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domingo, 19 de octubre de 2014

A DIOS LO QUE ES DE DIOS





En aquel tiempo, los fariseos fueron y se pusieron de acuerdo para hacerle decir a Jesús algo que les diera motivo para acusarlo. Así que mandaron a algunos de sus partidarios, junto con otros del partido de Herodes, a decirle: “Maestro, sabemos que tú dices la verdad, y que enseñas de veras el camino de Dios, sin dejarte llevar por lo que diga la gente, porque no hablas para darles gusto. Danos, pues, tu opinión: ¿Está bien que le paguemos impuestos al César, o no?” Jesús, dándose cuenta de la mala intención que llevaban, les dijo: Hipócritas, ¿por qué me tienden trampas? Enséñenme la moneda con que se paga el impuesto”.
Le trajeron un denario, y Jesús les preguntó: “¿De quién es esta cara y el nombre que aquí está escrito?” Le contestaron: “Del César”. Jesús les dijo entonces: “Pues den al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios. Cuando oyeron esto, se quedaron admirados; y dejándolo, se fueron (Mateo 22, 15-21).


Las lecturas de hoy nos muestran la distinción entre lo estatal y lo religioso, la relatividad de los poderes terrenales frente a la soberanía de Dios, y la relación entre la fe religiosa y la justicia social. Tratemos de aplicar a nuestra situación concreta el mensaje que nos traen los textos bíblicos de este domingo: Isaías 45, 1.4-6, Salmo 96 (95), 1ª Carta de Pablo a los Tesalonicenses 1,1-5b, y el pasaje del Evangelio.
1.- “Yo soy el Señor y no hay otro, fuera de mí no hay Dios”
En la primera lectura encontramos tres veces la frase “no hay otro…”. Esta es una de las expresiones más frecuentes en los textos de los profetas del Antiguo Testamento, en los que Dios se proclama como único merecedor de adoración.
Los monarcas de los grandes imperios de la antigüedad eran adorados como dioses.
Muchos llegaron a exigir que se les rindiera culto, como Nabucodonosor en Babilonia, de cuya tiranía liberó el rey persa Ciro a los hebreos en el año 538 a. C., acontecimiento al que hace referencia el texto del libro de Isaías en la 1ª lectura. Los césares o emperadores romanos también se creyeron dioses, y así sucedió en tiempos de Jesús, quien nació en la época de César Augusto y murió en la de su sucesor Tiberio César. Posteriormente la mayoría de sus sucesores harían morir a miles de cristianos que se negaban a reconocer la divinidad del César, título equivalente a lo que en otros idiomas significan los términos Kaiser y Zar: el Emperador.
Frente a la mentalidad que diviniza a los soberanos de la tierra, los textos bíblicos proclaman de muchas formas que Dios es el único Señor. Esto es lo que expresa el Salmo 96 (95), que aclama su gloria y su poder y dice que en comparación con Él “los dioses de otros pueblos no son nada”.
2.- “Al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”
Esta frase de Jesús indica la existencia de dos planos: el de la relación con los poderes terrenos del Estado y el de la obediencia a la autoridad de Dios desde la fe religiosa. No en términos de dos planos necesariamente opuestos, pero sí en cuanto son distintos y no deben confundirse, como ha ocurrido con frecuencia y sigue sucediendo en todos los fundamentalismos, tanto políticos como religiosos, cuando no se respetan las competencias correspondientes. Pero esto no quiere decir que la religión no tenga nada que ver con la política. Sí tiene que ver, y mucho, por cuanto reconocer a Dios como el único Señor implica llevar a la práctica la justicia social que la misma fe exige. Los cristianos y en general los creyentes en Dios que se han negado y se siguen negando a la divinización de los poderes terrenos y a todas sus formas de tiranía, al hacerlo tomaron y toman posiciones políticas en el sentido más amplio de la palabra: el de la coherencia entre creer en Dios y practicar la justicia que esta fe implica, desde el reconocimiento de todos los seres humanos como hijos suyos, con su dignidad y sus derechos.
Contra las pretensiones tiránicas o totalitarias de cualquier soberanía terrena, Jesús proclamó el Reino de Dios. No como un imperio que suplante a las autoridades terrenas, pues como Él lo dijo también, su Reino no es de este mundo, y como él mismo lo mostró en la práctica, nunca cedió a la tentación del mesianismo político haciéndose o dejándose proclamar rey. Pero sí como el reconocimiento eficaz de la soberanía absoluta de Dios -que es la soberanía del amor, porque Dios es Amor- frente a toda pretensión de tiranía por parte de los poderes terrenales.
3.- Las virtudes “teologales” en el primer texto del Nuevo Testamento
La primera carta de san Pablo a la comunidad cristiana de la ciudad griega de Tesalónica, a quienes el mismo apóstol les había proclamado la Buena Nueva de Cristo en su primer viaje misionero, es el primer escrito que ha llegado hasta nosotros de entre todos los que componen el llamado “Nuevo Testamento”. En esta carta, situada por los estudiosos de la Biblia hacia el año 51, entre 20 y 25 años después de la muerte de Cristo, antes de los mismos Evangelios cuya redacción comenzaría hacia el año 64, es muy significativo que aparezcan mencionadas las tres virtudes teologales, es decir, las que corresponden directamente al reconocimiento de Dios como tal: fe, esperanza y caridad. Como lo indica Pablo, se trata de una fe activa, una esperanza que implica afrontar con paciencia las dificultades, y una caridad que supone la disposición de servicio a los demás desde el reconocimiento de todos como hijos e hijas de Dios.



Pidámosle pues al Señor que conserve y aumente en nosotros la fe, la esperanza y la caridad como manifestaciones de nuestro reconocimiento de su soberanía, que implica para cada uno de nosotros el compromiso de contribuir a la realización de la justicia social, específicamente en el contexto de la situación de pobreza, inequidad y violencia que, desde los inicios de la evangelización cristiana hace poco más de cinco siglos, viene padeciendo nuestro país en este continente americano en el que, con no poca frecuencia, se ha confundido y se sigue confundiendo el plano de la Religión con el del Estado, pero también en el que se ha tratado y se sigue tratando de reprimir la justa reivindicación de la dignidad y los derechos humanos con los falsos argumentos de una religión reducida a las sacristías.-

lunes, 13 de octubre de 2014

Inviten a todos los que encuentren

Domingo 12 de octubre de 2014



Estando Jesús junto al Templo de Jerusalén, de nuevo tomó la palabra y les habló en parábolas a las autoridades religiosas del pueblo: «El reino de los cielos se parece a un rey que celebraba la boda de su hijo. Mandó a sus servidores para que avisaran a los convidados a la boda, pero no quisieron ir. Volvió a mandar a sus servidores, encargándoles que les dijeran: "Tengo preparado el banquete, he matado terneros y reses cebadas, y todo está a punto. Vengan a la boda." Los convidados no hicieron caso; uno se marchó a sus tierras, otro a sus negocios; los demás les echaron mano a los servidores y los maltrataron hasta matarlos. El rey montó en cólera, envió sus tropas, que acabaron con aquellos asesinos y prendieron fuego a la ciudad.

