro junto al fuego, lo miró fijamente y le dijo:
S. “Tú también estabas con Jesús, el Nazareno”.
C. Él lo negó, diciendo:
S. “No sé nada; no entiendo de qué estás hablando”.
C. Luego salió al vestíbulo y en ese momento cantó el gallo. La sirvienta, al verlo, volvió a decir a los presentes:
S. “Este es uno de ellos”.
C. Pero él lo negó nuevamente. Un poco más tarde, los que estaban allí dijeron a Pedro:
S. “Seguro que eres uno de ellos, porque tú también eres galileo”.
C. Entonces él se puso a maldecir y a jurar que no conocía a ese hombre del que estaban hablando. En seguida cantó el gallo por segunda vez. Pedro recordó las palabras que Jesús le había dicho: “Antes que cante el gallo por segunda vez, tú me habrás negado tres veces”. Y se puso a llorar.
¿Quieren que les ponga en libertad al rey de los judíos?
C. En cuanto amaneció, los sumos sacerdotes se reunieron en Consejo con los ancianos, los escribas y todo el Sanedrín. Y después de atar a Jesús, lo llevaron y lo entregaron a Pilato. Éste lo interrogó:
S. “¿Eres tú el rey de los judíos?”.
C. Jesús le respondió:
+. “Tú lo dices”.
C. Los sumos sacerdotes multiplicaban las acusaciones contra él. Pilato lo interrogó nuevamente:
S. “¿No respondes nada? ¡Mira de todo lo que te acusan!”.
C. Pero Jesús ya no respondió a nada más, y esto dejó muy admirado a Pilato. En cada fiesta, Pilato ponía en libertad a un preso, a elección del pueblo. Había en la cárcel uno llamado Barrabás, arrestado con otros revoltosos que habían cometido un homicidio durante la sedición. La multitud subió y comenzó a pedir el indulto acostumbrado. Pilato les dijo:
S. “¿Quieren que les ponga en libertad al rey de los judíos?”.
C. Él sabía, en efecto, que los sumos sacerdotes lo habían entregado por envidia. Pero los sumos sacerdotes incitaron a la multitud a pedir la libertad de Barrabás. Pilato continuó diciendo:
S. “¿Qué quieren que haga, entonces, con el que ustedes llaman rey de los judíos?”.
C. Ellos gritaron de nuevo:
S. “¡Crucifícalo!”.
C. Pilato les dijo:
S. “¿Qué mal ha hecho?”.
C. Pero ellos gritaban cada vez más fuerte:
S. “¡Crucifícalo!”.
C. Pilato, para contentar a la multitud, les puso en libertad a Barrabás; y a Jesús, después de haberlo hecho azotar, lo entregó para que fuera crucificado.
Hicieron una corona de espinas y se la colocaron
C. Los soldados lo llevaron dentro del palacio, al pretorio, y convocaron a toda la guardia. Lo vistieron con un manto de púrpura, hicieron una corona de espinas y se la colocaron. Y comenzaron a saludarlo:
S. “¡Salud, rey de los judíos!”.
C. Y le golpeaban la cabeza con una caña, le escupían y, doblando la rodilla, le rendían homenaje. Después de haberse burlado de él, le quitaron el manto de púrpura y le pusieron de nuevo sus vestiduras. Luego lo hicieron salir para crucificarlo.
Condujeron a Jesús a un lugar llamado Gólgota y lo crucificaron
C. Como pasaba por allí Simón de Cirene, padre de Alejandro y de Rufo, que regresaba del campo, lo obligaron a llevar la cruz de Jesús. Y condujeron a Jesús a un lugar llamado Gólgota, que significa: “Lugar del Cráneo”. Le ofrecieron vino mezclado con mirra, pero él no lo tomó. Después lo crucificaron. Los soldados “se repartieron sus vestiduras, sorteándolas” para ver qué le tocaba a cada uno. Ya mediaba la mañana cuando lo crucificaron. La inscripción que indicaba la causa de su condena decía: “El rey de los judíos”. Con él crucificaron a dos bandidos, uno a su derecha y el otro a su izquierda.
Ha salvado a otros y no puede salvarse a sí mismo
C. Los que pasaban lo insultaban, movían la cabeza y decían:
S. “¡Eh, tú, que destruyes el Templo y en tres días lo vuelves a edificar, sálvate a ti mismo y baja de la cruz!”.
C. De la misma manera, los sumos sacerdotes y los escribas se burlaban y decían entre sí:
S. “¡Ha salvado a otros y no puede salvarse a sí mismo! Es el Mesías, el rey de Israel, ¡que baje ahora de la cruz, para que veamos y creamos!”.
C. También lo insultaban los que habían sido crucificados con él.
Jesús dando un gran grito, expiró
C. Al mediodía, se oscureció toda la tierra hasta las tres de la tarde; y a esa hora, Jesús exclamó en alta voz:
+. “Eloi, Eloi, lemá sabactaní”.
C. Que significa:
+. “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”.
C. Algunos de los que se encontraban allí, al oírlo, dijeron:
S. “Está llamando a Elías”.
C. Uno corrió a mojar una esponja en vinagre y, poniéndola en la punta de una caña le dio de beber, diciendo:
S. “Vamos a ver si Elías viene a bajarlo”.
C. Entonces Jesús, dando un gran grito, expiró.
Aquí todos se arrodillan, y se hace un breve silencio de adoración
C. El velo del Templo se rasgó en dos, de arriba abajo. Al verlo expirar así, el centurión que estaba frente a él, exclamó:
S. “¡Verdaderamente, este hombre era Hijo de Dios!”.
C. Había también allí algunas mujeres que miraban de lejos. Entre ellas estaban María Magdalena, María, la madre de Santiago el menor y de José, y Salomé, que seguían a Jesús y lo habían servido cuando estaba en Galilea; y muchas otras que habían subido con él a Jerusalén.
José hizo rodar una piedra a la entrada del sepulcro
C. Era un día de Preparación, es decir, víspera de sábado. Por eso, al atardecer, José de Arimatea –miembro notable del Sanedrín, que también esperaba el Reino de Dios– tuvo la audacia de presentarse ante Pilato para pedirle el cuerpo de Jesús. Pilato se asombró de que ya hubiera muerto; hizo llamar al centurión y le preguntó si hacía mucho que había muerto. Informado por el centurión, entregó el cadáver a José. Éste compró una sábana, bajó el cuerpo de Jesús, lo envolvió en ella y lo depositó en un sepulcro cavado en la roca. Después hizo rodar una piedra a la entrada del sepulcro. María Magdalena y María, la madre de José, miraban dónde lo habían puesto.
Palabra del Señor.

