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jueves, 26 de febrero de 2015

POR LA CRUZ HACIA LA GLORIA



EVANGELIO DEL DOMINGO 1º DE  MARZO DEL 2015
San Marcos 9, 2-10 

Seis días después, toma Jesús consigo a Pedro, Santiago y Juan, y los lleva, a ellos solos, aparte, a un monte alto. Y se transfiguró delante de ellos, y sus vestidos se volvieron resplandecientes, muy blancos, tanto que ningún batanero en la tierra sería capaz de blanquearlos de ese modo. Se les aparecieron Elías y Moisés, y conversaban con Jesús. Toma la palabra Pedro y dice a Jesús: "Maestro, bueno es estarnos aquí. Vamos a hacer tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías"; pues no sabía qué responder ya que estaban atemorizados. Entonces, se formó una nube que les cubrió con su sombra, y vino una voz desde la nube: «Este es mi Hijo amado, escuchadle». Y de pronto, mirando en derredor, ya no vieron a nadie más que a Jesús solo con ellos. Y cuando bajaban del monte les ordenó que a nadie contasen lo que habían visto hasta que el Hijo del hombre resucitara de entre los muertos. Ellos observaron esta recomendación, discutiendo entre sí qué era eso de «resucitar de entre los muertos». 

 POR LA CRUZ HACIA LA GLORIA 
Cada año, en el segundo domingo del tiempo de cuaresma, se proclama el relato de la transfiguración del Señor. Después de haber contemplado en el domingo precedente la figura de Cristo padeciendo la tentación como verdadero hombre, la palabra de Dios nos muestra hoy al Hijo de Dios con gloria igual al Padre.

EL CAMINO HACIA LA PASIÓN 
Este relato está ubicado en el evangelio en estrecha relación con el primer anuncio de la pasión, y se comprende a partir de el. 
Si tomamos el libro de los evangelios, podremos observar que, inmediatamente antes de esta escena de la transfiguración, se encuentra el texto en el que Jesús anuncia por primera vez que debe padecer, morir y resucitar, reprende a Pedro que no quiere oír hablar de los sufrimientos del Señor, y luego se dirige a los discípulos y a la gente, para decirles que quien quiera seguirlo deberá cargar con la cruz y venir detrás de él. 
El autor del evangelio introduce luego este relato de la transfiguración, del que estamos tratando, y lo enlaza con todo lo anterior indicando que seis días después de haber dicho estas palabras Jesús llevó con él a tres de sus discípulos a una montaña muy elevada. 

Al terminar el relato, vuelve nuevamente la mirada hacia el anuncio de la pasión, cuando indica que Jesús les ordenó guardar secrete hasta que se produzca la resurrección, e insiste en el mismo tema cuando dice que los discípulas no entendían qué quería decir "resucitar de entre los muertos" Otra conexión intencional con la pasión se encuentra en el hecho de que Pedro, Santiago y Juan, los únicos testigos de la transfiguración, serán también testigos de la angustiosa oración de Jesús en el jardín de Getsemaní, antes de ser entregado en manos de sus enemigos. El lector no puede dejar de advertir la semejanza entre las dos escenas. Todas estas relaciones tienen un sentido.
 El evangelio quiere mostrar que no debemos separar la pasión de la resurrección, así como no debemos hablar de los dolores de la cruz sin pensar en la gloria de la pascua. La liturgia también nos invita a mantener unidos estos dos grandes temas cuando en el transcurso de este tiempo penitencial de cuaresma, preparándonos para la Semana Santa, nos muestra esta escena gloriosa de la transfiguración, o también Cuando a continuación del relate de las tentaciones que hemos oído en el primer domingo de este tiempo, en el segundo domingo nos habla de la gloria. 
LA VISIÓN EN LA MONTANA
 El texto del evangelio dice que Jesús "se transfiguró" delante de sus discípulos. Transfigurarse significa cambiar la figura. Quiere decir entonces que Jesús se les presentó con una figura distinta a la que ellos veían todos los días. 
El autor del evangelio no describe esa nueva figura, y solamente nos habla de! blanco resplandeciente de su ropa, imposible de igualar en este mundo. Mas que como una figura, Jesús se les aparece como una luz resplandeciente. Junto a Jesús aparecen dos figuras que conversan con él. Son Moisés y Elías. 
Moisés es el que dio la Ley a Israel. Con su nombre se conservan los cinco primeros libros de la Biblia, que en su mayor parte hablan de su actividad cuando sacó al pueblo de la esclavitud de Egipto.
Elías vivió varios siglos después que Moisés. Es uno de los primeros profetas, famoso por sus milagros y además es mencionado como el que tendrá que volver a la tierra para anunciar la llegada del Mesías. 