Luego dijo a sus nuevos servidores: "La boda está preparada, pero los convidados no se la merecían. Vayan ahora ustedes a los cruces de los caminos, y a todos los que encuentren, convídenlos a la boda." Los servidores salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos. La sala del banquete se llenó de comensales. Cuando el rey entró a saludar a los comensales, reparó en uno que no llevaba traje de fiesta y le dijo: "Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin vestirte de fiesta?" El otro no abrió la boca. Entonces el rey dijo a los camareros: "Átenlo de pies y manos y arrójenlo fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes." Porque muchos son los llamados y pocos los escogidos.» (Mateo 22, 1-14).

1.- “Envió sus siervos a llamar a los invitados a la boda, pero no quisieron venir”

La imagen del banquete nos trae una primera enseñanza en la liturgia de este domingo. Como lo expresa el Salmo 23 (22), unos diez siglos antes de Cristo el rey David le había cantado al Dios que guió a su pueblo por el desierto hacia una tierra prometida como el pastor conduce a sus ovejas hacia praderas de hierba fresca, preparándole un banquete y protegiéndolo de sus enemigos. Dos siglos más tarde, en el siglo VIII a. C., el profeta Isaías (25, 6-10a) había anunciado que Dios prepararía para todos los pueblos una fiesta con manjares exquisitos.

En la parábola del Evangelio el banquete de bodas simboliza la alianza de Dios con su pueblo. Los profetas habían exhortado al pueblo de Israel a cumplir con esta alianza abandonando la idolatría y la injusticia, pero fueron rechazados por sus autoridades políticas y religiosas. Y este rechazo a la invitación de Dios iba a llegar hasta el punto de dar muerte a su Hijo en una cruz. Finalmente, la imagen de la ciudad consumida por el fuego hace referencia a lo que sucedió con Jerusalén, que en el año 70 d. C. fue incendiada y arrasada con todo y su templo.

También nosotros somos invitados por el Señor a abandonar la idolatría -los apegos desordenados- y la injusticia -los comportamientos destructivos contra la dignidad y los derechos de los demás-, para construir una comunidad en la que todos compartamos como hermanos la mesa de la creación. ¿Cómo estamos respondiendo a esta invitación? Para hacerlo positivamente contamos con la ayuda de Jesús, pues como dice el apóstol Pablo en la segunda lectura, “todo lo puedo en Aquél que me conforta” (Filipenses 4, 12-14.19-20).

2.- “Vayan a los cruces de los caminos e inviten a todos los que encuentren”

La segunda enseñanza consiste en reconocer la universalidad del mensaje salvador de Jesús. Los cruces de los caminos son una referencia simbólica a los lugares donde se encuentran las personas de las distintas culturas y condiciones sociales. Los profetas de Israel habían anunciado el alcance universal de las promesas de Dios, más allá de las fronteras. Al “banquete de manjares exquisitos y vino generoso” son invitados “todos los pueblos”, “todas las gentes”, dice el profeta Isaías en la primera lectura.

La Iglesia, nuevo pueblo de Dios del que somos invitados a formar parte todos los hombres y mujeres, tiene como misión mantener la misma actitud de apertura universal que mostró nuestro Señor Jesucristo, que acogía a los paganos, a los pobres, a los pecadores, contraria a la de los jefes religiosos del Templo que los rechazaban con sus leyes y ritos excluyentes. ¿Tengo yo la misma actitud de Jesús? ¿O me cierro a las personas que no son de mi propia raza, cultura, religión o condición social, o que son consideradas pecadoras, como lo hacían los jefes religiosos de Jerusalén?

3.- “Muchos son los llamados, pero pocos los escogidos

En esta conclusión de la parábola encontramos una tercera enseñanza. Hay un detalle muy significativo en la parábola del Evangelio: dice Jesús que los servidores salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, “malos y buenos”. Esto quiere decir que Dios no sólo llama a los justos, sino también a los pecadores, y Él mismo ofrece a todos, sin distinciones, la posibilidad de presentarse bien dispuestos para la fiesta a la que los invita. En las fiestas de bodas de la época de Jesús el anfitrión solía suministrarles a los invitados el vestido apropiado para la ocasión. El personaje de la parábola que se presenta sin este vestido, simboliza por tanto un rechazo al gesto amigable de quien lo ha invitado.

Dios nos ofrece a todos la vestidura que necesitamos para presentarnos a compartir la fiesta de la felicidad eterna, de la cual la Eucaristía es un signo anticipatorio porque en ella entramos en comunión con la vida resucitada de Jesús. Tal vestidura es lo que se llama el “estado de gracia”, es decir la situación resultante de estar en paz con Dios. Para alcanzar este “estado de gracia”, que como la palabra misma lo dice es un don gratuito no obtenido por nuestros méritos sino por la pura misericordia divina, tenemos que reconocer nuestra necesidad de reconciliarnos con Él y con nuestros prójimos, tanto con los que hayamos ofendido como con los que nos hayan hecho algún mal.

¿Estamos presentables para nuestro encuentro con el Señor, llevando la vestidura apropiada que Él mismo nos ofrece? Examinemos nuestra vida, revisemos nuestras actitudes y dispongámonos a responder positivamente a la invitación que Dios nos hace a participar en su banquete: el de la Eucaristía durante nuestra vida presente, y el de “la vida del mundo futuro” cuando pasemos a la eternidad.-

martes, 7 de octubre de 2014

LA PERSONALIDAD Y SUS SOMBRAS

El P. Bradley sj continúa el curso Intensivo a partir de Octubre
 La Personalidad y sus sombras

Los objetivos a alcanzar son:

·        Superar conflictos y duelos
·        Desde el alma iluminar el YO profundo

El curso se cumplirá en 5 (cinco) encuentros, luego de los cuales el P.Bradley realizará entrevistas personales con cada cursante a efectos de sugerir la inserción en otros cursos que faciliten la continuidad de los logros obtenidos.


Comienzo del Curso : Jueves 2 de Octubre de 2014
Horario : Días jueves de 18 a 19 hs.                             
Lugar : Av. Callao 542 – 2º piso
Colaboración voluntaria. Se sugiere: $100 por clase.
Secretaría : Tomás Bradley :  Lunes de 17 a 20 hs.
            Lic. Myriam Ruiz Carmona: Martes, Jueves y Viernes de  18,30 a 20 hs. 
            