miércoles, 18 de marzo de 2015

LA MUERTE DEL GRANO DE TRIGO



EVANGELIO DEL DOMINGO 22 DE MARZO DEL 2015

San Juan 12, 20-33 

En aquel tiempo, entre los que habían llegado a Jerusalén para dar culto a Dios con ocasión de la fiesta, había algunos griegos. Estos se acercaron a Felipe, que era natural de Betsaida de Galilea, y le dijeron: «Señor, queremos ver a Jesús». Felipe se lo dijo a Andrés, y los dos juntos se lo hicieron saber a Jesús. Jesús contestó: «Ha llegado la hora en que Dios va a glorificar al Hijo del hombre. Yo les aseguro que si el grano de trigo que cae en la tierra no muere, queda infecundo; pero si muere dará fruto abundante. Quien aprecia su vida terrena, la perderá; en cambio, quien sepa desprenderse de ella, la conservará para la vida eterna. Si alguien quiere servirme, que me siga; correrá la misma suerte que yo. Todo aquél que me sirva será honrado por mi Padre. Me encuentro profundamente angustiado; pero, ¿qué es lo que puedo decir? ¿Padre, líbrame de esta hora? De ningún modo; porque he venido precisamente para aceptar esta hora. Padre, glorifica tu nombre».Entonces se oyó esta voz venida del cielo: Yo lo he glorificado y volveré a glorificarlo. De los que estaban presentes, unos creyeron que había sido un trueno; otros decían: Le ha hablado un ángel. Jesús explicó: Esta voz se ha dejado oír no por mí, sino por ustedes. Es ahora cuando el mundo va a ser juzgado; es ahora cuando el que tiraniza a este mundo va a ser arrojado fuera. Y yo una vez que haya sido elevado sobre la tierra, atraeré a todos hacía mí. Con esta afirmación, Jesús quiso dar a entender la forma en que iba a morir. 

LA HORA DE LA GLORIA 
Jesús comienza diciendo:” ha llegado la hora en que el Hijo del hombre va a ser glorificado”
Con el nombre de 'gloria de Dios' se designa en la Biblia el resplandor con el que Dios manifiesta su presencia. Dios se hace presente por sus actos, por la creación y por todo aquello que acompaña sus manifestaciones (la luz, el ruido, la nube...). Dios manifiesta su gloria, al mismo tiempo que se oculta detrás de ella. Los seres humanos no pueden ver a Dios. Sólo perciben su gloria. Cuando Jesús dice que va a ser glorificado por el Padre, está indicando el cambio que se dará en su humanidad. Desde toda la eternidad El tenía la gloria junto al Padre, pero asumió una condición humana semejante a cualquier otro ser humano, hasta el punto de que también pudo padecer y morir. 
Pero después de su muerte, también en su cuerpo se manifestará su condición divina. Jesucristo, siendo verdadero hombre, tendrá el resplandor que le corresponde como Hijo de Dios igual al Padre. Jesús había dicho que cuando llegará esta hora, El se convertiría en el centro hacia el que serían atraídos todos los hombres. Por eso en ese momento en que los judíos lo están aclamando como su rey y los griegos se acercan para conocerlo, Jesús tiene la señal dada por el Padre de que ha llegado la hora tan esperada. De una manera simbólica, pero también real, se percibe que Cristo es el centro hacia el cual confluyen todos los hombres. Lo único que falta ahora es dar definitivamente ese paso subiendo a la cruz para resucitar gloriosamente. Ha llegado la hora de la gloria. 
LA PARÁBOLA DEL GRANO DE TRIGO
Con tres parábolas muy breves, Jesús va a explicar a los discípulos que lo rodean cuál es el sentido de ese paso por la muerte hacia la gloria. La primera de ellas es la del grano de trigo que muere. Algunos podrían haber pensado que era mucho mejor que Cristo se quedara para siempre entre nosotros sin morir. Todos los discípulos se escandalizaron al ver a Cristo crucificado porque para ellos esto era un fracaso. Por medio de una parábola muy simple Jesús dice a todos que la muerte es un fracaso sólo en apariencia. 
Vean lo que sucede cuando se echa un grano de trigo en la tierra. Ese grano muere, se pudre, pero de él surge una planta que crece y luego puede dar muchos granos más. 
Al contrario, el fracaso seria que el grano de trigo no muriera. El grano de trigo que no se pudre en la tierra queda solo, no se convierte en planta ni puede dar fruto. Así como es necesario que el grano de trigo muera para poder vivir, de la misma manera es necesario que Cristo pase por la dura y amarga experiencia de la muerte para poder dar vida a todos los que creen en él. La muerte de Jesús en la cruz ha cambiado esa espantosa realidad de la muerte. Lo que hasta entonces no era más que fracaso y pérdida, gracias a la pasión del Señor se ha convertido en el comienzo de la verdadera vida. Al morir, Cristo ha llegado a ser el Señor que da la vida a todos los creyentes. Él entró en la gloria para que la muerte de los cristianos pueda llegar a ser también un paso a la vida eterna. Como decimos en un hermoso texto de la Misa que celebramos en el tiempo de Pascua: Con su muerte venció, la muerte, y resucitando nos dio la vida eterna. 
El sepulcro de Cristo, así como la tumba de los cristianos, no es un monumento que encierra una destrucción definitiva. La muerte de Cristo es como la muerte del grano de trigo: de esa muerte nació la vida. Lo mismo tenemos que pensar de la muerte de los creyentes en Cristo: la muerte y la sepultura son signos de la esperanza de una feliz resurrección.