La tradición piadosa de los judíos ha insistido mucho sobre este último tema. Tanto Moisés como Elías tuvieron el privilegio de poder hablar con Dios, cuando en distintas circunstancias subieron al monte Sinaí. Moisés lo hizo cuando sacó, al pueblo de Egipto y lo llevó a esa montana para hacer la alianza. Elías peregrinó al monte en un momento en que la familia real de Israel, adherida a la religión pagana, lo buscaba para matarlo, así como ya habían hecho con los demás profetas de Dios. Moisés y Elías, que en otro momento habían subido a una alta montaña para encontrarse con Dios, ahora aparecen en otra montaña hablando con Jesús. Y Este se presenta como una luz resplandeciente. Comprendemos fácilmente la intención del redactor: Jesús posee la gloria de la divinidad, y de esto son testigos Moisés y los Profetas, es decir las dos partes más importantes del Antiguo Testamento. 
 
LA VOZ DEL CIELO 
La visión de los discípulos culmina cuando se aparece una nube que los cubre y se oye una voz desde el cielo. Se nos insinúa así la presencia de Dios. Pero la presencia de Dios no queda relegada solamente al simbolismo de la nube. Una voz que viene desde el cielo indica que hay una revelación divina dirigida a todos los discípulos allí presentes. La voz proclama los títulos de Jesús: es el Hijo, amado. La expresión suena como la que Jesús oye, en el bautismo, pero ahora no va dirigida sólo a él, como en aquella oportunidad, sino a todos los presentes. Se añade un imperativo: "escúchenlo" 
 LA PALABRA QUE HAY QUE ESCUCHAR 
En el lugar en que está ubicado el relato de la transfiguración tiene mucha importancia esta palabra imperativa del Padre. Jesús ha anunciado su futura pasión, Pedro se ha rebelado contra la idea del dolor y ha reprendido al Señor porque hablaba en esos términos. Jesús, por su parte, ha reprendido también a Pedro y ha terminado llamando a todos sus discípulos y a la gente para que carguen la cruz y lo sigan.

 Es natural que entonces nos preguntemos qué autoridad tienen esas palabras tan duras, esas exigencias tan dolorosas. Dios responde mostrando a su Hijo con los resplandores de la gloria divina y añadiendo su palabra que lo proclama con sus títulos y exige obediencia a su palabra. La reacción de Pedro ante el primer anuncio de la pasión es la de cualquier hombre: nadie oye con gusto que se le hable de tener que sufrir.
 Es una realidad que el sufrimiento es un mal contra el que hay que luchar, y el mismo Jesús reacción curando a los enfermos. No se debe buscar el dolor por el dolor mismo, porque Dios nos ha creado para hacernos participar de su felicidad y no se complace en el sufrimiento de sus criaturas. 

Pero a veces el dolor tiene el carácter de medio: es necesario pasar por él para poder llegar a algo mejor. Se debe pasar por los dolores del parto para que haya una nueva vida, la semilla debe morir para que germine una planta y haya frutos, es necesario pasar por la muerte física para poder entrar en la vida eterna y llegar a la resurrección. Y en estos casos no se debe huir del dolor 

La pedagogía del evangelio nos muestra los pasos por los que se debe pasar. Una vez que se ha anunciado la pasión, se habla de la resurrección; una vez que hemos visto al Jesús verdadero hombre que debe soportar el dolor, se añade la visión de su gloria de resucitado. Pero Jesús no va solo al Calvario: ha invitado a todos a seguirlo con la cruz a cuestas. Esto nos hace descubrir que si compartimos la cruz con él, también compartiremos la gloria. Si padecemos con Él, nos dice san Pablo, es para que seamos glorificados con él. 
 LA TRANSFIGURACIÓN Y NUESTRA CUARESMA 

No podemos pensar en un seguimiento material de Jesús con una cruz de madera sobre los hombros. Aquí se habla de un seguimiento que consiste en asumir con todas sus responsabilidades y compromisos la condición de discípulo de Jesús. Ser discípulo implica renuncias, a veces dolorosas y sangrientas, junto con una constante lucha contra nuestras malas costumbres, nuestros vicios y malos hábitos adquiridos. 
Con esta disposición debemos unirnos a Cristo muriendo en la cruz para poder hacernos una sola cosa con el en la fe, y morir a nuestro hombre viejo pecador. Solamente de esa manera podemos resucitar con él a la nueva vida de resucitados. 