Tel: 4373.9799

Para toda información o inquietud comunicarse EXCLUSIVAMENTE por el teléfono consignado o por el siguiente correo : centroamarservir@gmail.com
* Los invitamos a conocer nuestro blog  :   www.centroamarservir.blogspot.com


sábado, 4 de octubre de 2014

Mejor que decir es hacer


En aquel tiempo dijo Jesús a las autoridades religiosas de los judíos: "Escuchen otra parábola: El dueño de una finca plantó un viñedo y le puso un cerco; preparó un lugar donde hacer el vino y levantó una torre para vigilarlo todo. Luego alquiló el terreno a unos labradores y se fue de viaje. Cuando llegó el tiempo de la cosecha, mandó unos criados a pedir a los labradores la parte que le correspondía. Pero los labradores echaron mano a los criados: golpearon a uno, mataron a otro y apedrearon a otro.

El dueño volvió a mandar más criados que al principio, pero los labradores los trataron a todos de la misma manera. Por fin mandó a su propio hijo, pensando: Sin duda, respetarán a mi hijo. Pero cuando vieron al hijo, los labradores se dijeron unos a otros: Este es el que ha de recibir la herencia; matémoslo y nos quedaremos con su propiedad. Así que lo agarraron, lo sacaron del viñedo y lo mataron. Y ahora, cuando venga el dueño del viñedo, ¿qué creen ustedes que hará con esos labradores?" Le contestaron: “Matará sin compasión a esos malvados, y alquilará el viñedo a otros labradores que le entreguen a su debido tiempo la parte de la cosecha que le corresponde”. Jesús entonces les dijo: “¿Nunca han leído ustedes las Escrituras? Dicen: La piedra que los constructores despreciaron se ha convertido en la piedra principal. Esto lo hizo el Señor, y estamos maravillados. Por eso les digo que a ustedes se les quitará el Reino, y se le dará a un pueblo que produzca la debida cosecha”. (Mateo 21, 33-43).

Las parábolas propuestas por Jesús junto al Templo de Jerusalén poco antes de su pasión simbolizan el rechazo a la acción amorosa de Dios por parte de los falsos creyentes, representados en las autoridades religiosas de su tiempo. Meditemos en el sentido de la parábola del Evangelio, relacionándola con los otros textos bíblicos de este domingo [Isaías 5, 1-7; Salmo 128 (127); Carta de Pablo a los Filipenses 4, 6-9].

1.- “El dueño de una finca plantó un viñedo”

Las viñas o viñedos, nombre dado a los campos de cultivo de uvas para la producción de vino, eran y siguen siendo muy comunes en Israel. En la parábola de los viñadores o cultivadores homicidas que nos presenta el Evangelio hay una referencia implícita a la canción de la viña, compuesta por el profeta Isaías 8 siglos A.C. y contenida en la primera lectura (Isaías 5, 1-7). Es una imagen poética del amor de Dios al pueblo de Israel, al que en el siglo 12 A.C., por medio de Moisés, había liberado de la esclavitud en Egipto para plantarlo en una tierra en la cual le brindaría todos los cuidados, como dice asimismo el Salmo 128: Sacaste Señor una vid de Egipto y la trasplantaste. Extendió sus sarmientos -o sea sus ramas- hasta el mar -el Mediterráneo, al occidente de Jerusalén- y sus brotes hasta el gran río -el Jordán, al oriente de la misma ciudad-. El texto de Isaías expresa claramente la decepción de Dios ante la ingratitud de su pueblo: “El Señor esperaba de ellos respeto a su ley, y sólo encuentra asesinatos; esperaba justicia, y sólo escucha gritos de dolor”.

También a nosotros el Señor nos ha querido liberar de la esclavitud del pecado, es decir de las cadenas del egoísmo, para plantarnos en una tierra nueva que es su Reino, un reino de amor, de justicia y de paz, la paz verdadera a la que se refiere san Pablo en la segunda lectura, y cuya realización para cada uno de nosotros depende de nuestra disposición a responder al amor infinito de Dios mediante la puesta en práctica de todo lo que es verdadero -sincero-, noble, justo, puro, amable… (Carta a los Filipenses 4,8).

2.- “Por fin mandó a su propio hijo… lo sacaron del viñedo y lo mataron”

A través de sus enviados anteriores, los profetas, Dios había invitado una y otra vez a su pueblo a la conversión, a que cambiara la adoración a los falsos dioses por el reconocimiento de su Amor, manifestado en el culto a Él como único Dios y en el amor al prójimo mediante la práctica de la justicia y la compasión. Pero una y otra vez los profetas y sus mensajes fueron rechazados por quienes preferían sus ídolos y sus intereses egoístas a la voluntad de Dios. Y el colmo de este rechazo fue precisamente la forma en que quienes se consideraban a sí mismos buenos y santos, pero en realidad se adoraban a sí mismos y se habían fabricado una imagen falsa de Dios, trataron a Jesús, el Hijo de Dios hecho hombre, condenándolo a la muerte en el suplicio de la cruz.

Cada uno de nosotros es invitado a responder al amor de Dios mediante el comportamiento constructivo con los demás, reconociendo en cada quien a nuestro hermano o hermana, porque todos somos hijos e hijas de un mismo Creador. ¿Cómo estoy respondiendo a esta invitación que el Señor me hace una y otra vez? Si Jesús se presentara nuevamente hoy en la tierra como lo hizo hace poco más de veinte siglos, sin duda sería igualmente asesinado por quienes se sienten incómodos con las exigencias del amor al prójimo. ¿Sería yo uno de ellos? ¿Qué debería hacer para no serlo?

3.- “A ustedes se les quitará el reino, y se le dará a un pueblo que produzca lo debido”

Esta frase con la que Jesús concluye la parábola es una clara alusión a lo que iba a ocurrir con los que se creían santos y mejores que los demás y se opusieron a Jesús hasta matarlo por el hecho de haberse puesto al lado de los excluidos por ellos. Esos que se creían superiores iban a resultar fuera, y en cambio los despreciados como paganos y pecadores iban a constituir el nuevo pueblo de Dios, en el que el reino del amor y de la paz se iría realizando en la medida en que acogieran y llevaran a la práctica las enseñanzas de Jesús. Y tal profecía tiene una aplicación especial al comenzar este mes de octubre, dedicado a las misiones de la Iglesia en muchos lugares o regiones en donde no se conoce o no se reconoce a Jesucristo.