AMAR LA VIDA Y ODIAR LA VIDA
La segunda parábola que pronuncia Jesús es más difícil de entender. Nos dice que quien 'tiene apego a la vida' la perderá, y que el que 'no tiene apego' a su vida la conservará. En la lengua griega, en la que fue escrito el evangelio, se dice con palabras más duras: en griego dice textualmente 'el que ama' o 'el que odia la vida'. Es necesario explicar el sentido que tienen estas expresiones. 
En la forma de hablar de los semitas, se dice que amar esta vida es lo mismo que perderla para indicar que quien se aferra más a la vida que a otra cosa, terminará perdiendo la misma vida que quiere defender. En este caso, y en continuidad con lo dicho sobre el grano de trigo, quien se resista a morir no podrá alcanzar la verdadera vida. Igualmente se habla también de 'odiar' esta vida. Por supuesto que no podemos 'odiar' la vida. Esto solamente lo pueden afirmar aquellas personas que por una grave dificultad en su vida se encuentran en un momento de amargura atroz. Cuando los orientales dicen 'odiar', como sucede en este caso, quieren decir "amar menos en comparación con otra cosa". Entonces esto significa que quien busca los verdaderos valores tiene todas las demás cosas, incluso la vida, como secundarias. Ama menos la vida terrenal. 
Se presentan entonces dos actitudes ante la vida: algunos no quieren dejar nada de lo que tienen. Aman esta vida terrenal y todo lo que en ella se puede poseer y gozar; y estén apegados de tal manera que no consideran otros valores, prefieren quedarse solos antes que dar fruto. Los que viven así, son los que no pueden ganar la vida eterna. Aman desordenadamente esta vida terrenal y no dejan ningún lugar para la vida eterna.
En cambio hay otros que descubren que la verdadera vida exige morir, y por amor a la verdadera vida no temen arriesgar e incluso perder todo lo que tienen y pueden gozar en este mundo. Como el grano de trigo, como Cristo, saben morir para poder seguir viviendo. 


LA PARÁBOLA DEL SERVIDOR 
La tercera parábola nos habla de un servidor que tiene que seguir a Cristo para poder estar donde El esta. Servir y seguir son dos palabras que se usan frecuentemente para decir que se es discípulo. Indican aspectos de la vida de un discípulo: se sirve al Señor y se sigue al Señor. Servir quiere decir que se asume una actividad, se realiza algo por encargo del Señor. El que sirve no está de brazos cruzados sino actuando. 
Servir significa también rendirle culto: reconocerlo, proclamarlo, amarlo y obedecerlo como Hijo de Dios. El culto se expresa en los actos que celebramos en la Iglesia junto con los demás cristianos, pero también en nuestra oración privada y en la vida diaria, ya que toda nuestra vida tiene que ser un acto de culto al Señor. Cuando decimos que "seguimos a Cristo" queremos decir que nos comportamos ante Él como discípulos ante un maestro: lo escuchamos, aprendemos de Él y tratamos de imitarlo en toda nuestra vida. 
Él, con su enseñanza y con su gracia nos va transformando en su propia imagen, para que reflejemos los rasgos de hijo de Dios tanto por lo que somos como por lo que hacemos. Jesús nos dice que sirviéndolo y siguiéndolo llegaremos a estar donde El está. Nos ha hablado de morir como el grano de trigo y de no apegamos a esta vida, y ahora nos dice claramente cuál es el final de este camino de renuncia y muerte. Nos dice que llegaremos a estar donde está Él. Es decir, nos promete participar de su misma gloria junto al Padre. Efectivamente, termina diciendo que sus servidores serán honrados por el mismo Dios, así como El será glorificado por el Padre al llegar a la cruz. Las últimas palabras de este breve discurso de Jesús terminan en el mismo punto donde éste comienza: en la gloria de Jesús. Jesús va a ser glorificado por su Padre porque obedientemente se hace solidario con los hombres hasta las últimas consecuencias: hasta la cruz, pero no va solo hacia la gloria sino que va acompañado por todos aquellos que por ser sus discípulos saben servirlo y seguirlo. Éstos también participarán de la gloria de la resurrección.