Cuando vamos a entrar en la segunda semana de cuaresma, la Iglesia nos habla de la transfiguración. Se nos ha dirigido el llamado de practicar la penitencia para prepararnos a la Pascua. Con una claridad mayor hoy se nos habla del término de nuestro camino. Si nos cuesta renunciar a algo que nos tiene aprisionados, si nos duele decirnos que no a nosotros mismos, miremos hacia delante, hacia el final del camino.

 La figura del Cristo glorioso nos muestra la condición de hijos de Dios que nos está reservada a quienes perseveremos con Jesús. Pero no miremos solamente hacia nuestro interior. La lucha que se nos propone también se refiere al mundo que nos rodea. Vivimos en un ambiente que no es precisamente cristiano, donde todo nos invita a vivir con criterios muy distintos a los del evangelio. Se nos propone gozar del momento presente sin pensar en lo que vendrá después; en los planteos y decisiones no ha quedado lugar para Dios; se tiene como mayor valor el tener más, sin que importen los medios con los cuales se consigue lo que se tiene; la humildad es considerada como un defecto, y se aplaude a los soberbios; solamente se mira a los más débiles como personas de las que se puede sacar provecho; y así se podrían seguir recitando los criterios del mundo en el que vivimos.
 Pero esto no está dicho aquí para criticar, sino para que nos examinemos y nos preguntemos si esos criterios también son los nuestros.
Si es así, debemos escuchar a Jesús que nos exhorta a vivir de acuerdo con la Palabra de Dios y nos muestra en su cuerpo glorificado el término hacia el cual somos todos llamados. Acompañando a Cristo hasta la cruz, podremos resucitar con Él.

domingo, 23 de noviembre de 2014

FESTIVIDAD DE CRISTO REY:RECONOCER A JESÚS EN LOS HERMANOS




DOMINGO 23 DE NOVIEMBRE DEL 2014


HOLA A TODOS LOS AMIGOS DE ESTE CENTRO, LA IGLESIA HA ELEGIDO ESTE TEXTO PARA QUE SEA PROCLAMADO EN LA FESTIVIDAD DE CRISTO REY. EN EL DÍA EN QUE CONTEMPLAMOS EL SUPREMO DOMINIO DE CRISTO SOBRE TODO LO CREADO LEEMOS ESTA PÁGINA EN LA QUE SE PROCLAMA QUE LA DIGNIDAD DE CRISTO RECUBRE A QUIENES SON MENOS IMPORTANTES ANTE LOS OJOS DEL MUNDO. QUIENES HOY PROCLAMAMOS QUE ACEPTAMOS ESTE DOMINIO DE CRISTO SOBRE TODOS NOSOTROS, DEBEMOS RECORDAR QUE SEREMOS JUZGADOS POR LA MANERA EN QUE HAYAMOS RECONOCIDO Y REVERENCIADO ESA DIGNIDAD CADA VEZ QUE NOS ENCONTRAMOS CON EL POBRE.



EVANGELIO
Mt 25, 31-46
Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo.
Jesús dijo a sus discípulos: Cuando el Hijo del hombre venga en su gloria rodeado de todos los ángeles, se sentará en su trono glorioso. Todas las naciones serán reunidas en su presencia, y él separará a unos de otros, como el pastor separa las ovejas de los cabritos, y pondrá a aquéllas a su derecha y a éstos a su izquierda. Entonces el Rey dirá a los que tenga a su derecha: "Vengan, benditos de mi Padre, y reciban en herencia el Reino que les fue preparado desde el comienzo del mundo, porque tuve hambre, y ustedes me dieron de comer; tuve sed, y me dieron de beber; era forastero, y me alojaron; estaba desnudo, y me vistieron; enfermo, y me visitaron; preso, y me vinieron a ver". Los justos le responderán: "Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te dimos de comer; sediento, y te dimos de beber? ¿Cuándo te vimos forastero, y te alojamos; desnudo, y te vestimos? ¿Cuándo te vimos enfermo o preso, y fluimos a verte?". Y el Rey les responderá: "Les aseguro que cada vez que lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo". Luego dirá a los de su izquierda: "Aléjense de mí, malditos; vayan al fuego eterno que fue preparado para el demonio y sus ángeles, porque tuve hambre, y ustedes no me dieron de comer; tuve sed, y no me dieron de beber; era forastero, y no me alojaron; estaba desnudo, y no me vistieron; enfermo y preso, y no me visitaron". Éstos, a su vez, le preguntarán: "Señor, ¿cuándo te vimos hambriento o sediento, forastero o desnudo, enfermo o preso, y no te hemos socorrido?". Y él les responderá: "Les aseguro que cada vez que no lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, tampoco lo hicieron conmigo". Éstos irán al castigo eterno, y los justos a la Vida eterna.