No vale sólo pertenecer institucionalmente a la Iglesia. Si no reconocemos efectivamente a los demás como nuestros hermanos y hermanas, hijos e hijas del mismo Creador, nos haremos merecedores de las mismas palabras de Jesús con las que concluye el Evangelio de hoy: “a ustedes se les quitará el Reino, y se le dará a un pueblo que produzca la debida cosecha”. Revisemos pues nuestras actitudes y comportamientos, y dispongámonos a realizar con hechos lo que expresamos al decirle a Dios Padre, en la oración que Jesús nos enseñó, “venga a nosotros tu Reino”.-




domingo, 28 de septiembre de 2014

Andar en la humildad es andar en la verdad




XXVI Domingo del Tiempo Ordinario Ciclo A – Septiembre 28 de 2014
En aquel tiempo, mientras enseñaba en el Templo de Jerusalén, les preguntó Jesús a las autoridades religiosas de los judíos: « ¿Qué les parece? Un hombre tenía dos hijos. Al
primero le dijo: “Hijo, vete hoy a trabajar en la viña”. Y él respondió: “No quiero”, pero después se arrepintió y fue. Lo mismo le dijo al segundo y éste respondió: “Voy, Señor”, pero no fue. ¿Cuál de los dos hizo la voluntad del padre?» «El primero», le contestaron. Y Jesús les replicó: «En verdad les digo que los publicanos y las prostitutas llegarán antes que ustedes al Reino de los Cielos. Porque vino Juan a ustedes por caminos de justicia, y ustedes no creyeron en Él, mientras que los publicanos y las rameras sí le creyeron. Y ustedes, aunque vieron todo esto, no cambiaron de actitud para creerle (Mateo 21, 28-32). El mensaje del Evangelio de hoy podemos resumirlo en una frase de san Ignacio de Loyola (1491- 1556): El amor se debe poner más en las obras que en las palabras [Ejercicios Espirituales, 230], que corresponde al refrán popular obras son amores, no buenas razones. Meditemos en lo que dice Jesús, teniendo en cuenta también las demás lecturas bíblicas de este domingo [Ezequiel 18, 25-28; Salmo 25 (24); Carta de Pablo a los Filipenses 2, 1-11]. 

1.- Dos actitudes opuestas
La parábola de los dos hijos muestra dos actitudes opuestas en la relación con Dios. El que dice “voy” y no va representa a quienes se consideran buenos pero dicen y no hacen (Mateo 23, 2-4). El otro hijo, que dice al principio “no quiero ir”, pero luego recapacita y atiende el llamado de su padre, representa a quienes se reconocen necesitados de salvación, como lo son los publicanos o recaudadores de impuestos del imperio romano y las prostitutas que venden sus cuerpos en el mercado del sexo, y al reconocer su necesidad de ser salvados y disponerse a cambiar de conducta, son acogidos por la misericordia de Dios. Dios rechaza el pecado, pero acoge a quien se reconoce pecador y se dispone sinceramente a cambiar. Por eso dice a través del profeta Ezequiel en la primera lectura: Cuando el malvado se convierte de la maldad que hizo y practica el derecho y la justicia, él mismo salva su vida. Si recapacita y se convierte de los delitos cometidos, ciertamente vivirá. El padre José Luis Martín Descalzo, escritor y periodista español (1930-1991), además de una hermosa biografía titulada Vida y misterio de Jesús de Nazaret, dejó entre sus obras literarias un monólogo que lleva por título Las prostitutas os precederán en el reino de los cielos. Es el drama de una meretriz que se dirige a Aquél que proclamó no sólo de palabra, sino con hechos, el amor de Dios a los “últimos”, a los pecadores rechazados por una sociedad hipócrita que los relega al rincón del menosprecio y a la imposibilidad de la redención. 

2.- Decir y no hacer es lo mismo que mentir
La hipocresía, ligada a la soberbia de quienes se creen mejores que los demás y por eso desprecian a quienes consideran inferiores, es la actitud que más critica Jesús en los Evangelios. Esta actitud era característica de los jefes religiosos judíos en aquel tiempo: los saduceos integrantes de la casta sacerdotal del Templo de Jerusalén, y los doctores de la Ley que pertenecían a la secta de los fariseos, apelativo que significa “separados” o “incontaminados” y que se daban a sí mismos los que presumían de ser santos, y por eso se apartaban de quienes consideraban pecadores. Ya Juan el Bautista los había exhortado a que cambiaran esa actitud, pero ellos lo rechazaron, como también rechazaban ahora a Jesús precisamente porque la soberbia los hacía sordos a este llamado. El hipócrita es un mentiroso. Se la pasa murmurando, condenando, moralizando. Cumple con unos ritos externos, repitiendo “Señor, Señor”, pero sin hacer la voluntad de Dios, que es voluntad de amor (Mateo 7, 21-23). Quienes se creen perfectos y menosprecian a los demás, especialmente a los que no son de su raza, religión, cultura, condición o clase social, esconden una conciencia torcida, envidiosa, llena de intenciones y acciones malévolas. Y suelen ser ellos los mismos que a menudo manifiestan de palabra sus adhesiones a Dios, a la patria, a las instituciones, a la moral, y a la hora de la verdad pelan el cobre: su vida es toda una mentira. Dicen y no hacen (Mateo 23, 3), como el hijo de la parábola que dijo “voy” y no fue.

3.- Andar en la humildad es andar en la verdad
El apóstol san Pablo nos presenta en la segunda lectura una de las descripciones bíblicas más bellas del misterio de la Encarnación de Dios en Jesús de Nazaret: “Él, a pesar de su condición divina, no hizo alarde de su categoría de Dios; al contrario, se despojó de su rango y tomó la condición de servidor, pasando por uno de tantos…”. Por eso, al invitar a los primeros cristianos de la ciudad macedónica de Filipos, ciudad situada al norte de Grecia, a que piensen y actúen como lo hizo Jesús -una invitación también dirigida hoy a cada uno de nosotros-, lo hace en el marco de su exhortación a que se dejen guiar por la humildad.Teresa de Ávila, también conocida como Santa Teresa de Jesús (1515-1582), escribió unos 15 siglos después de Cristo: “andar en la humildad es andar en la verdad”. Porque es precisamente cuando reconocemos con humildad nuestra condición humana necesitada de salvación, cuando nos ajustamos a la verdad de nuestra existencia.