MORIR CON CRISTO 
La Semana Santa nos llama a morir con Cristo para que podamos resucitar con Él. Él es el verdadero grano de trigo que nos ensena y nos da la posibilidad de ser nosotros también granos de trigo. Para poder morir con Cristo tenemos que apegarnos a la verdadera vida, de tal manera que amemos menos esta vida que ahora estamos viviendo. Valoremos la vida eterna, y no temamos perder todo aquello que puede ser un obstáculo para llegar a estar donde esta Jesús. Algunos se privan de muchas cosas, renuncian a muchos valores y hasta exponen su vida por un premio que dura poco. Lo hacen por obtener un premio deportivo, o un aplauso por una actuación artística. Los mejor intencionados lo hacen por la política o por el bien de la sociedad. Los delincuentes se privan también de muchas cosas y ponen en peligro su vida para obtener ganancias ilícitas. A nosotros Cristo nos llama a morir para obtener la vida que no se acaba. Morir con Cristo significa en primer lugar hacer desaparecer de nosotros todo lo que pertenece al hombre pecador y que ya ha muerto con Cristo en la cruz. A esta muerte la Iglesia la llama 'penitencia', 'conversión', 'cambiar de vida' o 'cambiar de mentalidad'. 
Es una muerte dolorosa que se va sufriendo día a día, para que a medida que muere este hombre pecador vaya apareciendo en nosotros el hombre resucitado, la nueva vida que nos da Cristo salido del sepulcro. Morir con Cristo significa también morir a nosotros mismos para vivir para los demás. Así como Cristo en la cruz, y junto con El, nos entregamos totalmente en una actitud de servicio al Padre y a todos nuestros hermanos. 
Cuando se trata de servir, pensar siempre primero en los demás, y en último lugar en nuestro interés. Morir con Cristo significa que debemos amar de tal manera la vida, que por alcanzar una vida que no se acaba no tengamos ningún temor en arriesgar y perder todo lo que se acaba. 
Morir con Cristo significa amar de tal manera a todos los hermanos, que consideremos preferible perderlo todo, también nuestra propia vida, para dar fruto y no quedarnos solos.
Morir con Cristo significa que tenernos que mirar con serenidad el memento de nuestra propia muerte y la de los seres que nos rodean. Sabemos que a pesar del dolor de la separación la muerte no es destrucción total sino encuentro con el Padre, es una participación de la resurrección de Jesús que alcanzará su plenitud cuando nosotros mismos seamos resucitados por el poder de Cristo. 
Morir con Cristo significa que no debemos considerar la muerte como una caída en una oscuridad total y en una perdición definitiva, sino como un entregarse en las manos amorosas del Padre que nos recibe y nos hace entrar en la vida eterna. 
En esta Semana Santa, junto a la cruz y al sepulcro de Jesús aprendamos que por Cristo la muerte está siempre unida a una esperanza de vida y resurrección. No temamos morir cada día para que podamos vivir eternamente con El.

BUENO AIRES MARZO 2015 .- Actividades del P. Bradley sj

El Cronograma de Actividades es la siguiente:

Miércoles 18/03  -   18/19 hs. :       ADORACIÓN DEL SANTÍSIMO (en la Capilla Doméstica)

Jueves  19/03       -  19/20,30 hs. :    TALLER  I.a: “LOS MANIPULADORES” : 
                                                           La franja insana de la personalidad.

Viernes 20/03   -    19/20,30 hs :       TALLER  I.b: “LOS MANIPULADORES” : 
                                                            Aspecto psico-emocional.


Miércoles 25/03 -   18/19 hs. :         ADORACIÓN DEL SANTÍSIMO (en la Capilla Doméstica)

Jueves  26/03  -     19/20,30 hs. :      TALLER  II.a: “LOS MANIPULADORES” : 
                                                           Aspecto Jurídico y Moral

Viernes 27/03   -  19/20,30 hs. :      TALLER II.b : “LOS MANIPULADORES”:
                                                         Aspecto Jurídico y Moral

NOTA : Para participar de los Talleres II.a y b, es imprescindible haber asistido a los Talleres I.a y b.
             No es necesario efectuar inscripción previa.

Colaboración voluntaria: Sugerida $150 por clase. ( Por favor abonar con cambio)

Para consultas en general dirigirse a través de nuestro Correo:                                  centroamarservir@gmail.com



LUGAR DE LOS TALLERES: Colegio del Salvador : Av. Callao 542


jueves, 26 de febrero de 2015

POR LA CRUZ HACIA LA GLORIA



EVANGELIO DEL DOMINGO 1º DE  MARZO DEL 2015
San Marcos 9, 2-10 

Seis días después, toma Jesús consigo a Pedro, Santiago y Juan, y los lleva, a ellos solos, aparte, a un monte alto. Y se transfiguró delante de ellos, y sus vestidos se volvieron resplandecientes, muy blancos, tanto que ningún batanero en la tierra sería capaz de blanquearlos de ese modo. Se les aparecieron Elías y Moisés, y conversaban con Jesús. Toma la palabra Pedro y dice a Jesús: "Maestro, bueno es estarnos aquí. Vamos a hacer tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías"; pues no sabía qué responder ya que estaban atemorizados. Entonces, se formó una nube que les cubrió con su sombra, y vino una voz desde la nube: «Este es mi Hijo amado, escuchadle». Y de pronto, mirando en derredor, ya no vieron a nadie más que a Jesús solo con ellos. Y cuando bajaban del monte les ordenó que a nadie contasen lo que habían visto hasta que el Hijo del hombre resucitara de entre los muertos. Ellos observaron esta recomendación, discutiendo entre sí qué era eso de «resucitar de entre los muertos». 