CRISTO REY
El año litúrgico concluye en este domingo, con una solemnidad dedicada a Cristo como Rey del universo. Después de haber recorrido el desarrollo de la historia de la salvación a través de todas las celebraciones que tuvieron lugar en el transcurso del año, en este último domingo contemplamos a Cristo que volverá lleno de gloria, constituido como Señor de cielos y tierra, como lo confesamos en el Credo. Se proclama este texto que está tomado del Evangelio de san Mateo, en el que se nos presenta el cuadro del juicio final. En este caso ya no es el Señor que nos habla desde el tiempo de su peregrinación terrenal, sino el Cristo glorioso que vendrá al final de los tiempos. Ya no aparece como el Cristo terrenal que va poniendo los cimientos del Reino, sino como el Rey que viene con todo el esplendor de su majestad y va a dictar justicia desde su trono. En ese momento hará la separación entre los que van a participar de su Reino y los que quedarán afuera.
RECONOCER A JESÚS EN LOS HERMANOS
El evangelio de san Mateo concluye el último de sus discursos con esta Impresionante descripción del juicio final. Después de haber mostrado en una serie de parábolas la forma en que los discípulos deben permanecer en vigilancia hasta la venida gloriosa de Cristo (parábolas del mayordomo; de las muchachas prudentes y las muchachas necias; de los talentos), la instrucción se termina con un gran cuadro donde se representa el juicio que el Cristo glorioso hará sobre todas las naciones. Se trata de un texto de carácter didáctico, en el que sin dificultad se descubre la intención del relator. No se pretende hacer una descripción cuidadosa de lo que será el juicio final, sino que se centraliza la atención sobre un solo tema, que es el que se quiere grabar en la mente de los lectores: el cumplimiento de ciertas obras con el prójimo, aquellas que nosotros llamamos "obras de misericordia" 
De entrada, se presenta al Cristo glorioso que vuelve como rey y juez: se habla de venida gloriosa, de cortejo de ángeles, de trono también glorioso, se le da el título de rey. Por eso Se elige este texto para esta fiesta. La presentación responde a lo que los judíos pensaban sobre el Hijo del hombre, el personaje celestial que Dios enviaría al final de los tiempos, que llegaría sobre las nubes del cielo para instaurar el Reino de Dios y juzgar a justos y culpables dando a cada uno lo que merecían sus obras. Los lectores del evangelio comprenden que se trata de una nueva venida de Jesús, no en la humildad de la carne para padecer, sino en la gloria para juzgar y reinar. Se dice también que todas las naciones se reúnen delante de él. También se pensaba que el Hijo del hombre juzgaría a los paganos. Pero los libros de la época insisten más bien en que el juicio contra las naciones será muy severo porque se las juzgará por sus pecados y sobre todo por los atropellos cometidos contra Israel. 
En este punto comienza lo novedoso de la predicación de Jesús: el juicio no se hará por el trato dado a Israel sino por el comportamiento que se ha tenido con el mismo Cristo.
CRISTO Y LOS PEQUEÑOS
El Señor es comparado con un pastor que separa las ovejas de los cabritos. La figura de Dios como pastor es frecuente en los profetas. Generalmente se la utiliza para hablar del cuidado y la bondad que Dios muestra a su pueblo, como aparece en el texto del profeta Ezequiel que se ha proclamado como primera lectura. Pero el mismo profeta Ezequiel dice, en otro momento, que este Dios, que es Pastor, juzgará a las ovejas y a los cabritos. La parábola, entonces, añade el título de Pastor a los ya mencionados de Rey y de Juez. 

Cristo comienza llamando a los que son destinados a heredar el Reino, no en su etapa incipiente en este mundo, sino en la forma de su consumación final. Pronuncia la sentencia favorable e inmediatamente pasa a dar las razones por las que han merecido esta suerte. Se describe el trato misericordioso que han tenido con el mismo Cristo cuando este se hallaba necesitado. Le dieron lo que le faltaba cuando estaba con hambre, con sed o desnudo; lo recibieron cuando era extranjero o forastero, es decir cuando no tenia domicilio ni derechos en el lugar; lo asistieron cuando estaba enfermo o preso. Ante esta afirmación, los que reciben el Reino responden con una pregunta: ¿Cuándo han visto a Cristo en estas situaciones? Por lo que se puede ver, ninguno es consciente de haber asistido a Cristo, y sin embargo el Señor los premia por haberlo hecho. El mismo Juez se encarga de explicarles el misterio: asistieron a Cristo cada vez que lo hicieron con uno de sus hermanos más pequeños. Hermanos de Jesús y pequeños son dos nombres que los cristianos, los discípulos del Señor, tienen en el evangelio de san Mateo. Con estos dos nombres muestran la gran dignidad con que se recubren los que siguen a Cristo, y al mismo tiempo la condición primera que hay que cumplir para poder ser discípulos: la pequeñez, la pobreza interior, la humildad.