Conclusión
Dispongámonos pues, desde el reconocimiento sincero de nuestra necesidad de salvación e implorando la fuerza que sólo el Espíritu de Dios nos puede dar, a ser coherentes y realizar en la práctica de nuestra vida cotidiana lo que expresamos al proclamar nuestra fe, y a imitar la actitud misericordiosa de Dios que se nos revela en nuestro Señor Jesucristo, acogiendo con compasión y misericordia a todas las personas rechazadas y excluidas que muestran y reconocen su necesidad de ser liberadas de todo cuanto las oprime. Sólo así podremos andar en la verdad y pasar de los dichos a los hechos.-

domingo, 21 de septiembre de 2014

Aprender a vivir en medio de las diferencias y con la justicia de Dios



Evangelio según San Mateo 19,30.20,1-16. 
Jesús dijo a sus discípulos: «Muchos de los primeros serán los últimos, y muchos de los últimos serán los primeros, porque el Reino de los Cielos se parece a un propietario que salió muy de madrugada a contratar obreros para trabajar en su viña. 
Trató con ellos un denario por día y los envío a su viña. 
Volvió a salir a media mañana y, al ver a otros desocupados en la plaza, les dijo: 'Vayan ustedes también a mi viña y les pagaré lo que sea justo'. Y ellos fueron. Volvió a salir al mediodía y a media tarde, e hizo lo mismo. Al caer la tarde salió de nuevo y, encontrando todavía a otros, les dijo: '¿Cómo se han quedado todo el día aquí, sin hacer nada?'. Ellos les respondieron: 'Nadie nos ha contratado'. Entonces les dijo: 'Vayan también ustedes a mi viña'. Al terminar el día, el propietario llamó a su mayordomo y le dijo: 'Llama a los obreros y págales el jornal, comenzando por los últimos y terminando por los primeros'. Fueron entonces los que habían llegado al caer la tarde y recibieron cada uno un denario. Llegaron después los primeros, creyendo que iban a recibir algo más, pero recibieron igualmente un denario. Y al recibirlo, protestaban contra el propietario, diciendo: 'Estos últimos trabajaron nada más que una hora, y tú les das lo mismo que a nosotros, que hemos soportado el peso del trabajo y el calor durante toda la jornada'. El propietario respondió a uno de ellos: 'Amigo, no soy injusto contigo, ¿acaso no habíamos tratado en un denario? Toma lo que es tuyo y vete. Quiero dar a este que llega último lo mismo que a ti. ¿No tengo derecho a disponer de mis bienes como me parece? ¿Por qué tomas a mal que yo sea bueno?'.Así, los últimos serán los primeros y los primeros serán los últimos»


Jesús nos enseña que la acción salvadora de Dios implica una total gratuidad. Esto quiere decir que nosotros no tenemos por qué exigirle a Él ninguna remuneración. Si él nos recompensa por el bien que hacemos, esto se debe por completo a su iniciativa amorosa. Tal es el mensaje que nos trae el Evangelio (Mateo 20, 1-16). Reflexionemos un poco sobre él, teniendo en cuenta también las otras lecturas de este domingo [Isaías 55, 6-9; Sal 142 (141), 2-3. 8-9. 17-18; Filipenses 1, 20c-24. 27].

1.- Salió a contratar jornaleros para su viña
La imagen de la recolección de las uvas para fabricar el vino había sido empleada por los profetas bíblicos para simbolizar la acción de Dios que hizo de su pueblo un campo  de siembra del que esperaba frutos buenos y abundantes. Jesús la retoma para enseñarles  a sus discípulos, mediante ésta y otras parábolas, en qué consiste el Reino de Dios: en su acción salvadora, que concede la felicidad plena a toda persona que acoge su  invitación a seguir el camino que Él mismo nos ha mostrado en la vida de su Hijo Jesucristo: el camino del Amor, consistente en el reconocimiento filial de Dios, nuestro Creador, y en el reconocimiento fraternal de nuestros prójimos como hijos del mismo Dios, cualquiera que sea su raza, cultura, credo o condición social. 2.- Los primeros pensaban que recibirían más, pero también recibieron un denario A primera vista la forma de proceder del dueño de la hacienda es injusta. ¿Cómo así que a quienes se rompieron el lomo de sol a sol les viene a pagar lo mismo que a los que apenas trabajaron la última hora del día? Pero la finalidad de esta parábola no es darnos una lección de derecho laboral, sino hacerles ver, a quienes se creían “primeros” por pertenecer a una raza elegida y consideraban que Dios les debía pagar mucho más por el cumplimiento fiel de unos ritos externos, lo equivocados que estaban al criticar la acogida que recibían de Jesús aquellos a quienes ellos rechazaban como pecadores. Éstos, que son los “últimos” a quienes se refiere Jesús, eran los publicanos, las prostitutas, los marginados sociales, los extranjeros no pertenecientes a la religión judía y en general todas las personas que, desde otras procedencias distintas, se habían hecho sus discípulos y discípulas para formar lo que iba a ser el inicio del cristianismo, dieciocho siglos después de los patriarcas que habían dado origen al pueblo de Israel (Abraham, Isaac y Jacob). 

3.- “Los últimos serán primeros y los primeros serán últimos” 
Esta frase de Jesús aparece varias veces en los Evangelios en contextos distintos, pero siempre para hacer referencia a lo que Dios mismo había dicho a través del profeta Isaías en la primera lectura: “Mis planes no son los planes de ustedes, sus caminos no son mis caminos -oráculo del Señor-. Como el cielo es más alto que la tierra, mis caminos son más altos que los de ustedes, mis planes que los suyos”. Ahora bien, tal referencia a los designios de Dios como totalmente diferentes de los planes humanos, Jesús la aplica especialmente a la acogida que Él mismo les brinda a los pecadores que atienden su invitación y se convierten dejándose transformar por su Espíritu. A esto se refiere a su vez el mismo pasaje de Isaías, en el que Dios dice: “que el malvado abandone su camino y el criminal sus planes; que regrese al Señor, y de él tendrá piedad nuestro Dios, que es rico en perdón”. A esta actitud misericordiosa corresponde precisamente la justicia de Dios, la misma que canta el Salmo al proclamar que “el Señor es justo en todos sus caminos,bondadoso en todas sus acciones”. En otras palabras, la justicia divina no es la frialdad indiferente y ciega de un juez insensible, sino la bondad infinita de un Padre compasivo y misericordioso.