 POR LA CRUZ HACIA LA GLORIA 
Cada año, en el segundo domingo del tiempo de cuaresma, se proclama el relato de la transfiguración del Señor. Después de haber contemplado en el domingo precedente la figura de Cristo padeciendo la tentación como verdadero hombre, la palabra de Dios nos muestra hoy al Hijo de Dios con gloria igual al Padre.

EL CAMINO HACIA LA PASIÓN 
Este relato está ubicado en el evangelio en estrecha relación con el primer anuncio de la pasión, y se comprende a partir de el. 
Si tomamos el libro de los evangelios, podremos observar que, inmediatamente antes de esta escena de la transfiguración, se encuentra el texto en el que Jesús anuncia por primera vez que debe padecer, morir y resucitar, reprende a Pedro que no quiere oír hablar de los sufrimientos del Señor, y luego se dirige a los discípulos y a la gente, para decirles que quien quiera seguirlo deberá cargar con la cruz y venir detrás de él. 
El autor del evangelio introduce luego este relato de la transfiguración, del que estamos tratando, y lo enlaza con todo lo anterior indicando que seis días después de haber dicho estas palabras Jesús llevó con él a tres de sus discípulos a una montaña muy elevada. 

Al terminar el relato, vuelve nuevamente la mirada hacia el anuncio de la pasión, cuando indica que Jesús les ordenó guardar secrete hasta que se produzca la resurrección, e insiste en el mismo tema cuando dice que los discípulas no entendían qué quería decir "resucitar de entre los muertos" Otra conexión intencional con la pasión se encuentra en el hecho de que Pedro, Santiago y Juan, los únicos testigos de la transfiguración, serán también testigos de la angustiosa oración de Jesús en el jardín de Getsemaní, antes de ser entregado en manos de sus enemigos. El lector no puede dejar de advertir la semejanza entre las dos escenas. Todas estas relaciones tienen un sentido.
 El evangelio quiere mostrar que no debemos separar la pasión de la resurrección, así como no debemos hablar de los dolores de la cruz sin pensar en la gloria de la pascua. La liturgia también nos invita a mantener unidos estos dos grandes temas cuando en el transcurso de este tiempo penitencial de cuaresma, preparándonos para la Semana Santa, nos muestra esta escena gloriosa de la transfiguración, o también Cuando a continuación del relate de las tentaciones que hemos oído en el primer domingo de este tiempo, en el segundo domingo nos habla de la gloria. 
LA VISIÓN EN LA MONTANA
 El texto del evangelio dice que Jesús "se transfiguró" delante de sus discípulos. Transfigurarse significa cambiar la figura. Quiere decir entonces que Jesús se les presentó con una figura distinta a la que ellos veían todos los días. 
El autor del evangelio no describe esa nueva figura, y solamente nos habla de! blanco resplandeciente de su ropa, imposible de igualar en este mundo. Mas que como una figura, Jesús se les aparece como una luz resplandeciente. Junto a Jesús aparecen dos figuras que conversan con él. Son Moisés y Elías. 
Moisés es el que dio la Ley a Israel. Con su nombre se conservan los cinco primeros libros de la Biblia, que en su mayor parte hablan de su actividad cuando sacó al pueblo de la esclavitud de Egipto.
Elías vivió varios siglos después que Moisés. Es uno de los primeros profetas, famoso por sus milagros y además es mencionado como el que tendrá que volver a la tierra para anunciar la llegada del Mesías. 

La tradición piadosa de los judíos ha insistido mucho sobre este último tema. Tanto Moisés como Elías tuvieron el privilegio de poder hablar con Dios, cuando en distintas circunstancias subieron al monte Sinaí. Moisés lo hizo cuando sacó, al pueblo de Egipto y lo llevó a esa montana para hacer la alianza. Elías peregrinó al monte en un momento en que la familia real de Israel, adherida a la religión pagana, lo buscaba para matarlo, así como ya habían hecho con los demás profetas de Dios. Moisés y Elías, que en otro momento habían subido a una alta montaña para encontrarse con Dios, ahora aparecen en otra montaña hablando con Jesús. Y Este se presenta como una luz resplandeciente. Comprendemos fácilmente la intención del redactor: Jesús posee la gloria de la divinidad, y de esto son testigos Moisés y los Profetas, es decir las dos partes más importantes del Antiguo Testamento. 
 
LA VOZ DEL CIELO 
La visión de los discípulos culmina cuando se aparece una nube que los cubre y se oye una voz desde el cielo. Se nos insinúa así la presencia de Dios. Pero la presencia de Dios no queda relegada solamente al simbolismo de la nube. Una voz que viene desde el cielo indica que hay una revelación divina dirigida a todos los discípulos allí presentes. La voz proclama los títulos de Jesús: es el Hijo, amado. La expresión suena como la que Jesús oye, en el bautismo, pero ahora no va dirigida sólo a él, como en aquella oportunidad, sino a todos los presentes. Se añade un imperativo: "escúchenlo" 
 LA PALABRA QUE HAY QUE ESCUCHAR 
En el lugar en que está ubicado el relato de la transfiguración tiene mucha importancia esta palabra imperativa del Padre. Jesús ha anunciado su futura pasión, Pedro se ha rebelado contra la idea del dolor y ha reprendido al Señor porque hablaba en esos términos. Jesús, por su parte, ha reprendido también a Pedro y ha terminado llamando a todos sus discípulos y a la gente para que carguen la cruz y lo sigan.