En este texto del juicio, a esta cualidad de la pequeñez se le añade algo más: la circunstancia de estar en una grave necesidad. Así como en otra página del Evangelio se ha dicho que quien aspire a ser el mayor debe asimilarse a Cristo haciéndose servidor de todos y dando la vida por los demás, ahora se dice que es Cristo quien se asimila a sus discípulos cuando estos se encuentran padeciendo graves necesidades por la miseria, la enfermedad, la cárcel... Pero lo más sorprendente de las palabras del evangelio es que Jesús se está dirigiendo a todas las naciones, y no hay indicios de que se esté tratando de la situación de los cristianos dispersos por el mundo, sino más bien de todos los menesterosos, sin diferencia de origen y de religión. 

Jesús se solidariza con estos necesitados hasta el punto de que se considera como hecho a él mismo todo lo que se haga a quienes se encuentran en estas situaciones, aunque no sean cristianos.

LOS REPROBADOS 
La descripción del juicio continúa con las palabras dirigidas a los que son destinados a la condenación eterna. También a ellos se les dan las razones de tan grave castigo. Es porque no hicieron ninguna de las obras que a los otros les alcanzaron el premio: no asistieron a Cristo en su necesidad. También los réprobos preguntan, ya que no son conscientes de haber dejado sin ayudar al Señor en ningún memento. Y también a estos se les responde que no sirvieron a Cristo cada vez que dejaron sin ayuda a alguien que estaba en la necesidad. El detalle de los motives de la condena nos hace ver que la dignidad de los necesitados es algo mayor que lo que parecía a primera vista. Si solamente se hubiera hablado del premio a los que practicaron las obras de misericordia, podríamos haber pensado que Dios, en su bondad, quiso añadir un premio tan grande a esas obras porque él se ocultaba bajo el aspecto de un pobre, como se cuenta en las historias de algunos santos. Pero al decir que los que no las practicaron son condenados porque dejaron de hacérselas a Cristo, esto implica que el que pecó tiene que haber sido consciente de estar ofendiendo a esa suprema dignidad, porque nadie puede ser castigado por faltas cometidas inconscientemente. 

La solidaridad de Cristo con los que padecen necesidad se extiende hasta el punto de que el pobre, el hambriento, el enfermo, el carente de derechos, el menospreciado, son personas que han quedado recubiertas con la dignidad de Cristo. La condición de pobre ha quedado tan enaltecida por Cristo, que se hizo pobre por nosotros, que en cualquier lugar en que haya un hombre pobre, allí está presente el Señor de una manera misteriosa

SERVIR A CRISTO
Cuando se pronuncia la sentencia contra los réprobos, se dice que es porque no sirvieron a Cristo atendiéndolo en la persona de los necesitados. Servir al Señor es también una expresión bíblica para decir que se es religioso. En el Antiguo Testamento ya se decía que se servía al Señor practicando el culto, celebrando las ceremonias y las festividades. El evangelio también trae una novedad en este sentido: el Señor quiere ser servido en la persona de nuestros hermanos, y sobre todo en la persona de los más pobres. Los gestos de adoración, de veneración, de amor y respeto que hacemos cuando celebramos la liturgia, no deben quedar aislados en el ámbito del templo. Por el contrario, deben extenderse a todos los lugares donde sabemos que está presente el Señor. Los gestos de nuestra devoción deben dirigirse al Señor también a través del servicio a todo hombre, y principalmente a aquellos que experimentan las carencias más graves y más urgentes. No se trata de oponer una forma de servicio a otra, ni de optar entre la liturgia y el servicio al prójimo. El mismo Señor que ha establecido una es el que nos ha ordenado hacer también lo otro. Debemos buscar la manera de ofrecer a Dios un culto integral. Finalmente, conviene reiterar que el texto de la descripción del juicio final es un texto didáctico. Pretende instruirnos acerca de un aspecto de la vida cristiana, sin ocuparse de otros. No se dice nada, por ejemplo, de la necesidad de la fe para alcanzar la salvación. Se cometería un grave error si se absolutizara este texto y, prescindiendo de otros textos igualmente importantes, se dijera que toda la vida cristiana se puede circunscribir sola y exclusivamente a la atención de los necesitados.