Conclusión
En la segunda lectura bíblica nos invita el apóstol san Pablo a llevar una vida digna del Evangelio de Cristo. Al haber escuchado y meditado el pasaje evangélico de este domingo, dispongámonos a hacer realidad en nuestras actitudes cotidianas las enseñanzas de Jesús, en quien se nos presenta personalmente Dios para mostrarnos su generosidad y su misericordia infinitas. Así como él procedió, también debemos proceder nosotros: con una disposición plena a la compasión, totalmente opuesta al orgullo condenador de quienes se creen buenos y desprecian a los demás.

domingo, 14 de septiembre de 2014

Exaltación de la cruz




LA EXALTACIÓN DE LA
CRUZ

La Iglesia en este día celebra la veneración a las reliquias de la cruz de Cristo en Jerusalén, tras ser recuperada de manos de los persas por el emperador Heráclito. Según manifiesta la historia, al recuperar el precioso madero, el emperador quiso cargar una cruz, como había hecho Cristo a través de la ciudad, pero tan pronto puso el madero al hombro e intentó entrar a un recinto sagrado, no pudo hacerlo y quedó paralizado. El patriarca Zacarías que iba a su lado le indicó que todo aquel esplendor imperial iba en desacuerdo con el aspecto humilde y doloroso de Cristo cuando iba cargando la cruz por las calles de Jerusalén. Entonces el emperador se despojó de su atuendo imperial, y con simples vestiduras, avanzó sin dificultad seguido por todo el pueblo hasta dejar la cruz en el sitio donde antes era venerada. Los fragmentos de la santa Cruz se encontraban en el cofre de plata dentro del cual se los habían llevado los persas, y cuando el patriarca y los clérigos abrieron el cofre, todos los fieles veneraron las reliquias con mucho fervor, incluso, su produjeron muchos milagros.

Nos enseña quiénes somos
La cruz, con sus dos maderos, nos enseña quiénes somos y cuál es nuestra dignidad: el madero horizontal nos muestra el sentido de nuestro caminar, al que Jesucristo se ha unido haciéndose igual a nosotros en todo, excepto en el pecado. ¡Somos hermanos del Señor Jesús, hijos de un mismo Padre en el Espíritu! El madero que soportó los brazos abiertos del Señor nos enseña a amar a nuestros hermanos como a nosotros mismos. Y el madero vertical nos enseña cuál es nuestro destino eterno. No tenemos morada acá en la tierra, caminamos hacia la vida eterna. Todos tenemos un mismo origen: la Trinidad que nos ha creado por amor. Y un destino común: el cielo, la vida eterna. La cruz nos enseña cuál es nuestra real identidad.
Nos recuerda el Amor Divino
"Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que todo el que crea en Él no perezca sino que tenga vida eterna". (Jn 3, 16). Pero ¿cómo lo entregó? ¿No fue acaso en la cruz? La cruz es el recuerdo de tanto amor del Padre hacia nosotros y del amor mayor de Cristo, quien dio la vida por sus amigos (Jn 15, 13). El demonio odia la cruz, porque nos recuerda el amor infinito de Jesús. Lee: Gálatas 2, 20.
Signo de nuestra reconciliación
La cruz es signo de reconciliación con Dios, con nosotros mismos, con los humanos y con todo el orden de la creación en medio de un mundo marcado por la ruptura y la falta de comunión.

jueves, 11 de septiembre de 2014

Constelación Familiar y Dinámicas de Conciliación

El P. Raúl Bradley s.j  los invita a participar del taller de Constelación Familiar y Dinámicas de Conciliación, para aprender a ampliar la percepción sobre nuestras relaciones interpersonales, y así descubrir soluciones sistémicas.
La misma se realizará el sábado 13/09/2014 y, como siempre, con la coordinación de la Lic. Gladys Brites.
IMPRESCINDIBLE: gestionar la inscripción a través del teléfono de Secretaría o por el siguiente correo :  amar_servir@hotmail.com

Los cupos de inscripción son limitados.

“No se admite la participación de aquéllas personas que no se hubieren inscripto previamente”

Quienes asisten por primera vez a la Constelación, deben concurrir a las 15 hs. para la instrucción grupal previa con el P. Bradley.

Les pedimos hacer extensiva la presente invitación a toda persona interesada en el tema de referencia.
Fecha de realización :sábado 13 de Septiembre de 2014
Horario :16 hs a 19 hs. (se ruega puntualidad)
Lugar :Callao 542 – 2º piso
Colaboración sugerida : $120. (Colabore abonando con cambio)
SecretaríaTomás Bradley: Lunes de 17 a 20 hs.                          
                       Lic. Myriam Ruiz Carmona :  Martes, Miércoles, Jueves y Viernes de    
                        18,30 a 20 hs

Tel :4373.9799 (puede dejar mensaje)

domingo, 7 de septiembre de 2014

CRISTO EN LA COMUNIDAD


EVANGELIO DEL DOMINGO 7 DE SEPTIEMBRE DEL 2014
Mt 18, 15-20

Jesús dijo a sus discípulos: "Si tu hermano peca contra ti, ve y corrígelo en privado. Si te escucha, habrás ganado a tu hermano. Si no te escucha, busca una o dos personas más, para que el asunto se decida por la declaración de dos o tres testigos. Si se niega a hacerles caso, dilo a la comunidad. Y si tampoco quiere escuchar a la comunidad, considéralo como pagano o publicano. Les aseguro que todo lo que ustedes aten en la tierra, quedará atado en el cielo, y lo que desaten en la tierra, quedará desatado en el cielo. También les aseguro que si dos de ustedes se unen en la tierra para pedir algo, mi Padre que está en el cielo se lo concederá. Porque donde hay dos o tres reunidos en mi nombre, yo estoy presente en medio de ellos?.

EL PECADO Y LA COMUNIDAD
El evangelio que se proclama este domingo continúa con las enseñanzas de Jesús sobre el reino de los cielos que se acerca. Son unos pocos versículos en los que el evangelista ha reunido varias frases del Señor que se refieren al trato que se debe dar a los pecadores. Las enseñanzas del Antiguo Testamento, y las normas de los maestros judíos de ]a época de Jesús eran a veces muy rigurosas con los pecadores. Los reinos de este mundo suelen hacer gran publicidad cuando alguna persona delinque, o con gran facilidad dejan impunes los grandes delitos. El trozo del evangelio que la liturgia señala para este domingo trata de la disciplina que debe regir en esta etapa del Reino que viene a instaurar Jesús. Los criterios que deben aplicarse en la comunidad de discípulos cuando algún hermano peca no pueden ser los mismos que regían en la antigua Ley, ni tampoco los que aplican los reinos de este mundo. Jesús viene a establecer una comunidad diferente, en la que ya se descubran los rasgos del Reina que se acerca.