 Es natural que entonces nos preguntemos qué autoridad tienen esas palabras tan duras, esas exigencias tan dolorosas. Dios responde mostrando a su Hijo con los resplandores de la gloria divina y añadiendo su palabra que lo proclama con sus títulos y exige obediencia a su palabra. La reacción de Pedro ante el primer anuncio de la pasión es la de cualquier hombre: nadie oye con gusto que se le hable de tener que sufrir.
 Es una realidad que el sufrimiento es un mal contra el que hay que luchar, y el mismo Jesús reacción curando a los enfermos. No se debe buscar el dolor por el dolor mismo, porque Dios nos ha creado para hacernos participar de su felicidad y no se complace en el sufrimiento de sus criaturas. 

Pero a veces el dolor tiene el carácter de medio: es necesario pasar por él para poder llegar a algo mejor. Se debe pasar por los dolores del parto para que haya una nueva vida, la semilla debe morir para que germine una planta y haya frutos, es necesario pasar por la muerte física para poder entrar en la vida eterna y llegar a la resurrección. Y en estos casos no se debe huir del dolor 

La pedagogía del evangelio nos muestra los pasos por los que se debe pasar. Una vez que se ha anunciado la pasión, se habla de la resurrección; una vez que hemos visto al Jesús verdadero hombre que debe soportar el dolor, se añade la visión de su gloria de resucitado. Pero Jesús no va solo al Calvario: ha invitado a todos a seguirlo con la cruz a cuestas. Esto nos hace descubrir que si compartimos la cruz con él, también compartiremos la gloria. Si padecemos con Él, nos dice san Pablo, es para que seamos glorificados con él. 
 LA TRANSFIGURACIÓN Y NUESTRA CUARESMA 

No podemos pensar en un seguimiento material de Jesús con una cruz de madera sobre los hombros. Aquí se habla de un seguimiento que consiste en asumir con todas sus responsabilidades y compromisos la condición de discípulo de Jesús. Ser discípulo implica renuncias, a veces dolorosas y sangrientas, junto con una constante lucha contra nuestras malas costumbres, nuestros vicios y malos hábitos adquiridos. 
Con esta disposición debemos unirnos a Cristo muriendo en la cruz para poder hacernos una sola cosa con el en la fe, y morir a nuestro hombre viejo pecador. Solamente de esa manera podemos resucitar con él a la nueva vida de resucitados. 

Cuando vamos a entrar en la segunda semana de cuaresma, la Iglesia nos habla de la transfiguración. Se nos ha dirigido el llamado de practicar la penitencia para prepararnos a la Pascua. Con una claridad mayor hoy se nos habla del término de nuestro camino. Si nos cuesta renunciar a algo que nos tiene aprisionados, si nos duele decirnos que no a nosotros mismos, miremos hacia delante, hacia el final del camino.

 La figura del Cristo glorioso nos muestra la condición de hijos de Dios que nos está reservada a quienes perseveremos con Jesús. Pero no miremos solamente hacia nuestro interior. La lucha que se nos propone también se refiere al mundo que nos rodea. Vivimos en un ambiente que no es precisamente cristiano, donde todo nos invita a vivir con criterios muy distintos a los del evangelio. Se nos propone gozar del momento presente sin pensar en lo que vendrá después; en los planteos y decisiones no ha quedado lugar para Dios; se tiene como mayor valor el tener más, sin que importen los medios con los cuales se consigue lo que se tiene; la humildad es considerada como un defecto, y se aplaude a los soberbios; solamente se mira a los más débiles como personas de las que se puede sacar provecho; y así se podrían seguir recitando los criterios del mundo en el que vivimos.
 Pero esto no está dicho aquí para criticar, sino para que nos examinemos y nos preguntemos si esos criterios también son los nuestros.
Si es así, debemos escuchar a Jesús que nos exhorta a vivir de acuerdo con la Palabra de Dios y nos muestra en su cuerpo glorificado el término hacia el cual somos todos llamados. Acompañando a Cristo hasta la cruz, podremos resucitar con Él.

domingo, 23 de noviembre de 2014

FESTIVIDAD DE CRISTO REY:RECONOCER A JESÚS EN LOS HERMANOS




DOMINGO 23 DE NOVIEMBRE DEL 2014


HOLA A TODOS LOS AMIGOS DE ESTE CENTRO, LA IGLESIA HA ELEGIDO ESTE TEXTO PARA QUE SEA PROCLAMADO EN LA FESTIVIDAD DE CRISTO REY. EN EL DÍA EN QUE CONTEMPLAMOS EL SUPREMO DOMINIO DE CRISTO SOBRE TODO LO CREADO LEEMOS ESTA PÁGINA EN LA QUE SE PROCLAMA QUE LA DIGNIDAD DE CRISTO RECUBRE A QUIENES SON MENOS IMPORTANTES ANTE LOS OJOS DEL MUNDO. QUIENES HOY PROCLAMAMOS QUE ACEPTAMOS ESTE DOMINIO DE CRISTO SOBRE TODOS NOSOTROS, DEBEMOS RECORDAR QUE SEREMOS JUZGADOS POR LA MANERA EN QUE HAYAMOS RECONOCIDO Y REVERENCIADO ESA DIGNIDAD CADA VEZ QUE NOS ENCONTRAMOS CON EL POBRE.