La Iglesia ha elegido este texto para que sea proclamado en la festividad de Cristo Rey. En el día en que contemplamos el supremo dominio de Cristo sobre todo lo creado leemos esta página en la que se proclama que la dignidad de Cristo recubre a quienes son menos importantes ante los ojos del mundo. Quienes hoy proclamamos que aceptamos este dominio de Cristo sobre todos nosotros, debemos recordar que seremos juzgados por la manera en que hayamos reconocido y reverenciado esa dignidad cada vez que nos encontramos con el pobre.

domingo, 16 de noviembre de 2014

Poner en acción el amor

Domingo 16 de noviembre de 2014





En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: «Un hombre, al irse de viaje, llamó a sus empleados y los dejó encargados de sus bienes: a uno le dejó cinco talentos de plata, a otro dos, a otro uno, a cada cual según su capacidad; luego se marchó. El que recibió cinco talentos fue en seguida a negociar con ellos y ganó otros cinco. El que recibió dos hizo lo mismo y ganó otros dos. En cambio, el que recibió uno hizo un hoyo en la tierra y escondió el dinero de su señor.

Al cabo de mucho tiempo volvió el señor de aquellos empleados y se puso a ajustar las cuentas con ellos. Se acercó el que habla recibido cinco talentos y le presentó otros cinco, diciendo: "Señor, cinco talentos me dejaste; mira, he ganado otros cinco." Su señor le dijo: "Muy bien. Eres un empleado fiel y cumplidor; como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante; pasa al banquete de tu señor."

Se acercó luego el que habla recibido dos talentos y dijo: "Señor, dos talentos me dejaste; mira, he ganado otros dos." Su señor le dijo: "Muy bien. Eres un empleado fiel y cumplidor; como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante; pasa al banquete de tu señor."

Finalmente, se acercó el que había recibido un talento y dijo: "Señor, sabía que eres exigente, que siegas donde no siembras y recoges donde no esparces, tuve miedo y fui a esconder mi talento bajo tierra. Aquí tienes lo tuyo." El señor le respondió: "Eres un empleado negligente y holgazán. ¿Con que sabías que siego donde no siembro y recojo donde no esparzo? Pues debías haber puesto mi dinero en el banco, para que, al volver yo, pudiera recoger lo mío con los intereses. Quítenle el talento y dénselo al que tiene diez. Porque al que tiene se le dará y le sobrará, pero al que no tiene, se le quitará hasta lo que tiene. Y a ese empleado inútil échenlo fuera, a las tinieblas; allí será el llanto y el rechinar de dientes. (Mateo 25, 14-30).


Jesús nos exhorta en el Evangelio a estar preparados para el momento de nuestro encuentro con Él en la eternidad, poniendo a producir con diligencia y responsabilidad en esta vida las capacidades o talentos que hemos recibido. Revisemos entonces cómo estamos respondiendo, tomando en cuenta también las otras lecturas de este domingo [Proverbios 31, 10-13.19-20.30-31; Salmo 128 (127); I Tesalonicenses 5, 1-6].


1.- La parábola de los talentos: “al que tiene se le dará y le sobrará…”.


El talento era una unidad monetaria de uso común en el imperio romano, que equivalía a una cantidad considerable de dinero. A partir de esta primera significación, y precisamente con base en la parábola del Evangelio de hoy, pasó a convertirse en sinónimo de las capacidades que cada ser humano tiene para aportar a la consecución de un objetivo personal o social. Por eso en la gestión de las organizaciones se suele hablar del “talento humano”.

Cada uno de nosotros ha recibido de Dios unos talentos específicos. Todos tenemos determinadas cualidades y posibilidades. ¿Qué estoy haciendo con mis capacidades? ¿Las estoy haciendo rendir constructivamente? ¿O las estoy desperdiciando como el perezoso de la parábola que enterró su talento en vez de realizar el esfuerzo que implicaba poner a producir lo recibido?

Queda resonando la reflexión final de Jesús: “al que tiene se le dará y le sobrará, pero al que no tiene se le quitará hasta lo que tiene”. Su significado corresponde a la situación en que estemos cuando tengamos que rendirle cuentas al Señor al encontrarnos con Él en le eternidad. Si tenemos y podemos presentar como producto las buenas obras resultantes de un trabajo honesto y constructivo, Dios nos dará una vida eternamente feliz. Pero a quien se presente con las manos vacías, hasta lo que había recibido le será quitado. En últimas, de lo que se trata es de la capacidad de amar que el Señor nos ha dado, a partir de los dones recibidos de Él. Quien los pone a producir, podrá vivir por toda la eternidad en la onda de Dios, que es Amor. Pero quien no lo hace, perderá hasta la misma posibilidad de amar, y permanecerá en la oscuridad sin fin del encerramiento solitario al que lo han levado su egoísmo y su pereza.

