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martes, 11 de noviembre de 2014

DEDICACIÓN DE LA BASÍLICA DE LETRÁN


Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 2, 13-22
Se acercaba la Pascua de los judíos. Jesús subió a Jerusalén y encontró en el Templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas y a los cambistas sentados delante de sus mesas. Hizo un látigo de cuerdas y los echó a todos del Templo. junto con sus ovejas y sus bueyes; desparramó las monedas de los cambistas, derribó sus mesas y dijo a los vendedores de palomas: «Saquen esto de aquí y no hagan de la casa de mi Padre una casa de comercio». Y sus dispulos recordaron las palabras de la Escritura:
"El celo por tu Casa me consumirá ".
Entonces los judíos le preguntaron: «¿ Qué signo nos das para obrar asl?». Jesús les respondió: «Destruyan este templo y en tres días lo volveré a levantar». Los judíos le dijeron: «Han sido necesarios cuarenta y seis años para construir este Templo, ¿y Tú lo vas a levantar en tres dias?»
Pero Él se refería al templo de su cuerpo. Por eso, cuando Jesús resucitó, sus discípulos recordaron que Él había dicho esto. y creyeron en las Escritura y en la palabra que había pronunciado.
La basílica de Letrán, o san Juan de Letrán, como se la llama corrientemente, es la catedral del Papa como obispo de Roma. Esta es la razón por la que en el calendario de la Iglesia se le da tanta importancia al aniversario de su consagración. Los cristianos de los primeros tiempos se reunían en las casas para recibir la instrucción y celebrar la eucaristía. Cuando las comunidades fueron más numerosas, fue necesario disponer de espacios más amplios para las celebraciones litúrgicas, y para eso se recurrió a los creyentes que disponían de casas espaciosas, en las cuales se adaptó un lugar apropiado. Esto ya sucedía en tiempos de las persecuciones. No existe ningún documento de que se hayan realizado reuniones de fieles y celebraciones en las catacumbas. Esto parece ser lo una fantasía originada en las novelas. A imitación de lo que el Antiguo Testamento relata con relación al templo de Jerusalén, estos lugares de culto en las casas de familia fueron inaugurados con una bendición especial. Esto se hacía de una manera especial cuando el lugar había estado dedicado antes al culto pagano.
Al finalizar el período de las persecuciones romanas, la Iglesia recibió como donación de Constantino un palacio que había pertenecido a la familia Laterani, y que el emperador había heredado de su segunda esposa, perteneciente a esta familia. El palacio era designado 'basílica', que en griego significa 'casa del rey', y este título quedó más tarde como propio de ciertas iglesias importantes.
Como era costumbre en ese tiempo, la sala principal del palacio fue consagrada como templo y dedicada al Santísimo Salvador. Junto a ella se construyó un baptisterio que fue dedicado a san Juan Bautista. El resto del palacio fue utilizado como residencia del Papa. Por esa razón el templo lleva en su frente una inscripción en latín que -traducida - dice: "Madre y Cabeza de todas las iglesias de Roma y del mundo".

La lectura del evangelio de este día refiere la expulsión de los mercaderes del templo. San Juan coloca este hecho como primer acto de la vida pública de Jesús en Jerusalén, encuadra el relato dentro de una fiesta de Pascua, y alude a la muerte y resurrección del Señor. Con esto ya nos orienta para que leamos el texto como un anticipo del misterio pascua!.
La presencia de los mercaderes en el templo era necesaria, ya que el culto consistía en el ofrecimiento de sacrificios de animales. Para los judíos procedentes de lugares distantes era difícil o imposible trasladarse con ellos cuando debían acudir al templo en las grandes solemnidades. También era necesario que estuvieran los que cambiaban el dinero para hacer las ofrendas y limosnas, porque dentro del recinto del templo no se permitía la circulación de monedas romanas, que llevaban la imagen del emperador, cosa prohibida por la Ley. Los vendedores de animales y los que cambiaban dinero estaban ubicados en un atrio del templo que propiamente no era considerado sagrado, y por el cual podían transitar también los paganos. El relato evangélico enumera dos veces todas las clases de animales que se vendían, y menciona - también dos veces - a
los que cambiaban monedas. El autor quiere colocar esto en el centro de atención del lector. En el diálogo que se produce entre Jesús y las autoridades del templo se aclara que con este gesto, Jesús está anunciando un cambio en las instituciones que vienen del Antiguo Testamento: "Destruyan este templo y yo construiré otro". La expulsión de todos los animales que servían para los sacrificios, junto con los que cambiaban las monedas para las ofrendas prepara la instauración de un nuevo orden de cosas donde no será necesario ofrecer más sacrificios. Esto sucederá cuando el cuerpo de Cristo sea ofrecido como sacrificio en la Pascua. Por otra parte, el Cuerpo glorificado de Cristo será el lugar donde los hombres se encontrarán con Dios y de donde brotará la salvación para todos los hombres. Esto último está anunciado en la profecía de Ezequiel que se lee en la primera lectura, y que el evangelio de Juan indica dos veces: "de sus entrañas brotarán torrentes de agua viva ... esto lo decía del Espíritu ... "; y también: "de su costado brotó sangre y agua ... ".
El mismo evangelio de san Juan dice en otra parte que los creyentes estamos unidos con Cristo resucitado así como están los sarmientos en la vid: formamos una unidad. También el apóstol san Pablo enseña en el texto de la segunda lectura que ahora todos los creyentes formamos el nuevo templo de Dios, y que el
Espíritu Santo habita en nosotros. Desde el momento que por el bautismo hemos quedado unidos a Cristo formando un solo cuerpo, el Espíritu de Jesús está también en todos los bautizados y todos constituimos el nuevo templo que ha venido a reemplazar el antiguo. Ya no es necesario ir a Jerusalén para encontrarse con Dios ni para ofrecer sacrificios. El único y definitivo sacrificio es el de Jesucristo que se ofreció y se sigue ofreciendo eternamente al Padre.

En otras religiones, y también en el Antiguo Testamento, hay un templo en el que los hombres se pueden encontrar con la divinidad. El templo es santo y los hombres se santifican entrando en él. Pero en la nueva situación que ha inaugurado Jesucristo con su pasión y resurrección el templo son los creyentes y
ellos son los que santifican el lugar donde se reúnen. Los lugares que los cristianos llamamos 'templos' son los espacios que quedan santificados por lo que allí se realiza cuando la comunidad está reunida

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