EVANGELIO
Mt 25, 31-46
Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo.
Jesús dijo a sus discípulos: Cuando el Hijo del hombre venga en su gloria rodeado de todos los ángeles, se sentará en su trono glorioso. Todas las naciones serán reunidas en su presencia, y él separará a unos de otros, como el pastor separa las ovejas de los cabritos, y pondrá a aquéllas a su derecha y a éstos a su izquierda. Entonces el Rey dirá a los que tenga a su derecha: "Vengan, benditos de mi Padre, y reciban en herencia el Reino que les fue preparado desde el comienzo del mundo, porque tuve hambre, y ustedes me dieron de comer; tuve sed, y me dieron de beber; era forastero, y me alojaron; estaba desnudo, y me vistieron; enfermo, y me visitaron; preso, y me vinieron a ver". Los justos le responderán: "Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te dimos de comer; sediento, y te dimos de beber? ¿Cuándo te vimos forastero, y te alojamos; desnudo, y te vestimos? ¿Cuándo te vimos enfermo o preso, y fluimos a verte?". Y el Rey les responderá: "Les aseguro que cada vez que lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo". Luego dirá a los de su izquierda: "Aléjense de mí, malditos; vayan al fuego eterno que fue preparado para el demonio y sus ángeles, porque tuve hambre, y ustedes no me dieron de comer; tuve sed, y no me dieron de beber; era forastero, y no me alojaron; estaba desnudo, y no me vistieron; enfermo y preso, y no me visitaron". Éstos, a su vez, le preguntarán: "Señor, ¿cuándo te vimos hambriento o sediento, forastero o desnudo, enfermo o preso, y no te hemos socorrido?". Y él les responderá: "Les aseguro que cada vez que no lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, tampoco lo hicieron conmigo". Éstos irán al castigo eterno, y los justos a la Vida eterna.

CRISTO REY
El año litúrgico concluye en este domingo, con una solemnidad dedicada a Cristo como Rey del universo. Después de haber recorrido el desarrollo de la historia de la salvación a través de todas las celebraciones que tuvieron lugar en el transcurso del año, en este último domingo contemplamos a Cristo que volverá lleno de gloria, constituido como Señor de cielos y tierra, como lo confesamos en el Credo. Se proclama este texto que está tomado del Evangelio de san Mateo, en el que se nos presenta el cuadro del juicio final. En este caso ya no es el Señor que nos habla desde el tiempo de su peregrinación terrenal, sino el Cristo glorioso que vendrá al final de los tiempos. Ya no aparece como el Cristo terrenal que va poniendo los cimientos del Reino, sino como el Rey que viene con todo el esplendor de su majestad y va a dictar justicia desde su trono. En ese momento hará la separación entre los que van a participar de su Reino y los que quedarán afuera.
RECONOCER A JESÚS EN LOS HERMANOS
El evangelio de san Mateo concluye el último de sus discursos con esta Impresionante descripción del juicio final. Después de haber mostrado en una serie de parábolas la forma en que los discípulos deben permanecer en vigilancia hasta la venida gloriosa de Cristo (parábolas del mayordomo; de las muchachas prudentes y las muchachas necias; de los talentos), la instrucción se termina con un gran cuadro donde se representa el juicio que el Cristo glorioso hará sobre todas las naciones. Se trata de un texto de carácter didáctico, en el que sin dificultad se descubre la intención del relator. No se pretende hacer una descripción cuidadosa de lo que será el juicio final, sino que se centraliza la atención sobre un solo tema, que es el que se quiere grabar en la mente de los lectores: el cumplimiento de ciertas obras con el prójimo, aquellas que nosotros llamamos "obras de misericordia" 
De entrada, se presenta al Cristo glorioso que vuelve como rey y juez: se habla de venida gloriosa, de cortejo de ángeles, de trono también glorioso, se le da el título de rey. Por eso Se elige este texto para esta fiesta. La presentación responde a lo que los judíos pensaban sobre el Hijo del hombre, el personaje celestial que Dios enviaría al final de los tiempos, que llegaría sobre las nubes del cielo para instaurar el Reino de Dios y juzgar a justos y culpables dando a cada uno lo que merecían sus obras. Los lectores del evangelio comprenden que se trata de una nueva venida de Jesús, no en la humildad de la carne para padecer, sino en la gloria para juzgar y reinar. Se dice también que todas las naciones se reúnen delante de él. También se pensaba que el Hijo del hombre juzgaría a los paganos. Pero los libros de la época insisten más bien en que el juicio contra las naciones será muy severo porque se las juzgará por sus pecados y sobre todo por los atropellos cometidos contra Israel. 
En este punto comienza lo novedoso de la predicación de Jesús: el juicio no se hará por el trato dado a Israel sino por el comportamiento que se ha tenido con el mismo Cristo.
CRISTO Y LOS PEQUEÑOS
El Señor es comparado con un pastor que separa las ovejas de los cabritos. La figura de Dios como pastor es frecuente en los profetas. Generalmente se la utiliza para hablar del cuidado y la bondad que Dios muestra a su pueblo, como aparece en el texto del profeta Ezequiel que se ha proclamado como primera lectura. Pero el mismo profeta Ezequiel dice, en otro momento, que este Dios, que es Pastor, juzgará a las ovejas y a los cabritos. La parábola, entonces, añade el título de Pastor a los ya mencionados de Rey y de Juez. 