2.- El valor del trabajo productivo

La primera lectura, tomada del final del libro de los Proverbios, es un poema acróstico en el que cada verso comienza por una de las letras del alfabeto hebreo en su orden. Este poema exalta a la mujer que, en vez de entregarse a la vanidad superficial y egoísta, dedica su vida al trabajo honesto y productivo para el bien de su hogar y también para abrir sus manos al necesitado.
Esta imagen se opone a la del culto idolátrico a la apariencia física, tan de moda en la actualidad. Una apariencia con frecuencia engañosa, marcada por la ansiedad anoréxica, la vaciedad de la mente y la ausencia de valores espirituales. En este sentido, podemos preguntarnos cuál es el ideal de mujer que promueven las pasarelas y las imágenes de una publicidad con frecuencia más orientada al consumo superfluo que al verdadero bienestar humano.

3.- “Así, pues, no durmamos como los demás, sino estemos vigilantes…”

La conclusión del texto que nos ofrece la Carta del apóstol san Pablo dirigida a los primeros cristianos de la ciudad griega de Tesalónica, se relaciona directamente con el discurso "escatológico” -es decir, referente a los últimos tiempos-, del cual forma parte la parábola evangélica de Jesús sobre los talentos.

A nuestro alrededor podemos ver la insensatez de quienes viven sumidos en la oscuridad de lo vacío y lo aparente, sin pensar en la dimensión trascendente de su existencia. Nosotros, como hijos de la luz, estamos invitados a no dejarnos sorprender con las manos vacías de buenas obras en el momento definitivo de nuestro encuentro con el Señor al final de nuestra vida presente.

Conclusión

El Salmo 128 (127) comienza diciendo en su versión tradicional: “Dichoso el que teme al Señor…”. Esta traducción suele llevar al malentendido de pensar que a Dios hay que tenerle miedo. Por eso es mejor la traducción que ofrece, por ejemplo, la edición castellana de la Biblia titulada DIOS HABLA HOY: “Feliz tú que honras al Señor y le eres obediente”. Es la obediencia a Dios la que nos hace posible ser felices, y esta obediencia consiste en emplear productivamente los dones recibidos de Él. Pidámosle su Espíritu Santo, para ser obedientes a su voluntad y así lograr la felicidad eterna.-

martes, 11 de noviembre de 2014

La Personalidad Exitosa


DEDICACIÓN DE LA BASÍLICA DE LETRÁN


Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 2, 13-22
Se acercaba la Pascua de los judíos. Jesús subió a Jerusalén y encontró en el Templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas y a los cambistas sentados delante de sus mesas. Hizo un látigo de cuerdas y los echó a todos del Templo. junto con sus ovejas y sus bueyes; desparramó las monedas de los cambistas, derribó sus mesas y dijo a los vendedores de palomas: «Saquen esto de aquí y no hagan de la casa de mi Padre una casa de comercio». Y sus dispulos recordaron las palabras de la Escritura:
"El celo por tu Casa me consumirá ".
Entonces los judíos le preguntaron: «¿ Qué signo nos das para obrar asl?». Jesús les respondió: «Destruyan este templo y en tres días lo volveré a levantar». Los judíos le dijeron: «Han sido necesarios cuarenta y seis años para construir este Templo, ¿y Tú lo vas a levantar en tres dias?»
Pero Él se refería al templo de su cuerpo. Por eso, cuando Jesús resucitó, sus discípulos recordaron que Él había dicho esto. y creyeron en las Escritura y en la palabra que había pronunciado.
La basílica de Letrán, o san Juan de Letrán, como se la llama corrientemente, es la catedral del Papa como obispo de Roma. Esta es la razón por la que en el calendario de la Iglesia se le da tanta importancia al aniversario de su consagración. Los cristianos de los primeros tiempos se reunían en las casas para recibir la instrucción y celebrar la eucaristía. Cuando las comunidades fueron más numerosas, fue necesario disponer de espacios más amplios para las celebraciones litúrgicas, y para eso se recurrió a los creyentes que disponían de casas espaciosas, en las cuales se adaptó un lugar apropiado. Esto ya sucedía en tiempos de las persecuciones. No existe ningún documento de que se hayan realizado reuniones de fieles y celebraciones en las catacumbas. Esto parece ser lo una fantasía originada en las novelas. A imitación de lo que el Antiguo Testamento relata con relación al templo de Jerusalén, estos lugares de culto en las casas de familia fueron inaugurados con una bendición especial. Esto se hacía de una manera especial cuando el lugar había estado dedicado antes al culto pagano.
Al finalizar el período de las persecuciones romanas, la Iglesia recibió como donación de Constantino un palacio que había pertenecido a la familia Laterani, y que el emperador había heredado de su segunda esposa, perteneciente a esta familia. El palacio era designado 'basílica', que en griego significa 'casa del rey', y este título quedó más tarde como propio de ciertas iglesias importantes.
Como era costumbre en ese tiempo, la sala principal del palacio fue consagrada como templo y dedicada al Santísimo Salvador. Junto a ella se construyó un baptisterio que fue dedicado a san Juan Bautista. El resto del palacio fue utilizado como residencia del Papa. Por esa razón el templo lleva en su frente una inscripción en latín que -traducida - dice: "Madre y Cabeza de todas las iglesias de Roma y del mundo".