LOS PEQUEÑOS
Para la proclamación del evangelio de este domingo se han escogido varios versículos pertenecientes a una serie de enseñanzas que se refieren al cuidado que se debe tener con los discípulos de Jesús. La sección del evangelio de donde se han tomado estos versículos comienza con la respuesta que da Jesús a la pregunta de los apóstoles sobre quién es más grande en el Reino de los cielos. Jesús señala a un niño y les dice que para ser grande en el Reino es necesario hacerse pequeño como un niño. Todo aquel que se hace pequeño es grande. De esta forma se establece que la humildad es la primera condición que se requiere para poder ser contado entre los discípulos del Señor. Los criterios que rigen en el Reino no son como los del mundo, que considera más grandes a los que tienen más o pueden más. A continuación el evangelista ha colocado varias enseñanzas de Jesús que tratan sobre el mismo tema de los que son pequeños: No ser para ellos como una piedra de tropiezo, no menospreciarlos, buscarlos cada vez que alguno se pierde. En ese punto se incluye la parábola de la oveja perdida, que concluye con la afirmación de que la voluntad del Padre es que no se pierda ninguno de los pequeños. Ante los ojos del mundo los que son pequeños, los humildes, valen muy poco, pero a los ojos de Dios son muy importantes. Valen tanto, que es preferible dejar las noventa y nueve ovejas para salir a buscar a uno de los pequeños que se haya perdido. El trozo del evangelio que se proclama en este domingo es como una explicitación de lo anterior, pero está presentado en la forma de una solución a un problema concrete. Se indica el proceso que se debe seguir cuando 'se pierde' un hermano de la comunidad. El texto del evangelio explicita que esta pérdida se produce cuando un hermano peca.

EL HERMANO QUE HA PECADO
El evangelio es muy realista. No oculta que puede haber pecado también dentro de la comunidad cristiana, aunque ya nos encontremos en esta etapa en la que se está manifestando el Reino. Nos habla de un hermano que ha cometido alguna falta. Comparando los manuscritos más antiguos no queda claro si se trata de un pecado.de cualquier clase, o si es una ofensa personal a un miembro de esa misma comunidad. Los manuscritos antiguos tienen lecturas diferentes en este lugar: mientras que unos dicen simplemente "ha pecado", otros dicen "ha pecado contra ti". En la traducción que se utiliza para la liturgia se ha optado por esta última forma. Ya desde los primeros días de la Iglesia ha habido cristianos que encontraron dificultad en admitir que pudiera existir el pecado entre los discípulos de Cristo. Y por eso se dieron cases de no querer reconocer como cristianos a los que cometían alguna falta, e incluso se llegó a decir que los pecados cometidos después del bautismo ya no tenían perdón. Todavía hoy hay cristianos que no aceptan como hermanos a quienes tienen tales o cuales pecados, y las sectas pretenden probar que la iglesia católica no es la Iglesia de Cristo porque en ella hay pecadores. Por supuesto que no podemos aprobar el pecado, pero debemos reconocer que mientras vivamos en este mundo el pecado va a existir. Jesús no aprueba el pecado, pero nos habla de cómo debemos preceder cuando uno de nuestros hermanos peca. El primer paso a dar es no hacer publicidad del pecado de nuestro hermano. El Señor señala que la exhortación o reprensión para que el pecador tome conciencia de su situación, debe ser hecha en privado: las palabras textuales del evangelio, en su lengua original, suenan así como "entre tú y él solos". La publicidad daña al hermano porque le dejará mala fama, aún cuando después se arrepienta y cambie de actitud. Pero también daña al mismo que la hace, porque esa forma de andar divulgando los pecados ajenos no está libre de cierta dosis de arrogancia o soberbia semejante a la del hombre de aquella parábola, que señalaba los pecados de los demás para terminar diciendo: Yo no soy como los demás hombres. Al exigir que la exhortación se haga en privado, el Señor nos muestra que el hermano pecador conserva su dignidad, y debe ser tratado con cariño y respeto. El también es un pequeño que hay que recuperar a toda costa.
LA EXCOMUNION
El texto del evangelio continúa considerando la posibilidad de que el hermano se resista a escuchar la exhortación. En ese caso la divulgación del pecado se debe hacer, pero con una medida muy limitada: una o dos personas más. El evangelista recurre aquí a una expresión tomada del Antiguo Testamento: por la declaración de dos o tres testigos quedará concluida toda causa. Es un principio para ser aplicado en los tribunales. Los delitos se prueban cuando hay por lo menos dos o tres testigos. En este caso puede ser que el hermano no acepte la palabra de uno solo y se plante en su posición considerando que él tiene razón. El evangelio, con suma delicadeza, tampoco condena al hermano en esta actitud, y pide que con la acumulación de testigos se intente convencerlo de que esta obrando mal. ¿Que hacer si el hermano tampoco se deja convencer por los testigos? En este caso hay que llevar el asunto a la comunidad. Se entiende entonces que no se trata de un asunto insignificante, sino que es algo que tiene suficiente importancia como para que tenga que intervenir toda la comunidad. Si la comunidad exhorta al pecador y este no se deja convencer, entonces se recurre a la última solución: el hermano ya no será considerado como miembro de la Iglesia. La fórmula "será para ustedes como un pagano o un publicano" es la que expresa que ya no es más un miembro de la comunidad. ¿Por qué se aplica este rigor cuando el hermano no acepta la palabra de la comunidad? El evangelio lo aclara con las palabras que vienen a continuación: en la comunidad está el mismo Cristo.


CRISTO EN LA COMUNIDAD
San Mateo ha incluido en este texto unas palabras que en el mismo evangelio encontramos en otro lugar como dichas a san Pedro, en el momento en que el Señor lo declara piedra fundamental de la Iglesia y le confiere el primado. Son palabras sobre el poder de atar y desatar, con la correspondiente ratificación en el cielo. En este lugar del evangelio se aplican esas mismas palabras a la Iglesia, para indicar que su decisión, al declarar como ajeno a la comunidad al pecador, es una decisión que el mismo Dios confirma desde el cielo. Podría parecer que es demasiada arrogancia la de un grupo de hombres que considerar rubricado por el Cielo todo lo que ellos hacen sobre la tierra. Por eso el autor del evangelio sale al paso de esta objeción añadiendo otra frase de Jesús referente a la comunidad: El se hace presente donde hay dos o tres que invocan su nombre. Está de por medio la promesa de la asistencia de Jesús a quienes se reúnen en su nombre, y es por eso que las decisiones de la comunidad tienen esta fuerza y esta autoridad. El Señor resucitado hace partícipe a la Iglesia de su misma autoridad.