Cristo comienza llamando a los que son destinados a heredar el Reino, no en su etapa incipiente en este mundo, sino en la forma de su consumación final. Pronuncia la sentencia favorable e inmediatamente pasa a dar las razones por las que han merecido esta suerte. Se describe el trato misericordioso que han tenido con el mismo Cristo cuando este se hallaba necesitado. Le dieron lo que le faltaba cuando estaba con hambre, con sed o desnudo; lo recibieron cuando era extranjero o forastero, es decir cuando no tenia domicilio ni derechos en el lugar; lo asistieron cuando estaba enfermo o preso. Ante esta afirmación, los que reciben el Reino responden con una pregunta: ¿Cuándo han visto a Cristo en estas situaciones? Por lo que se puede ver, ninguno es consciente de haber asistido a Cristo, y sin embargo el Señor los premia por haberlo hecho. El mismo Juez se encarga de explicarles el misterio: asistieron a Cristo cada vez que lo hicieron con uno de sus hermanos más pequeños. Hermanos de Jesús y pequeños son dos nombres que los cristianos, los discípulos del Señor, tienen en el evangelio de san Mateo. Con estos dos nombres muestran la gran dignidad con que se recubren los que siguen a Cristo, y al mismo tiempo la condición primera que hay que cumplir para poder ser discípulos: la pequeñez, la pobreza interior, la humildad.

En este texto del juicio, a esta cualidad de la pequeñez se le añade algo más: la circunstancia de estar en una grave necesidad. Así como en otra página del Evangelio se ha dicho que quien aspire a ser el mayor debe asimilarse a Cristo haciéndose servidor de todos y dando la vida por los demás, ahora se dice que es Cristo quien se asimila a sus discípulos cuando estos se encuentran padeciendo graves necesidades por la miseria, la enfermedad, la cárcel... Pero lo más sorprendente de las palabras del evangelio es que Jesús se está dirigiendo a todas las naciones, y no hay indicios de que se esté tratando de la situación de los cristianos dispersos por el mundo, sino más bien de todos los menesterosos, sin diferencia de origen y de religión. 

Jesús se solidariza con estos necesitados hasta el punto de que se considera como hecho a él mismo todo lo que se haga a quienes se encuentran en estas situaciones, aunque no sean cristianos.

LOS REPROBADOS 
La descripción del juicio continúa con las palabras dirigidas a los que son destinados a la condenación eterna. También a ellos se les dan las razones de tan grave castigo. Es porque no hicieron ninguna de las obras que a los otros les alcanzaron el premio: no asistieron a Cristo en su necesidad. También los réprobos preguntan, ya que no son conscientes de haber dejado sin ayudar al Señor en ningún memento. Y también a estos se les responde que no sirvieron a Cristo cada vez que dejaron sin ayuda a alguien que estaba en la necesidad. El detalle de los motives de la condena nos hace ver que la dignidad de los necesitados es algo mayor que lo que parecía a primera vista. Si solamente se hubiera hablado del premio a los que practicaron las obras de misericordia, podríamos haber pensado que Dios, en su bondad, quiso añadir un premio tan grande a esas obras porque él se ocultaba bajo el aspecto de un pobre, como se cuenta en las historias de algunos santos. Pero al decir que los que no las practicaron son condenados porque dejaron de hacérselas a Cristo, esto implica que el que pecó tiene que haber sido consciente de estar ofendiendo a esa suprema dignidad, porque nadie puede ser castigado por faltas cometidas inconscientemente. 

La solidaridad de Cristo con los que padecen necesidad se extiende hasta el punto de que el pobre, el hambriento, el enfermo, el carente de derechos, el menospreciado, son personas que han quedado recubiertas con la dignidad de Cristo. La condición de pobre ha quedado tan enaltecida por Cristo, que se hizo pobre por nosotros, que en cualquier lugar en que haya un hombre pobre, allí está presente el Señor de una manera misteriosa

SERVIR A CRISTO
Cuando se pronuncia la sentencia contra los réprobos, se dice que es porque no sirvieron a Cristo atendiéndolo en la persona de los necesitados. Servir al Señor es también una expresión bíblica para decir que se es religioso. En el Antiguo Testamento ya se decía que se servía al Señor practicando el culto, celebrando las ceremonias y las festividades. El evangelio también trae una novedad en este sentido: el Señor quiere ser servido en la persona de nuestros hermanos, y sobre todo en la persona de los más pobres. Los gestos de adoración, de veneración, de amor y respeto que hacemos cuando celebramos la liturgia, no deben quedar aislados en el ámbito del templo. Por el contrario, deben extenderse a todos los lugares donde sabemos que está presente el Señor. Los gestos de nuestra devoción deben dirigirse al Señor también a través del servicio a todo hombre, y principalmente a aquellos que experimentan las carencias más graves y más urgentes. No se trata de oponer una forma de servicio a otra, ni de optar entre la liturgia y el servicio al prójimo. El mismo Señor que ha establecido una es el que nos ha ordenado hacer también lo otro. Debemos buscar la manera de ofrecer a Dios un culto integral. Finalmente, conviene reiterar que el texto de la descripción del juicio final es un texto didáctico. Pretende instruirnos acerca de un aspecto de la vida cristiana, sin ocuparse de otros. No se dice nada, por ejemplo, de la necesidad de la fe para alcanzar la salvación. Se cometería un grave error si se absolutizara este texto y, prescindiendo de otros textos igualmente importantes, se dijera que toda la vida cristiana se puede circunscribir sola y exclusivamente a la atención de los necesitados.


La Iglesia ha elegido este texto para que sea proclamado en la festividad de Cristo Rey. En el día en que contemplamos el supremo dominio de Cristo sobre todo lo creado leemos esta página en la que se proclama que la dignidad de Cristo recubre a quienes son menos importantes ante los ojos del mundo. Quienes hoy proclamamos que aceptamos este dominio de Cristo sobre todos nosotros, debemos recordar que seremos juzgados por la manera en que hayamos reconocido y reverenciado esa dignidad cada vez que nos encontramos con el pobre.