La lectura del evangelio de este día refiere la expulsión de los mercaderes del templo. San Juan coloca este hecho como primer acto de la vida pública de Jesús en Jerusalén, encuadra el relato dentro de una fiesta de Pascua, y alude a la muerte y resurrección del Señor. Con esto ya nos orienta para que leamos el texto como un anticipo del misterio pascua!.
La presencia de los mercaderes en el templo era necesaria, ya que el culto consistía en el ofrecimiento de sacrificios de animales. Para los judíos procedentes de lugares distantes era difícil o imposible trasladarse con ellos cuando debían acudir al templo en las grandes solemnidades. También era necesario que estuvieran los que cambiaban el dinero para hacer las ofrendas y limosnas, porque dentro del recinto del templo no se permitía la circulación de monedas romanas, que llevaban la imagen del emperador, cosa prohibida por la Ley. Los vendedores de animales y los que cambiaban dinero estaban ubicados en un atrio del templo que propiamente no era considerado sagrado, y por el cual podían transitar también los paganos. El relato evangélico enumera dos veces todas las clases de animales que se vendían, y menciona - también dos veces - a
los que cambiaban monedas. El autor quiere colocar esto en el centro de atención del lector. En el diálogo que se produce entre Jesús y las autoridades del templo se aclara que con este gesto, Jesús está anunciando un cambio en las instituciones que vienen del Antiguo Testamento: "Destruyan este templo y yo construiré otro". La expulsión de todos los animales que servían para los sacrificios, junto con los que cambiaban las monedas para las ofrendas prepara la instauración de un nuevo orden de cosas donde no será necesario ofrecer más sacrificios. Esto sucederá cuando el cuerpo de Cristo sea ofrecido como sacrificio en la Pascua. Por otra parte, el Cuerpo glorificado de Cristo será el lugar donde los hombres se encontrarán con Dios y de donde brotará la salvación para todos los hombres. Esto último está anunciado en la profecía de Ezequiel que se lee en la primera lectura, y que el evangelio de Juan indica dos veces: "de sus entrañas brotarán torrentes de agua viva ... esto lo decía del Espíritu ... "; y también: "de su costado brotó sangre y agua ... ".
El mismo evangelio de san Juan dice en otra parte que los creyentes estamos unidos con Cristo resucitado así como están los sarmientos en la vid: formamos una unidad. También el apóstol san Pablo enseña en el texto de la segunda lectura que ahora todos los creyentes formamos el nuevo templo de Dios, y que el
Espíritu Santo habita en nosotros. Desde el momento que por el bautismo hemos quedado unidos a Cristo formando un solo cuerpo, el Espíritu de Jesús está también en todos los bautizados y todos constituimos el nuevo templo que ha venido a reemplazar el antiguo. Ya no es necesario ir a Jerusalén para encontrarse con Dios ni para ofrecer sacrificios. El único y definitivo sacrificio es el de Jesucristo que se ofreció y se sigue ofreciendo eternamente al Padre.

En otras religiones, y también en el Antiguo Testamento, hay un templo en el que los hombres se pueden encontrar con la divinidad. El templo es santo y los hombres se santifican entrando en él. Pero en la nueva situación que ha inaugurado Jesucristo con su pasión y resurrección el templo son los creyentes y
ellos son los que santifican el lugar donde se reúnen. Los lugares que los cristianos llamamos 'templos' son los espacios que quedan santificados por lo que allí se realiza cuando la comunidad está reunida