LA IGLESIA Y EL PECADOR
Todos podemos sacar grandes enseñanzas de este texto del evangelio. La Iglesia siempre debe revisar sus actitudes de acuerdo con la palabra del Señor, para no contagiarse con las formas de actuar que tienen los reinos de este mundo. En este caso Jesús, la invita a examinarse sobre la forma de tratar al pecador y al que se equivoca. Los cristianos también somos invitados " revisar nuestra actitud para con estos hermanos y para con el mismo hecho del pecado: ni excesivo egoísmo para con los primeros ni permisividad culpable para con el segundo. Y todos debemos recoger la enseñanza de saber escuchar a la Iglesia, cuando en nombre de Cristo nos enseña cómo debemos vivir. El Señor le ha prometido su especial asistencia y debemos creer en ella. 

domingo, 31 de agosto de 2014

Discernir la voluntad de Dios



EVANGELIO DEL DOMINGO 31 DE  AGOSTO DEL 2014
En aquel tiempo empezó Jesús a explicar a sus discípulos que tenía que ir a Jerusalén y padecer allí mucho por parte de los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, que iba a ser ejecutado y que resucitaría al tercer día. Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo: « ¡No lo permita Dios, Señor! Eso no puede pasarte.» Jesús se volvió y le dijo a Pedro: 
«Quítate de mi vista, Satanás, que me haces tropezar; tú piensas como los hombres, no como Dios.»Entonces dijo Jesús a sus discípulos: «Si alguno quiere ser discípulo mío, olvídese de sí mismo, cargue con su cruz y sígame Si uno quiere salvar su vida, la perderá; pero el que la pierda por mí la encontrará. ¿De qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero, si arruina su vida? ¿O qué podrá dar para recobrarla? Porque el Hijo del hombre vendrá entre sus ángeles con la gloria de su Padre, y entonces pagará a cada uno según su conducta.» (Mateo 16, 21-27). 
El Evangelio de hoy se sitúa inmediatamente después del relato en el que Simón Pedro reconoce a Jesús como el Mesías. Tratemos de desentrañar el sentido de lo que nos dice Jesús, teniendo en cuenta también las otras lecturas de la liturgia eucarística de este domingo [Jeremías 20, 7-9; Salmo 63 (62); Carta de Pablo a los Romanos 12, 1-2]. 

1.- Empezó a explicarles que tenía que ir a Jerusalén y padecer allí mucho (…), que iba a ser 
ejecutado y que resucitaría al tercer día En el relato evangélico del domingo pasado, inmediatamente después de la confesión de Pedro, quien inspirado por Dios ha reconocido a su Maestro como el Mesías -el Cristo- Hijo de Dios, Jesús mismo les ordena a sus discípulos que no le digan esto a nadie por el momento, para contrarrestar los malentendidos de un falso mesianismo. En el texto de este domingo, Jesús les anuncia su pasión con el fin de despejar estos malentendidos y mostrarles lo que implica precisamente ser el Ungido por Dios su Padre para realizar la salvación de la humanidad.Y al mismo discípulo a quien poco antes había llamado Pedro (Piedra) para indicar la misión que le encomendaría de ser fundamento de su Iglesia, ahora lo llama Satanás (nombre tomado del hebreo que significa Adversario, Opositor, Enemigo, y es traducido al griego como Diábolos –en español “Diablo”-), mostrando así que su intención de disuadirlo de la pasión era inspirada ya no por Dios, sino por el  espíritu del mal.Jesús no sólo anuncia que va a padecer y ser ejecutado por parte de los ancianos, sumos sacerdotes y escribas (las autoridades religiosas que lo entregarían al gobernante romano para que ordenara su muerte de cruz), sino también que resucitará al tercer día. De esta forma se refiere a su misterio pascual, que comprende tres momentos: (1) su pasión que culminará en la crucifixión y muerte, (2) la sepultura de su cuerpo en el lugar de los muertos, y (3) su resurrección, que es el paso a la vida nueva de su humanidad glorificada.

2.- “Si alguno quiere ser mi discípulo, olvídese de sí, cargue con su cruz y sígame” 
La primera exigencia de ser discípulo de Jesús es renunciar a toda forma de egoísmo y a todo apego o 
afecto desordenado, para orientar la vida en función del Reino de Dios, al servicio de los más 
necesitados, contribuyendo así a la construcción de la civilización del amor. Esta exigencia conlleva la segunda: cargar con la propia cruz, o sea asumir todo lo que implica esa orientación de servicio en términos de una disposición a dar la vida misma. Y la tercera exigencia es seguirlo a Él: adherirse a su Persona e identificarse con sus enseñanzas hasta las últimas consecuencias.La cruz, que hoy es para nosotros la señal de nuestra identidad como seguidores de Jesús, era hace veinte siglos el patíbulo en el cual el imperio romano hacía morir a quienes se sublevaban contra el poder del emperador. Jesús iba a ser condenado a este patíbulo como consecuencia de haberse puesto al servicio de los oprimidos, los necesitados, los marginados y excluidos, siendo así una persona incómoda para quienes explotaban a los demás en función de sus intereses egoístas.
El profeta Jeremías se nos presenta en la primera lectura como una prefiguración de Jesucristo. Unos seis siglos antes, aquel profeta había tenido que padecer la incomprensión y la persecución por cumplir su misión de proclamar la palabra de Dios, que, como él mismo dice, lo había “seducido”. También nosotros, si queremos ser fieles a esta misma palabra, a la Palabra de Dios hecha carne que es nuestro Señor Jesucristo, tenemos que disponernos a todas las consecuencias que implica la decisión de ser sus discípulos y seguidores. 

3.- “¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo entero, si arruina su vida?”
La vida eterna es el ideal supremo que debe orientar todas nuestras decisiones. Jesús nos propone revisar nuestras actitudes, de modo que no perdamos el sentido último de nuestra existencia. Otras traducciones de texto bíblico dicen “si pierde su alma”, o “si se pierde a sí mismo”. Se trata, en definitiva, de aquello que constituye nuestro ser sustancial, en comparación con lo cual todo lo demás es accesorio y secundario. ¡Cuántas personas, dejándose llevar por el afán de las riquezas, del prestigio y de la ambición de dominio sobre los demás, pierden el sentido de su vida, reduciéndola a lo caduco de este mundo, y cerrándose así a la posibilidad de ser eternamente felices!En el texto bíblico correspondiente a la segunda lectura, el apóstol san Pablo les escribe a los primeros cristianos de la comunidad de Roma: “… no se ajusten a este mundo, sino transfórmense por la renovación de la mente, para que sepan discernir lo que es la voluntad de Dios, lo bueno, lo que le agrada, lo perfecto”. Y el autor del salmo responsorial le dice a Dios: “Tu amor vale más que la vida”(más que la vida material y pasajera de este mundo). Al final del Evangelio Jesús anuncia su venida 
gloriosa: “el Hijo del hombre vendrá entre sus ángeles con la gloria de su Padre, y entonces pagará a cada uno según su conducta”. Dispongámonos a estar siempre preparados para este encuentro definitivo con Cristo Resucitado después de nuestra existencia terrena, y pidámosle su gracia para ser sus verdaderos seguidores cumpliendo como Él la voluntad de Dios Padre, de modo que podamos lograr, desde ahora mismo, la felicidad eterna.-